RetrocesoA&ONº 253/29-III-2001SumarioDesde la feContinuar

Eutanasia y vida dependiente
Bajo el título Eutanasia y vida dependiente (ed. EIUNSA, colección Ética y sociedad), el profesor de Filosofía del Derecho José Miguel Serrano Ruiz-Calderón ataca, una a una, las razones que esgrimen los defensores de la legalización de la eutanasia. El autor, que fue asesor de la ex-ministra de Justicia doña Margarita Mariscal de Gante, recoge en el libro las aportaciones de muchos expertos llamados a la Comisión de estudio de la eutanasia abierta en el Senado durante la pasada legislatura, y que se mostraron mayoritariamente contrarios a la despenalización. Con este libro —declara el autor a Inés Vélez, para la agencia católica Zenit— quiero hacer un juicio jurídico sobre el tema, abandonando tópicos como el "derecho a morir". La eutanasia supone una excepción al principio general de protección de la vida a través de una serie de condiciones difícilmente controlables. Esto supone un riesgo respecto al bien "vida humana", que es un valor que nuestro ordenamiento jurídico recoge explícitamente, y que ha sido, tradicionalmente, una de las funciones del Derecho. El caso holandés constituye una excepción en el ordenamiento jurídico internacional; es un paso que no están siguiendo otros ordenamientos.

Algunos medios de comunicación y parte de la opinión pública —continúa José Miguel Serrano— se apuntan a la eutanasia porque la consideran una cuestión moderna y partidaria de la autonomía del sujeto. Hay que analizar las circunstancias reales de petición de la eutanasia. Estamos hablando del derecho a la libertad de las personas más débiles y más amenazadas de la sociedad, las que pueden ser más influídas en este sentido. Al Derecho no se le puede imponer un supuesto derecho a morir, que es realmente un derecho a que se nos pueda matar, bajo una teórica denominación de la libertad.

Los riesgos de una legislación despenalizadora de la eutanasia, a juicio de este experto, deben ser tenidos en cuenta por los legisladores: En la fase actual de la evolución de los sistemas de Seguridad Social y de los sistemas de asistencia europeos, es muy peligroso abrir una vía que permita reducir drásticamente costes mediante la eutanasia. No digo que todo el movimiento pro eutanasia esté, principalmente, regido en este sentido; pero éste es un factor real que hay que considerar. Dado que la mayor parte del gasto del sistema hospitalario se realiza en los últimos años de vida del enfermo, indudablemente acortar la vida de estos enfermos produce un efecto muy beneficioso sobre las arcas públicas. Abrir la salida eutanásica, en una sociedad como la nuestra donde no se actúa sólo por razones altruistas, es un riesgo grave.

Recuperar el valor de la vida dependiente y el acto médico de acompañamiento en la enfermedad, es la propuesta del autor para soslayar la cuestión de la eutanasia: Para que pudiera aplicarse la eutanasia en una sociedad como la actual, sería necesario definir qué vidas no merecen la pena ser vividas —la eutanasia sólo se autoriza para unos sujetos determinados—, y resulta que aquellos cuyas vidas parecen valer menos son los sujetos más dependientes de nuestra sociedad.