RetrocesoA&ONº 253/29-III-2001SumarioRaícesContinuar
Se presenta en Madrid Antológica, de Vela Zanetti
El pintor de la dignidad humana
El hombre sencillo era su objetivo. José Vela Zanetti, pintor castellano, nacido en Burgos y unido
a León desde sus primeros años de vida, dibujó rostros curtidos de sol, campo y trabajo,
a indios caribeños, Apóstoles reflexivos de serenos o encendidos talantes. Vela Zanetti falleció
en 1999, dejando atrás una obra bella y prolífica, repartida a lo largo y ancho del mundo. Ahora,
el Centro Cultural de la Villa de Madrid ofrece la posibilidad de contemplar, hasta el 22 de abril,
Antológica, la mayor exposición sobre la obra de Vela Zanetti presentada hasta estos días
A. Llamas Palacios

Le llaman el pintor de la dignidad humana. La exposición Antológica, situada en el Centro Cultural de la Villa de Madrid, ofrece la posibilidad de contemplar la trayectoria vital y artística de este genial pintor, que tuvo siempre como referencia fundamental la figura humana, y como planteamiento constante, los temas sociales.

José Vela Zanetti nace en Milagros, un pueblecito de Burgos, en 1913. Pronto se traslada a León, donde su padre, Nicostrato, trabaja como veterinario. Don Nicostrato Vela Esteban tuvo una influencia decisiva en la vida de su hijo, pues no se opuso a sus inquietudes artísticas, sino que, al contrario, le dio facilidades para poder desarrollarlas. Así, después de finalizar los estudios de Bachillerato, lo mandó unos meses a Madrid, para que viera exposiciones y visitara el Museo del Prado. A principios de los años 30, don Nicostrato Vela llevó al joven José ante don Manuel Bartolomé Cossío, pedagogo y redescubridor de El Greco, que fue una de las primeras personas que confió en las posibilidades de José Vela Zanetti, y le dio a conocer la pintura mural.

Desde entonces, hasta su fallecimiento, en 1999, Vela Zanetti ha dejado como legado la huella de su singular pintura, que conduce directamente a su modo de ver el mundo. Un mundo lleno de rostros de campesinos castellanos, de manos descritas hasta la perfección, gallos, jarras, Apóstoles, religiosos de rostro sincero, personajes medievales, indios que son espejo de 20 años de doloroso exilio en Méjico, en Santo Domingo, en Francia, en Estados Unidos. Un mundo, en definitiva, donde nadie es más que nadie, entre personajes representativos de la España machadiana.

La guerra civil supuso un cambio radical en la vida del pintor. Había crecido en una familia impregnada de los principios liberales de la Institución Libre de Enseñanza. Su padre, de ideología liberal, fue fusilado en 1936, y Vela Zanetti se identificó desde el primer momento con quienes defendían el arte al servicio de la revolución política. Participó y dirigió revistas para el frente, algunas de las cuales se exponen por primera vez en esta Antológica.

Con el tiempo, el pintor castellano fue adquiriendo posturas más moderadas, centrándose en esencia en hombres y mujeres sencillos protagonizando sus cuadros.

El muro será el soporte más utilizado en la trayectoria pictórica de Vela Zanetti. En la muestra Antológica, del Centro Cultural de la Villa de Madrid, pueden verse dos murales realizados sobre madera, Gran Parnaso Español y Muerte de Don Quijote, y una serie de reproducciones fotográficas, como la del mural de los derechos humanos, bajo el título de La ruta de la libertad, para la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York. Es su obra más universal. Consiguió el proyecto a través de una beca de la Fundación Jonh Simon Guggenheim, en 1951. Su idea inicial era hacer una obra que condenase el Holocausto, y el proyecto definitivo resultó una condena al racismo y a la guerra, ensalzando el trabajo colectivo como pilar sobre el que construir una nueva sociedad en paz.

De la pintura de Vela Zanetti es obligatorio también ensalzar sus obras de temática religiosa. Son obras para saborear en sus sitios: en grandes lienzos colocados en iglesias mejicanas o caribeñas, o mucho más cerca, en la parroquia de Jesús Divino Obrero, de León. Destacan, entre otros, el fragmento de La Última Cena, una de las muchas Cenas que pintó, siempre desde perspectivas distintas. En medio de sus pinturas religiosas, se puede encontrar al mismo autor autorretratado. Es curioso ver cómo se escondía en personajes, se identificaba con ellos, como ha ocurrido con el apóstol san Pedro en varias ocasiones; así en el boceto de La Última Cena, de 1965, o en La negación, de 1997.

Los fondos de Caja Rural de Burgos y la Fundación Vela Zanetti, con sede en León, junto con las aportaciones de coleccionistas particulares e institucionales han hecho posible este proyecto.

Una mirada a los campesinos de Vela Zanetti es volver a ver a la España de antes, no hacia el costumbrismo regionalista, sino hacia el ámbito de la dignidad humana, desde el amor a esa gente: Muchas veces —explica el artista—, cuando me levantaba al amanecer para pintar, escuchaba sus primeras toses, pensaba en los jornales que ganaban y me decía que, al fin y al cabo, estábamos embarcados en la misma tarea, que yo dejaba testimonio de sus sudores, de sus fatigas. El ver el rostro de la gente te humaniza, y es inhumano comerciar con su dignidad.

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