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Jesús Colina. RomaLa delegación estaba formada, entre otros, por monseñor Michel Sabbah, Patriarca latino de Jerusalén y Presidente de la CELRA; monseñor Paul Dahdah, Vicario Apostólico de Beirut de los Latinos y Vice-presidente de la Conferencia; y el padre Pierre Grech, Secretario de la Conferencia. El Papa hizo un llamamiento al diálogo y al respeto de los derechos humanos, para lograr una paz justa y estable, y pidió el fin del embargo contra Irak, y la asistencia a los refugiados que abandonan Sudán y se dirigen a Egipto. En este encuentro, Juan Pablo II recordó sus peregrinaciones durante el Jubileo al Monte Sinaí y a Tierra Santa. Asimismo, dijo que esperaba poder peregrinar a Siria siguiendo las huellas de san Pablo. Habló de la gran alegría de ser cristiano en la tierra en la que Cristo nació, vivió y murió, pero también reconoció los numerosos problemas relacionados con vivir la fe en una región en la que los cristianos son minoría. El cristiano vive su identidad personal y eclesial a través de su relación íntima con Cristo, que ayuda a vivir todas las situaciones y que ilumina sus decisiones. El testimonio de Cristo exige comunión dentro de la Iglesia y colaboración pastoral entre las diversas comunidades católicas. ¡Hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión: éste es el gran desafío que tenemos ante nosotros en el milenio que comienza! Juan Pablo II subrayó el papel de obispos, sacerdotes, religiosos y laicos en la construcción y fortalecimiento de las comunidades cristianas en la región. Dio las gracias a todos por su empeño generoso en servir a las personas en todos los ámbitos, especialmente en los campos educativo y social, y por su contribución a la promoción humana y espiritual de los pueblos. Hizo hincapié en la necesidad de dialogar con los otros cristianos, y afirmó que la división entre los cristianos es una infidelidad a la voluntad del Señor que oscurece su identidad de discípulos de Cristo. El Santo Padre constató que los cristianos abandonan Tierra Santa en busca de seguridad económica y física en otra parte, y les exhortó a tener confianza en ellos mismos, y a permanecer firmemente anclados a la tierra que también fue de sus antepasados. La permanencia de los cristianos en Jerusalén, cerca de los Santos Lugares de la cristiandad, es especialmente importante, porque la Iglesia no puede olvidar sus raíces. ¡No os resignéis al pensamiento de una marcha inevitable! |
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El Papa dedicó la parte final del discurso a la violencia en Tierra Santa, al embargo en Irak y a la situación en Sudán. Manifestó su cercanía y afecto a las víctimas de la violencia, y añadió: Con vosotros sufre y padece toda la Iglesia, con la esperanza de regocijarse pronto con vosotros por la realización de un deseo único al que no se puede renunciar: ¡la paz! Los acontecimientos que tienen lugar en Tierra Santa, y que sigo con atención, son preocupantes y someten a graves pruebas la esperanza de la paz. Deseo vivamente que se reanuden las negociaciones y que se ponga en el centro el respeto de la dignidad de todos los hombres, que tienen el derecho a vivir en paz y en seguridad en su propio territorio. Esto sólo se realizará en el respeto al Derecho internacional y rechazando la violencia, que no hace sino exacerbar el odio.
El Santo Padre terminó recordando otras situaciones dramáticas en la región. En Irak, el embargo continúa causando víctimas, mucha gente inocente está pagando las consecuencias de una guerra nefasta, cuyos efectos siguen afectando a las personas más débiles e indefensas. El flujo de refugiados de Sudán hacia Egipto sigue aumentando. Es urgente encontrar soluciones para acoger decentemente a las personas desplazadas y para permitirles una buena integración, así como procurar la asistencia espiritual a los numerosos cristianos que se encuentran en medio. Pienso también en la comunidad católica de Somalia, que en el pasado ha sido víctima de mucha violencia, con la esperanza de que pueda restablecerse una actividad normal en este país. Durante el encuentro se intercambiaron informaciones y experiencias, así como líneas comunes de pastoral misionera en los países islámicos. En el último encuentro de la CELRA, tenido en Roma en octubre de 2000, los obispos hablaron de la particular situación socio-política y religiosa en los países árabes. El culto se realiza con frecuencia en condiciones de catacumbas y con riesgo para las personas. La misión se realiza a través de obras socio-educativas: escuelas, orfanatos, hospitales, centros de asistencia. El encuentro reafirmó la importancia del diálogo interreligioso. PERSECUCIÓN O CLANDESTINIDAD La situación de los católicos en los países árabes varía de zona a zona. En Arabia Saudí (880.000 católicos, la mayoría filipinos), los católicos no pueden reunirse para rezar ni siquiera en casas privadas, no pueden poseer Biblias, el proselitismo religioso es castigado con la muerte. En el Vicariato apostólico de Arabia, la nación más abierta es Bahrain, con 35.000 católicos asistidos por 3 sacerdotes y 7 religiosas combonianas, que dirigen una escuela con 1.600 alumnos. Los católicos inauguraron recientemente una iglesia con capacidad para 1.300 fieles. En los Emiratos Árabes, la Eucaristía puede celebrarse en casas privadas; en Omán (50.000 católicos, 4 parroquias y 7 sacerdotes), los fieles se reúnen cada semana para la oración y la liturgia de la Palabra. La situación en Qatar (40.000 católicos) y en Yemen es buena. En el Vicariato Apostólico de Kuweit los católicos son cerca de 100.000 (el 8% de la población), a los que se añaden otros 50.000 cristianos: protestantes y ortodoxos. Hay dos iglesias: la catedral de la Sagrada Familia y la iglesia de Nuestra Señora de Arabia, en Ahmadi. La situación en Somalia es difícil a causa de la guerra, iniciada en 1990. El padre Bertin, Administrador Apostólico de Mogadiscio, se ha visto obligado a trasladarse a Nairobi (Kenia). Las estructuras eclesiales han sido destruídas y alejado el personal misionero. En Mogadiscio vive hoy un pequeño grupo de 40 católicos que profesan su fe en secreto y se encuentran esporádicamente con el padre Bertin. En Egipto, los cristianos son cerca de 6 millones, la mayoría coptos. Según los registros bautismales de las iglesias locales, su número asciende a 10 millones, si se añaden los cripto-cristianos, es decir, los fieles que, por motivos de presión social, se declaran musulmanes. En Tierra Santa, la Iglesia es un conjunto de pequeñas Iglesias. En Jerusalén residen tres Patriarcas (latino, griego y armenio). Los católicos de rito latino son globalmente 70.000: 30.000 en Jordania, 15-20.000 en Israel y otros tantos en Cisjordania, todos bajo la autoridad del Patriarca de Jerusalén. Gracias al empeño en el campo social-educativo, la comunidad latina goza de un prestigio único entre la población. |