RetrocesoA&ONº 253/29-III-2001SumarioEspañaContinuar
Inmensa manipulación
Parece que, recientemente, un antropólogo norteamericano ha dicho que el canibalismo es un valor cultural de determinados pueblos que merece y debe ser respetado. Vamos por un camino por el cual todo va a terminar siendo digno de respeto, salvo lo que es digno de respeto; todo va a terminar siendo sagrado, menos lo que es sagrado; todo va a terminar siendo verdad, menos lo que es verdad.

¿Relativismo? Sí, pero también manipulación, inmensa manipulación. Una inmensa manipulación que se esconde detrás de la moderna tendencia al igualitarismo. Un igualitarismo exclusivamente buscado para poder prescindir de todos los valores, para reducir al hombre a su peor condición. Es mucho más fácil igualar a todos en lo poco que en lo mucho: en la pobreza que en la riqueza, en la ignorancia que en la sabiduría.Es muy difícil que todos seamos sabios, es fácil que todos seamos ignorantes. Es muy difícil que todos seamos ricos, es fácil que todos seamos pobres. El hombre ignorante, pobre, acomplejado, desprovisto de valores, es un hombre fácilmente manipulable. Una vez reducido a tal situación, determinados poderes en la sombra —y no ninguna fantasmagoría—, que controlan entre muy pocos la política y la economía, el poder y el dinero, y muy particularmente los medios de comunicación, están intentando conseguir una Humanidad deshumanizada, intelectualmente inerme, relativizada, rica sólo en determinados bienes materiales dados con cuentagotas, y, entre los cuales, el más significativo es aquel que no cuesta nada dar: el sexo.

Aquellos poderes están convenciendo a la Humanidad de que la única finalidad de la vida es el placer, y el sexo es la gran panacea, el placer de los que no tienen ningún otro, porque el sexo es autosuficiente y se basta a sí mismo sin necesidad de recibir nada. Lo único que el manipulador hace es convencer a los hombres de que, con la satisfacción de sus instintos, les basta para ser feliz. Y, con muy poco gasto, se manipula a mucha gente, trastocando por completo el orden de los valores y convirtiendo el deleite, mientras más gratuito mejor, en el objetivo supremo de la vida humana.

Para eso es necesario que no haya verdad, que no haya Dios ni religión, que no haya cultura, que no haya pensamiento, que no haya autonomía de la intelegencia ni de la voluntad. Para eso es necesario que haya homogenización, globalización; que todo el mundo reaccione de la misma pobre manera, intelectual y culturalmente mísera, anímicamente débil, para vivir satisfechos en esa aparente abundancia que es una pobreza total. Programas infectos de televisión, best-sellers del cine o de la novela hueros y repugnantes; la fealdad como valor, la maldad como cualidad, la falta de verdad como liberación de dogmatismos. No pueden existir la verdad, ni la belleza, ni la bondad, porque son las tres cualidades fundamentales del ser, y lo que interesa es que nadie sea, que todo pase, que el hombre carezca de asidero, de fundamento, de norte, de rumbo, para llevarle adonde se le quiere llevar, al paraíso de la nada. Vivir el momento, el mañana no existe, la trascendencia es mentira: exactamente el discurso que se le puede dar a un animal.

Efectivamente se trata de materializar y animalizar a la Humanidad.Quieren que nos avergoncemos de aquello que durante siglos ha mantenido en pie la fe y la dignidad del hombre. Se trata de que el ser humano se considere igual, e incluso inferior al animal, más cruel, más descarnado; convencernos de que debemos encontrar la felicidad en la mera satisfacción de los instintos. Animalizarnos. Convertirnos en rebaño. Lograr que el hombre idealice las virtudes animales, imite los comportamientos animales, y se olvide de su condición de hijo de Dios, de ser para la trascendencia y no para la muerte. Tras los cuentos infantiles más inocuos se esconde hoy este mensaje. Se manipula a los niños desde la infancia: se les hace vivir de una imaginación alentada hacia la mentira y lo impensable; se le borran los límites de la realidad y de la virtud.Luego vendrá el placer de la carne; luego vendrán el vicio y el anonadamiento; luego vendrá la rotura interior del espíritu. Luego, el hombre manipulado, invertebrado, roto en el falso paraíso de un mundo feliz.

Alberto de la Hera