RetrocesoA&ONº 258/5-V-2001SumarioAqui y ahoraContinuar
Ver oír... y contarlo
Ver, oír y... no inventar
J. F. Serrano Oceja
pserrano@planalfa.es

Que vengan Peter L. Berger y Thomas Luckmann y que nos expliquen la teoría de la construcción social de la realidad, aplicada a los medios y a los mediadores! ¡Que venga Janet Malcom a recordarnos aquello de que cualquier periodista que no sea tan estúpido o esté tan enamorado de sí mismo que no note lo que está ocurriendo, no puede dejar de saber que practica un oficio inmoral. Actualmente, hacer de periodista significa hacer de confidente de alguien, apoyarse en la propia vanidad, ignorancia o soledad; buscar confianza que no merece, para estar dispuesto, por profesionalidad, a traicionarla. Quien esto escribe suele repetir, estos días, por las noches este peculiar examen de conciencia ignaciano.

Se celebró, la pasada semana, la Asamblea Plenaria de la Conferencia Epsicopal Española. Asistimos, como es habitual, al término de las sesiones de la Asamblea, a una rueda de prensa en la que se informó de lo allí acontecido. El pasado sábado, el diario El Mundo nos sorprendía, porque aún tenemos capacidad para la sorpresa, con un texto que nació de la pregunta del, vamos a denominarlo así, corresponsal religioso de ese diario. Decía el texto: Monseñor Asenjo negó también la existencia de enfrentamientos entre los obispos en el aula de la Plenaria y dijo "desconocer que don José María Setién se hubiese enfrentado con algún otro prelado. Dicho enfrentamiento no ha aparecido en el aula, si es que ha existido" (...) Según las fuentes de EL MUNDO, en un determinado momento se produjo un tenso enfrentamiento de varios obispos del primer grupo contra monseñor Setién, hasta el punto que tuvo que intervenir el arzobispo de Oviedo, Gabino Díaz Merchán, para proponer una solución de consenso: la nota que redactó, la noche del jueves, el secretario, monseñor Asenjo, y que los obispos aprobaron el viernes por la mañana, antes de volver a sus respectivas diócesis. Enfrentados, por el terrorismo.

El diario ABC, el mismo sábado, señalaba, en crónica de Jesús Bastante, que fuentes episcopales han declarado a este diario que, en el transcurso de una de las reuniones —posiblemente la sesión reservada—, se produjo un fuerte enfrentamiento dialéctico entre varios obispos y moseñor Setién, a causa de las opiniones de éste último respecto a la postura a adoptar frente a los terroristas y quienes les apoyan, aunque Asenjo trató de desmentirlo después.

El diario El País, con su característico e inteligente laconismo, escribía: La asamblea "ha discurrido por cauces de gran serenidad, paz y fraternidad", aseguró el portavoz, antes de informar sobre los motivos del retraso de la tarraconense. Lo mantuvo cuando un periodista quiso saber detalles de la disputa de Setién, jubilado el año pasado como titular de la diócesis de San Sebastián, y los prelados partidarios de extender la condena contra ETA a su entorno nacionalista. Asenjo negó que se hubiera producido ese debate, confirmado, sin embargo, por otras fuentes.

El ejercicio de la entomología informativa es más propio de las causas judiciales y de los trabajos de la Facultad de Periodismo que de estas páginas. Tampoco vamos a sustituir a los varios ombudsman, defensores de los lectores, de nuestra prensa. Por cierto, curiosa coincidencia. La columna de nuestro querido profesor José María Casasús, del diario La Vanguardia del domingo 22 de abril, en su tarea de defensor de causas no perdidas, se titula: Quiebra ética y ambigüedades.

La polémica llega hasta la edición dominical del diario que dirige Pedro J. Ramírez, en una información que incluye una carta remitida por el Secretario de la Conferencia Espicopal Española, monseñor Juan José Asenjo, en la que leemos: Como servicio a la verdad y a la correcta información de sus lectores, me siento en el deber de manifestarle que dicha noticia es absolutamente falsa en todos sus extremos, tal y como afirmé clara y rotundamente en la rueda de prensa que tuvo lugar una vez concluida la reunión, a preguntas precisamente del redactor del Diario El MUNDO, José Manuel Vidal. Efectivamente, ni en las sesiones ordinarias, ni en la mencionada sesión reservada, tratamos los obispos el tema del terrorismo, pues estimamos que era suficiente el pronunciamiento del Cardenal Presidente en el discurso inaugural, con el que manifestamos nuestra sintonía en una breve declaración que insertamos en la nota de prensa final. Desmentí, además, la existencia del enfrentameinto al que alude en su información, que es absolutamente falso, nunca se produjo y, en todo caso, sólo existe en la imaginación del perioidista que firma la noticia.

El cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco, en declaraciones al programa de la COPE La Mañana, de Luis Herrero, el pasado lunes, insistía en que lo afirmado por El Mundo es falso. Pero, además, pronto va a hacer veinticinco años que soy obispo. Yo no recuerdo ni un solo agrio debate en el seno de la Conferencia Episcopal Española. Este hecho es tan lejano, tan ajeno a nuestro estilo de actuar, a nuestra forma de ser, a nuestra vocación, que casi, a priori, hay que descartar que pueda haber un agrio debate en la Conferencia Episcopal Española, y yo creo que en ninguna otra Conferencia Episcopal del mundo.

Don Marcelino Menéndez y Pelayo escribió, en su Historia de los Heterodoxos Españoles, palabras cargadas de ácido desprecio hacia algunos periodistas de una época pasada. Decía: Desfacedores de supersticiones comenzaban a ser, en tiempo de Montengón, los periodistas, mala y diabólica ralea, nacida para extender por el mundo la ligereza, la vanidad y el falso saber, para agitar estérilmente y consumir y entontecer a los pueblos, para halagar la pereza y privar a las gentes del racional y libre uso de sus facultades discursivas, para levantar del polvo y servir de escabel a osadas medianías y espíritus de fango, dignos de remover la cloaca. La Historia, don Marcelino, la Historia.