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LA IGLESIA Y EL PACTO ANTITERRORISTA
A mi entender, la sensiblería con la que se está invadiendo a la gente con respecto al terrorismo está generando que todo el pueblo esté en contra de ETA, que no es malo, pero además, y esto sí que lo es, lleva a la irracionalidad de muchos, pues se comienza a pensar que todos tienen que luchar con todas sus fuerzas y de la misma manera contra ella, confundiéndose los papeles que debe desempeñar cada uno. Esto, bajo mi punto de vista, ocurre con el problema de la firma o no del Pacto antiterrorista por la Iglesia, en el que muchos no saben cuál debe ser la actitud de la misma, y sólo se grita que se debe firmar el Pacto. Esto hace que muchos católicos olviden su condición de hijos de la Iglesia, y que muchos que no son católicos no reparen en que cada uno debe luchar contra los problemas sociales según su finalidad y estado. El hecho de que la Iglesia no firme el Pacto, no significa que esté contra él, y mucho menos que no esté en contra del terrorismo. La Iglesia y el Gobierno, con respecto al terrorismo, harán todo lo que esté en sus manos y entre en sus funciones, como, por ejemplo, el realizar un pacto con la oposición, en el caso del segundo; y, entre otras medidas, el rezar y ofrecer sacrificios, en el caso de la Iglesia. Manuel J. Torres
Para muchos cristianos, el ejercicio de asomarse diariamente a ciertos medios de comunicación se ha convertido en algo angustioso, parecido a otear la línea invisible de un frente de batalla. En efecto, algunos grupos mediáticos perpetran desde una impune normalidad, teleseries, magazines, espacios publicitarios..., cuajados de soeces burlas anticlericales, aguijonazos antirreligiosos y abiertas blasfemias, que conviven en ellos con la apología de la promiscuidad, el morbo o el sadismo y el uso de la piqueta demoledora contra cualquier ideal que disienta del hedonismo vacío y del vulgar materialismo dominantes en buena parte de nuestro panorama social. Algunos, incluso, nos cuestionamos la idoneidad de la actitud que venimos manteniendo, mayoritariamente, los católicos ante todo ello: el silencio acomplejado, la crítica a media voz y en privado, el mirar hacia otro lado sintiendo un poco más de impotencia y amargura muy adentro. Nuestra impasible tolerancia, tan políticamente correcta, evita que nos señalen como inquisitoriales o integristas, pero no las dudas sobre nuestra propia fidelidad al mandato evangélico y a los dictados de nuestra conciencia. |
| Que nadie piense que estoy pidiendo reacciones violentas o ilegales: las demostraciones públicas de protesta, el rezo público del Santo Rosario, los llamamientos al boicot de ciertos programas, los actos de propaganda católica..., son tipos habituales de respuesta, ante situaciones como las anteriormente descritas, para los creyentes de otras latitudes desde EE.UU. y Argentina a Polonia y Filipinas y, dicho sea de paso, para los españoles de hace unas décadas.
Tomemos ejemplo de los Beatos mártires de los años treinta del siglo pasado, frecuentemente perseguidos por haber dado, previamente, testimonio firme y ardoroso, a plena luz, en calles y plazas, de su propia fe, sin temer nunca marchar contra corriente o quedarse en minoría, incluso completamente solos, a solas con Él y la Bienaventuranza. Antonio Pedro Puyol REFLEXIONES SOBRE LA EUTANASIA No hay vida humana sin valor. Afirmar lo contrario sólo puede provenir de una visión materialista, egoísta y utilitaria. Prueba de ello es que una de las razones de fondo de la ley de eutanasia holandesa, recientemente perfeccionada por el Parlamento de ese país, es el elevado coste de mantenimiento, para la sanidad pública, de los ancianos y enfermos terminales. Terible. Porque incluso la vida aparentemente más miserable posee un elevado sentido. La eutanasia, el aborto, la esterilización, etc., no son otra cosa que el reflejo de una mentalidad que pretende desconocer el valor de la vida humana. Pensemos en las consecuencias sociales que se siguen de la aprobación de la eutanasia: desconfianza en los médicos, que serían vistos por los ancianos como sus posibles asesinos; homicidios por eutanasia para acelerar el momento de entrar en posesión de una herencia; riesgo de aplicar la eutanasia a personas consideradas incurables por error en el diagnóstico, cuando realmente podrían recuperarse, etc. Por otra parte, se vería destruido de golpe todo el esfuerzo científico y humanitario para atender a los dementes; los hospitales para ancianos quedarían transformados en siniestros establecimientos destinados al asesinato científicamente organizado, etc. Y considerándola desde el punto de vista del creyente, es criminal privar a una persona de un tiempo de vida que podría ser decisivo para su salvación. Comenzando por algo tan razonable como es el deseo de evitar el dolor de los enfermos terminales, se desemboca en el asesinato. Datos facilitados por el doctor Antonio Pardo, profesor del Departamento de Bioética de la Universidad de Navarra, señalan que en 1990 se dieron en Holanda más de 25.000 casos de eutanasia, 14.700 de ellos ¡sin consentimiento del paciente! Luis Riesgo Ménguez |