RetrocesoA&ONº 252/22-III-2001SumarioEn portadaContinuar
VI Edición de los Premios Alfa y Omega al mejor cine del año
El camino de la sencillez a la verdad
Por sexto año consecutivo, Alfa y Omega otorga sus tradicionales Premios a las películas realizadas en los últimos
doce meses y que, en opinión del jurado, han destacado en sus respectivas categorías. El año pasado, los Premios
Alfa y Omega llamaron la atención sobre el film de David Lynch Una historia verdadera que, desde entonces,
no ha hecho más que recabar premios. Esperamos este año contribuir de nuevo a la difusión
del cine mejor iluminado por la verdad grande y sencilla del hombre. Éstas son las películas elegidas:
MEJORES PELÍCULAS EXTRANJERAS:

Camino a casa y Ni uno menos, ambas, de Zhang Yimou

Se trata de dos pequeñas obras maestras —ya comentadas en este semanario— de uno de los mejores directores del cine actual (amén de actor y productor): el chino Zhang Yimou (autor de Sorgo rojo, La linterna roja, ¡Vivir!) Son pequeñas por sencillas, silenciosas, discretas y baratas; pero obras maestras porque su belleza formal coincide con la grandeza de sus historias. Ambas giran en torno a una humilde muchacha que conserva una relación virginal con la realidad. En ninguna de las películas la protagonista tiene grandes discursos, ni diseña heróicos planes, ni nos embauca con una arrolladora personalidad. La actitud de su mirada, siempre limpia y atenta, determina su forma de amar, llena de paciencia, de generosidad, vacía de prejuicios. Es un estilo de cine atravesado de una sensibilidad tan oriental que nos sirve de contrapunto para la invasión efectista, huera y engañosa que tan a menudo nos llega de Hollywood. En El camino a casa (cinta llena de romanticismo, premiada en el Festival de Berlín), Yimou describe la dinámica del amor, basada en el descubrimiento de signos que van dilatando la fascinación por el otro. Con Ni uno menos (León de Oro en Venecia), la atención se dirige al mundo de la educación, y concretamente nos cuenta cómo una maestra llega a convertirse en responsable del destino de los alumnos que le han sido confiados. Dos películas por las que nos reconocemos en una verdad incontestable: todos somos mendigos del amor.

MEJOR PELÍCULA ESPAÑOLA:


El Bola, de Achero Mañas

Se repite el fenómeno de Solas, coincidiendo en El Bola los Goyas, los premios del CEC (Círculo de Escritores Cinematográficos), y ahora el de Alfa y Omega. No se trata ciertamente de una película definitiva sobre el tema de los malos tratos domésticos, como ya se apuntó en este semanario al hablar de sus carencias. Sin embargo, Achero Mañas hace una obra narrativamente casi redonda, en la que pone sobre el tapete algunas cuestiones de dolorosa actualidad con un estilo que trata de no ser ideológico. El Bola es un chico de 12 años que sufre los maltratos de su frustrado padre. Encuentra una salida cuando conoce a la familia de su compañero Alfredo, que le da el afecto que la suya propia le niega. Achero deja cabos sueltos y su lejanía de la verdad cristiana le hace incapaz de iluminar hasta el fondo esa cruel realidad que retrata, pero su apuesta por un modelo familiar basado en el amor, la libertad y la responsabilidad, su tratamiento de la amistad, su denuncia de la hipocresía y sus esfuerzos por no caer en los tópicos hacen de El Bola una de la propuestas mejores de la temporada.

MEJOR DIRECTORA:

Liv Ullman, por Encuentros privados y por Infiel

Alfa y Omega premia en esta categoría la maestría artística e intelectual de esta actriz noruega, con más de cincuenta largometrajes a sus 53 años, y convertida en cineasta hace quince. Desde entonces, cada película que firma, y ya van seis, se convierte en obra maestra. Su relación y colaboración con Ingmar Bergman es decisiva: él la formó como actriz, y ahora, escribiendo sus guiones, le proporciona un material dramático de exquisita factura y alcance existencial. En Encuentros privados, la cámara es testigo de las confesiones de Anna, una mujer que ha cometido un fugaz adulterio. Jacob es el pastor luterano que la escucha —interpretado por el bergmaniano Max von Sydow— y que, lejos de cualquier sacramentalidad católica, sólo consigue sumergir en la soledad el irredento sentimiento de culpa de Anna, que no es otro que el del propio Bergman. Esta misma historia la ha contado el portugués Manuel de Oliveira, en La carta, dando una esperanza mucho más católica a los personajes. Infiel vuelve al tema del adulterio, llevándonos hasta el fondo de la tragedia y de la ruptura matrimonial. El propio Bergman se convierte en personaje del drama —e implícito protagonista—, encarnado en su venerado actor Erland Josephson. Una vez más, el peso luterano de la culpa hace que esta increíble y minuciosa disección de la experiencia humana sea inevitablemente incompleta. Parece que Liv Ullman y Bergman, ajenos al sacramento de la Penitencia, han decidido confesarse en la gran pantalla, dejándonos a nosotros la responsabilidad del tremendo veredicto de la misericordia.

MEJOR GUIÓN ORIGINAL:


Claude Faraldo, de La viuda de Saint Pierre

Sorprendente película francesa de Patrice Leconte, basada en un hecho real ocurrido en los años veinte, y de la que ya hablamos en Alfa y Omega. Cuenta una historia que transcurre en la isla francesa de Saint Pierre, próxima a Canadá. Un día el marinero Neel August (interpretado por el cineasta Emir Kusturika) es condenado a muerte por un asesinato. Como en Saint Pierre no hay guillotina ni verdugo, hay que esperar meses a que ambos lleguen de París. Pero, durante ese tiempo, el condenado —que está bajo la custodia de un capitán y de su mujer— consigue, a base de hacer el bien, ganarse el corazón de los habitantes del pueblo, los cuales ya no quieren ni oir hablar de su ejecución cuando llega la guillotina (la viuda en el argot de la época). Pero la ley debe cumplirse. La película plantea con gran lirismo y amenidad una reflexión sobre los conflictos y límites entre legalidad y legitimidad, así como cuestiona la pena de muerte de una forma original. Pero lo que subsiste como telón de fondo es una hermosa y dramática historia de amor sustentada con actores de la talla de Juliette Binoche y Daniel Auteuil.

MEJOR ACTRIZ PRINCIPAL:


Isabel Ordaz, por La Reina Isabel en persona

Nominada como mejor actriz por el Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC), Isabel Ordaz hace, en esta película de Rafael Gordon, una de las interpretaciones más sólidas y difíciles de los últimos tiempos. Se trata de un monólogo de noventa minutos en los que encarna a Isabel la Católica que, de una forma atrevida y original, reflexiona sobre el pasado, presente y futuro de España. Con un uso libérrimo del tiempo, la reina Isabel afronta cuestiones actuales, como por ejemplo la ley de extranjería, y temas tabú del pasado, como los inevitables argumentos de la Inquisición, la expulsión de los judíos, o la aventura americana. Y no lo hace desde los esquemas falaces de la mentalidad dominante, sino desde una búsqueda de autenticidad histórica en la que el vapuleado espectador católico puede sentirse cómodo, especialmente ahora que se acerca el V Centenario de la muerte de la Reina. Isabel Ordaz sabe transmitirnos tanto la fuerza y coraje de una mujer de Estado, como la pasión y generosidad de una esposa fiel y enamorada. Los ideales políticos forman una unidad con la vida afectiva de la reina gracias a la magnífica interiorización del personaje que consigue la Ordaz. Se trata, sin duda, de la película española más valiente, libre y audaz del año.

MEJOR ACTOR DE REPARTO:

Benicio del Toro, por Traffic

En una película tan compleja en tramas y personajes como Traffic, el portorriqueño Benicio del Toro brilla con luz propia, eclipsando al mismísimo Michael Douglas y a la diva Zeta-Jones. Con una mirada inquietante, dramática y penetrante que llena la pantalla, es, en muchos momentos, referente moral de la historia, siempre en medio de las ambiciones de unos y otros, tratando de ser digno. También es un acierto de la versión original del film que él hable en español (con fuerte acento mejicano) en los fragmentos fronterizos de la película, no sólo por la verosimilitud de la historia, sino sobre todo por la cohesión y espontaneidad que consigue el personaje. Benicio, que ya recibió dos Premios de Cine Independiente en 1995 y 1996, proviene de una familia de abogados y, aunque apasionado por la pintura, enseguida se inclinó por el arte dramático, en el que se ha desvelado como una fuerza emergente.

MEJOR ACTRIZ DE REPARTO:


Frances McDormand, por Casi famosos

Aunque siempre ha hecho interpretaciones memorables (Fargo, Camino al Paraíso —premiada en 1998 por Alfa y Omega—), en esta ocasión el personaje de Frances McDormand va creciendo paulatinamente a lo largo de la película, hasta adquirir una fuerza y consistencia sorprendentes. Ambientada en los setenta, ella hace de madre de un chaval que es forofo del rock y que consigue que la revista Rolling Stones le encargue un reportaje sobre un grupo que inicia una gira. La madre, preocupada por la integridad moral y las buenas costumbres de sus hijos, corre el riesgo de volverse superprotectora y cargante, pero lejos de eso, se convierte en un contrapunto necesario para el descontrol y promiscuidad del ambiente rockero. Gracias a la educación que el chico ha recibido de su madre, es capaz de mantener cierta pureza y dignidad en medio de un ambiente nefasto. Al final, la película muestra cómo es la experiencia la que se pone de parte de la madre, y que sólo el bien es adecuado a las aspiraciones humanas.

MEJOR ACTOR PRINCIPAL:


Haley Joel Osment, por Cadena de favores

Ésta es la primera vez que en Alfa y Omega el Premio recae por dos años consecutivos en la misma persona: la increíble capacidad interpretativa de Haley Joel Osment, con doce años, versátil y convincente, deja boquiabiertos a todos los que se acercan a ver Cadena de favores o El sexto sentido, su anterior film. La película de este año es una hermosa parábola, algo excesiva, sobre la posibilidad de hacer un bien que cambie las cosas; posibilidad siempre al alcance de la libertad de cada uno. Un profesor, Simonet (Kevin Spacey), les pide a sus alumnos que piensen algún método para mejorar el mundo. Ni el profesor ni los pupilos se toman la tarea demasiado en serio. Pero hay un chaval, Trevor (Haley Joel Osment), que entrega todas sus energías a esa cuestión e idea un método de revolución capilar llamado Cadena de favores. Consiste en que él deberá hacer un gran bien (un gran favor) a tres personas, las cuales, en agradecimiento, deberán a su vez hacer lo mismo con otros tres y, así, iniciar una cadena de bien que se extendería como una mancha de aceite. Pero lo que consigue parece demostrar que el bien no es posible si la libertad del otro no se pone en juego.

MEJOR FOTOGRAFÍA:

Raúl Pérez Cubero, por You´re the one

Al igual que el festival de Berlín, reconocemos en You´re the one, con este Premio, el mérito de una fotografía arriesgada, cuidada, llena de significado y plenamente acorde con las intenciones narrativas de su director, José Luis Garci. Como ya dijimos en la reseña crítica publicada oportunamente en Alfa y Omega, la película, melodrama con tintes costumbristas y con el trasfondo de las heridas de una postguerra omnipresente, nos cuenta el viaje interior de una mujer que busca reencontrar el gusto por la vida. Garci hace un retrato de personajes —algunos no exentos de polémica— muy reconocibles, muy típicos de la España rural de los cincuenta, pero que viven dramas de indudable universalidad.

MEJOR PELÍCULA CON VALORES RELIGIOSOS Y MORALES:


Bailar en la oscuridad, de Lars von Trier

Como siempre, no premiamos en esta categoría películas sobre Cristo o la historia de la Iglesia, sino aquellas que, sin ser necesariamente confesionales, reflejan elementos fundamentales de la condición humana, aquellos precisamente que conducen de forma inevitable a la pregunta religiosa, como son la soledad, el sufrimiento, la capacidad de sacrificio, la positividad, el coraje de vivir..., elementos todos que constituyen la trama humana de la última obra de Lars von Trier, autor de un cine bastante religioso, en el sentido explicado, y convertido al catolicismo hace unos cinco años. En Bailar en la oscuridad es el amor de una madre a su hijo el que conduce a nuestra protagonista por el camino de la inmolación más extrema. Selma (interpretada por la cantante islandesa Björk), con una ceguera progresiva y voraz, ahorra todo su dinero para operar a su hijo que, sin que él lo sepa, ha heredado la misma enfermedad. Y cuando ha acumulado el dinero preciso, su amigo y casero, Bill se lo roba, porque está arruinado y, si su mujer se entera, probablemente le abandone. A partir de ese momento, la bondad y el amor de Selma hacen que nada se desarrolle de una forma convencional.

MEJOR PELÍCULA PARA NIÑOS:


Chicken run (Evasión en la granja), de Peter Lord y Nick Park

Después de dos años seguidos premiando la animación digital de John Lasseter, en esta ocasión son los muñecos de plastilina de Chicken Run los que se llevan el merecido reconocimiento. Con un guión excelente de Karey Kirpatrick y Jack Rosenthal, la clásica productura inglesa de animación Aardman Animations hace su primer largometraje. Un grupo de gallinas viven encerradas en una granja, que es más bien un campo de concentración. Sus intentos de fuga liderados por la gallina Ginger siempre acaban en fracaso, y castigo por parte de la terrible señora Tweedy. Hasta que llega el vanidoso Rocky, un gallo norteamericano que se echa el farol de que él es el único que puede liberarlas. El film, esmeradamente realizado, habla de la amistad, de la solidaridad, del arrepentimiento, la autoestima..., y es una buena oferta para toda la familia.

MEJOR BANDA SONORA:

T. Bone Burnett, Carter Burwell y Chris Thomas King, por O Brother!

Esta interesante película de los hermanos Cohen, que recrea la clásica historia griega de la Odisea desde un prisma muy americano y postmoderno (lleno de mordaz crítica social y política), tiene una banda sonora de una belleza extraordinaria, dentro de un género llamado bluegrass. La música da continuidad al argumento, desde los cantos de los presos hasta la melodía de las sirenas —compuesta especialmente para la película y basada en una antigua canción de cuna negra—. La película tiene muy pocas escenas sin fondo musical. En el guión había algunas melodías escritas, pero el resto las inspiraron los personajes. Incluso los protagonistas forman un cuarteto en la película llamado The Soggy Bottom Boy. El personaje de Tommy Johnson se basa en un auténtico músico de blues del Delta del Mississippi.

Juan Orellana

MEJOR PELÍCULA CON VALORES SOCIALES:


La espalda del mundo, de Javier Corcuera

Este año le damos el Premio a un film documental de la factoría Querejeta, ya premiada en la pasada edición por este semanario. Realizado por personas de mentalidad izquierdista, el documental elige con fortuna una vía más antropológica que ideológica, centrándose en la comunicación de tremendas experiencias humanas que puedan conmover la conciencia del público. El director es un peruano, al que han ayudado en el guión Fernando León (Barrio) y el mismo Elías Querejeta. La película muestra tres reportajes que ilustran tres duras realidades: el primero es la historia de Guinder, un chaval que vive en la periferia limeña, donde todos trabajan de picapedreros; el segundo homenajea a Leyla Zana, una mujer kurda que, con su marido exiliado, cumple quince años de cárcel de Ankara por haber llegado a ser diputada en el Parlamento turco; el tercero nos lleva al corredor de la muerte de una cárcel tejana. Los tres reportajes tienen algo de poético y mucho de sinceramente humano.

MEJOR GUIÓN ADAPTADO:


Stephen Gaghan por Traffic

Traffic es un film de Steven Soderbergh, cineasta que aspira este año a los Oscars ¡por dos películas!: ésta y la estimulante Erin Brockovich. Traffic se inspira en una serie documental de la televisión británica que muestra el terrible y corrupto mundo del tráfico de estupefacientes en la frontera entre Méjico y Estados Unidos. El guión de Traffic tiene el acierto de entrelazar ese argumento, muy policíaco y cercano al thriller, con otra trama más humana y familiar en la que se nos cuenta cómo la hija del Juez Jefe de la Agencia Antidroga norteamericana (Michael Douglas) es adicta a las drogas, ante la pasmosa ignorancia de sus ocupados padres. Hay una tercera historia en la que un hombre de negocios, presuntamente honesto y de vida ejemplar, se revela como un alto ejecutivo del narcotráfico, para asombro y escándalo de su aterrada e incauta esposa (Catherine Zeta-Jones). Se trata de tres historias contundentes que retratan sendas degradaciones morales originadas por la droga: la corrupción policial, el rentable negocio del tráfico, y la adicción letal a las drogas, último escalón del proceso y que en la película, como en la realidad, es el más importante.

MEJOR PELÍCULA SOBRE EL HECHO CRISTIANO:

El hombre que hacía milagros, de Stanislav Sokolov y Derek Hayes

Desgraciadamente es muy raro que se estrenen películas que documenten algún hecho del acontecimiento cristiano. Y más raro aún es que lleguen a España, como ha sido el caso del film de Marta Mezsaros sobre santa Edith Stein, que nunca pasó por nuestras pantallas. Este año, de tapadillo, en el mes de agosto, se ha estrenado una interesante vida de Cristo que refleja aspectos muy humanos y cotidianos de su existencia. Desarrolla personajes poco conocidos de una forma muy coherente con la dinámica de la fe, como es el caso de Tamara, la hija de Jairo. La película es de animación y está hecha a base de muñecos de latex, rodada fotograma a fotograma.