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J. F. Serrano Ocejapserrano@planalfa.es Había escrito santa Catalina de Siena, en tiempos recios, aunque todos los tiempos sean recios: Mira cómo mi esposa se ha manchado el rostro, cómo se ha hecho leprosa por la impureza, el amor propio, la hinchazón del orgullo, la avaricia de aquellos que se nutren en su seno, quiero decir, de la religión cristiana, que es el Cuerpo universal. Publicó el National Catholic Reporter un amplio reportaje sobre abusos sexuales, abusos de poder, por parte del clero nativo de algunos países africanos a religiosas. Después, el eco de la información, y de la desinformación, se oyó por todo el universo mundo. En España venía azuzado por el, para algunos, presunto escándalo del siglo de la Iglesia en España, el relevo en la dirección de las Obras Misionales Pontificias. Con este panorama se tocaba fondo en el descrédito de la más fiel infantería en orden de batalla de la Iglesia, y la información religiosa pasaba de la sección de sociedad a la sección de sucesos. Como el pecado ha existido siempre, y siempre existirá en nuestra libre naturaleza, ¡pero redimida!, nacieron los escándalos farisaicos de primera y última hora. Lo que destruye a la Iglesia no es sólo el pecado, es la publicitación de un pecado que se utiliza para levantar las fosas comunes de los estereotipos del siempre viejo y siempre nuevo anticlericalismo. |
| Ramón Pi, en su columna del diario ABC, del pasado jueves 22 de marzo, escribía: Ante situaciones como ésta de ahora, yo percibo dos clases de escándalo como reacción: por una parte, el escándalo de los inocentes (y los responsables sabrán cuánto peso debe gravitar sobre sus conciencias por haberlo provocado). Por otra, el escándalo farisáico, otra conocida, viejísima institución, antigua también como el hombre; tras esta clase de escándalo, lo que hay es la promoción del descrédito ajeno, disfrazado de aparente puritanismo. Conviene saber distinguir un escándalo del otro. El primero debe tratar de evitarlo todo el que tenga un mínimo sentido de responsabilidad. El segundo es una actitud despreciable, que se nutre del odio y de la mala índole. Por mi parte, deploro ambos escándalos, por razones obviamente muy distintas. Pero, aun con todo el dolor que, como a cualquier cristiano, le producen noticias como éstas, no me escanzalizo.
Días después, en el mismo diario, en concreto el pasado lunes, Juan Manuel de Prada utiliza toda su artillería estilística para decir algunas verdades de Perogrullo, en una memorable columna titulada Misioneros: Si los periódicos dedicasen la misma atención a la epopeya anónima y cotidiana de los misioneros que a este escándalo tan sórdido de abusos y violaciones y embarazos y abortos, no quedaría papel en el mundo. Repartidos por los parajes más agrestes u hostiles del mapa, una legión de hombres y de mujeres, de apariencia humanísima y espíritu sobrehumano, contemplan cada día el rostro de Dios en los rostros acribillados de moscas de los moribundos, en los rostros tumefactos de los enfermos, en los rostros llagados de los hambrientos, en los rostros casi trasparentes de quienes viven sin fe ni esperanza. El Nuncio de Su Santidad en España, monseñor Manuel Monteiro de Castro, dijo, en declaraciones a la prensa en Sevilla, que no hay institución en el mundo que haga tanto bien por la Humanidad como los misioneros. La presidenta de la Unión de Institutos Misioneros de España, la misionera comboniana Juana Pagan, aclaraba en un comunicado de prensa: Sin duda alguna, el artículo contiene datos verídicos e indica un problema que es real e importante. Sería, sin embargo, sumamente injusto generalizarlo e implicar a todo el clero y religiosos africanos. Hay en África más de 26.000 sacerdotes y religiosos que viven dedicadamente su celibato sirviendo al pueblo, la mayoría de las veces en condiciones límites. Como ha dicho el portavoz del Vaticano, Joaquín Navarro Valls, "unas cuantas situaciones negativas no pueden hacer olvidar la fidelidad, con frecuencia heroica, de la gran mayoría de religiosos, religiosas y sacerdotes". Los misioneros se merecen algo mejor. |