RetrocesoA&ONº 252/22-III-2001SumarioEspañaContinuar
Entrevista a monseñor Francisco Pérez Gonzalez, nuevo Director Nacional
Coloquio, tras la Conferencia del cardenal Rouco Varela en el Club Siglo XXI
La enseñanza no se puede
confundir con la catequesis
El cardenal Rouco, arzobispo de Madrid, ha hablado en el Club Siglo XXI sobre La Iglesia en España, ante el siglo XXI.
Retos y tareas.
Ofreceremos el texto íntegro de esta conferencia en el próximo número de Alfa y Omega,
en el cuadernillo central Documentos Alfa y Omega 12, junto con el texto de su Carta pastoral sobre la inmigración.
Posteriormente a la conferencia, hubo un interesante coloquio sobre diversos temas de actualidad, que resumimos:
Preguntado por la reciente polémica en torno a la cuestión del pacto antiterrorista, afirmó: El pacto es una acción de partidos políticos legítima, que se mueve en el ámbito de la comunidad política. La Iglesia actúa en otro ámbito y con medios propios. El derecho a la vida es un principio fundamental. Los obispos no firmamos el Pacto, pero tampoco se nos pidió de manera expresa.

Sobre la reciente beatificación de los 233 mártires de la persecución religiosa de 1936, el cardenal comentó: Yo subrayaría el gran eco que ha encontrado en la Acción Católica italiana la beatificación de chicos jóvenes de la Acción Católica española.

Preguntado por las cualidades que deben tener los candidatos al episcopado, afirmó: Yo creo que están bien claras en el Código de Derecho Canónico cuáles deben ser estas cualidades. Ante todo, debe primar el principio de la actitud del candidato para ser obispo, desde el punto de vista pastoral. Esta misma pregunta se me hizo en Barcelona: mi respuesta fue que teóricamente no hay ninguna duda. Los obispos también se pueden equivocar, hasta cometer errores e incluso pecar.

Yo soy gallego, y soy arzobispo de Madrid —añadió—. No se puede convertir una anécdota en categoría. Hace falta serenidad y buen sentido en estos temas.

Sobre la falta de libertad de expresión en el País Vasco, afirmó: La situación del derecho a la libertad de expresión en el País Vasco, en casos concretos, la hemos conocido los obispos de la Conferencia Episcopal Española a través de los medios de comunicación. La Conferencia como tal no tiene una opinión sobre este tema, porque no ha elaborado un estudio al respecto.

Mi opinión personal es que, en el País Vasco, sigue vigente la Ley de libertad de expresión. Yo creo que es más un problema de aplicación de esas leyes. Habría que pedir dos cosas, en este sentido: que los políticos y la Iglesia tratemos de procurar que cesen esas amenazas, y que el oficio del periodista no sea heroico en el País Vasco

Quisiera recordar —concluyó— que sí hay intervenciones denunciando la falta de libertad en el País Vasco. Por ejemplo, monseñor Uriarte se ha pronunciado en contra de esta violencia y de lo que supone. No tiene justificación moral. Usar el sustantivo justificación es demasiado. Es un problema de todo el Estado. No podemos hablar de una quiebra en el País Vasco.

SOBRE LA LEY DE INMIGRACIÓN


Preguntado por la Carta pastoral sobre la inmigración que ha publicado recientemente, el cardenal aclaró que no pretende enjuiciar la legalidad vigente ni la realidad del conjunto de la nación: Se refiere a los emigrantes en la Comunidad de Madrid. Yo no puedo opinar sobre la Ley de Extranjería y sus reformas, porque no soy experto en materia de inmigración, y no me atrevo a hacer un juicio. No es una misión de los obispos hacer análisis, porque eso es entrar en política. Sí se puede hablar de la moral cristiana: si una ley atentase contra los derechos fundamentales, un obispo tendría que decirlo. Pero cuando no es así, el magisterio de la Iglesia no entra en ese campo, porque no es el suyo.

En la Carta trato de describir el problema, situándolo en el contexto sociológico de la Unión Europea, muy en contacto con el análisis que hace el Papa del problema. Después, expongo y explico principios con los que un cristiano tiene que enfocar ese hecho, teniendo en cuenta el problema de la clandestinidad. Y hay un anexo, en comunión con toda la Iglesia, para acoger a los inmigrantes dignamente, ayudar a su integración; son hermanos nuestros y necesitan ayuda.

Sobre la cuestión del matrimonio y la familia, que se ha convertido en campo de batalla de la Iglesia con diferentes Gobiernos, especialmente los europeos, el cardenal considera que la Iglesia puede forzar poco. El tema del matrimonio y de la familia es una constante de la Iglesia en todo el mundo, desde el magisterio del Papa hasta el de los obispos españoles. El problema número uno de Europa en este momento es el bajo índice demográfico, desde el punto de vista social, cultural, político y moral. Índice demográfico bajo: una sociedad que no quiere hijos difícilmente tiene futuro; si no hay sitio para el amor, no hay espacio para la solidaridad con los pobres, los marginados, los necesitados…

Falla la meta más fundamental —afirma— para que el ser humano, el hombre, viva como lo que es: no se le está prestando atención en los grandes ámbitos de decisión de Europa. Los obispos europeos tenemos conciencia unánime de la gravedad del problema. Los países socialmente más católicos no demuestran que la fuerza de la fe llegue a todos los ámbitos de su vida.

Otro de los campos delicados en los que la Iglesia tiene contencioso con los Gobiernos es la enseñanza de la Religión, la cual, según el arzobispo de Madrid, no se puede confundir con la catequesis; antes bien, son dos dimensiones complementarias de un proceso de formación plena e integral. Cada vez vivimos con más intensidad la necesidad que tienen los adultos de procesos catequéticos. La enseñanza de la Religión: la formación de la escuela incluye el conocimiento de la fe, la formación teológica adoptada a los distintos procesos formativos, como una materia más. Es necesaria la clase de Religión: por eso hay que insistir en su necesidad como cauce de formación de la juventud y de los niños en todas las etapas de la vida, para que la formación sea completa e integral. Su cumplimiento objetivo está dentro de los Acuerdos Iglesia-Estado. La enseñanza de la Religión necesita regulación. Hoy no se cumple el cotenido de los Acuerdos en este punto: mientras estén vigentes los Acuerdos, hay que cumplir la Ley.