RetrocesoA&ONº 253/29-III-2001SumarioDesde la feContinuar
Punto de Vista
Católicos en acción
De la lectura de la Carta apostólica Novo millennio Ineunte, los católicos no podemos permanecer a la espera de que nos lo den todo hecho.

Me parece oportuno resaltar tres de los proyectos actuales que pueden darnos la medida de la buscada cohesión interna que se desea dentro de la Iglesia: En el templo de San Martín, de Madrid (calle Desengaño), se vienen celebrando jornadas de oración, todos los primeros jueves, con la asistencia de cinco importantes grupos católicos, y están invitados otros: Eucaristía y adoración encaminadas a un mayor conocimiento y comunión de quienes vivimos con el mismo denominador común, que no es otro que hacer presente la obra de Cristo en nuestros días. El segundo proyecto, animado y puesto en marcha por el Arzobispado de Madrid, es la Casa de los Pobres, que cuenta ya con un solar y espera las aportaciones económicas de particulares, y sus oraciones, como en el caso citado del templo de San Martín, donde se pide para que llegue a feliz término un proyecto tan demandado por los del cuarto mundo instalado en nuestra ciudad. Y, por último, el movimiento alentado por el Consejo de Laicos y Medios de Comunicación Social de la Iglesia, en el mundo de las comunicaciones. Es absolutamente necesario que en el mundo de hoy utilicemos todos los medios que se nos ofrecen para multiplicar la voz de la Iglesia: de defensa, de discernimiento y opinión, testimonial y de evangelización. Oración, ayudas sociales y medios de difusión como formas de la labor católica de nuestro tiempo, y que son reflejo de la actividad pública de Jesucristo: oración, manos de misericordia y proclamación de la Noticia. Todo lo que se insista y aporte será poco. Todos estamos obligados a participar con nuestros carismas personales, complicándonos un poco más la vida por Cristo y por los hombres.

Los católicos debemos estar presentes en el mundo de hoy, debemos ser noticia por nuestro buen hacer. Debemos prestigiar a nuestra Iglesia en los distintos medios de difusión, y en todos los campos: legislativo, educativo, en los usos y costumbres de nuestra época, etc. No podemos permanecer impasibles ante las agresiones e insultos, ante las descalificaciones generalizadas, confundiendo y manipulando los hechos o dichos anecdóticos con el sentir y comportamiento general de la Iglesia. Es cierto que somos hombres los que la componemos, y bienvenida sea la crítica constructiva de dentro o fuera de la Iglesia, pero no podemos dejar pasar sin más la mala baba, pues sabemos bien lo que significa si te hieren en una mejilla, pon la otra. En todo esto, y fuera de las iglesias, somos los laicos católicos los llamados y obligados a tomar postura no sólo con el testimonio de nuestras palabras, sino con nuestra conducta. Llamados a ser seguidores de Cristo no sólo en lo templos, sino en todos nuestros ambientes.

Es una labor difícil la nuestra, pero somos muchos, y si conseguimos movilizarnos, en gran número, comenzaremos a ser respetados, aunque sólo sea por los efectos estadísticos. El Espíritu Santo y la Madre están con nosotros. No debemos tener miedo.

Ángel Baón Ramírez