RetrocesoA&ONº 258/5-V-2001SumarioUsted tiene la palabraContinuar
CARTAS
EL OBISPO DE LOS SAGRARIOS ABANDONADOS

El 29 de abril de 2001 ha sido beatificado por el Santo Padre Juan Pablo II el que fuera obispo de Málaga y Palencia don Manuel González, popularmente conocido como el Obispo de los sagrarios abandonados por su amor profundo a Cristo, presente en la Eucaristía y en todos los sagrarios del mundo, al que tenía por primera devoción. Fue apóstol incansable y andariego, entregándose a los más pobres, ayudándolos en sus necesidades, y promocionándolos social y culturalmente, abriendo capillas rurales y colegios, además del actual Seminario de Málaga.

El Venerable don Manuel fue fundador de un Instituto de vida religiosa femenino, dedicado al culto y al apostolado eucarístico, actualmente extendido en muchos países. Todo un ejemplo, para todos los cristianos y futuros sacerdotes en especial, para que sepamos valorar el inmenso don que Jesucristo nos regaló con la Eucaristía, donde Él está presente siempre y eternamente, en cuerpo, alma y divinidad.

Dolores Rodríguez Zambrano
Málaga

SOBRE LA MASONERÍA

La lectura del largo artículo dedicado a la masonería en el número de su revista de fecha 26-04-01 nos ha provocado un sincero dolor y una profunda decepción por la reincidencia en viejos malentendidos y la apelación a un imaginario de la tradición masónica cuyo origen e intención se nos escapa, pero que podemos asegurar no se corresponde con la realidad ni se compadece con la probidad intelectual a cuyo servicio debemos estar todos los que aspiramos a la rectitud. En masonería somos muchos los que sentimos la verdad del Evangelio como una verdad existencial propia y no nos avergonzamos de ello. Nos avergüenza en cambio el sectarismo en todas sus versiones.

No esperábamos un artículo apologético y no pedimos quedar al margen de la crítica, ya que la masonería no es desde luego infalible, ni como institución ni tampoco lo es en cada uno de sus miembros. Su humanidad la hace falible pero eso no la desmerece a nuestro juicio ya que se salva por su constante búsqueda de la luz.

La masonería no es en todo caso una religión, por cuanto no se presenta como un camino de salvación, sino como un método de crecimiento personal y de aumento de la consciencia, en la búsqueda de una plenitud como diría el filósofo masón Krause del hombre en cuanto hombre. La masonería no es en última instancia sino una forma colegiada de reflexión filosófica, y hoy a nadie se le ocurre plantear una contradicción entre filosofía y teología ya que se reconocen como jurisdicciones diferentes. La masonería propone un esfuerzo de autoconsciencia y de autenticidad personal que está por supuesto abierta a cualquier interpretación confesional y en esa libertad, naturalmente todas las opciones son posibles para el masón. Decir que por esa garantía de libertad la masonería es incompatible con el catolicismo sería como venir a decir que la Historia de las Religiones es una asignatura anticatólica porque estudia el fenómeno religioso poniendo a todas las religiones en el mismo plano, o que la filosofía es anticristiana por el hecho de no ser ya sierva de la teología.

Es decepcionante la persistencia de ciertos errores de concepto del artículo publicado en Alfa y Omega que deberían estar ya completamente superados a esta altura de los tiempos. El gran Arquitecto del Universo, símbolo masónico, no es un concepto teológico sino una imagen, y por lo tanto no se identifica ni con un Dios abstracto, ni con un Dios concreto, sino que es sólo un símbolo, es una perspectiva desde la que cada masón o masona debe plantearse la cuestión del Sentido, y dentro de la cual cabe la visión cristiana en toda su plenitud. La masonería como tradición filosófica no hace sino reconocer en su seno la libertad de conciencia que garantiza la Declaración de los Derechos Humanos. ¿O es que podría hacer otra cosa?

Decepción nos provoca también que un semanario dependiente del Arzobispado de Madrid a través de la Fundación San Agustín (Dilige et fac quod velis) busque sus fuentes de información sobre la masonería sin contrastar ni tener en cuenta la importante labor de investigación histórica realizada por autores y profesores, españoles y extranjeros, que reúnen en sí además de la condición de investigadores e historiadores de reconocido prestigio universitario la de sacerdotes católicos, lo que entendemos añade una garantía de recta intención.

En fin, esperamos que lentamente la luz se irá abriendo camino y una visión crítica pero leal sea posible entre nosotros.

Con nuestros mejores deseos de Paz, Amor y Alegría.

Javier Otaola
Pasado Gran Maestro de la Gran Logia
Simbólica Española. Miembro del Supremo
Consejo Masónico de España. 33º

 

N. DE LA R.:


Agradecemos sinceramente esta reveladora carta de nuestro comunicante, que nos llega en fax de la Secretaría General de Régimen Jurídico del Gobierno Vasco. Puede tener la absoluta seguridad de que la finalidad de nuestro tema de portada no era causar a nadie dolor ni decepción, sino exponer a nuestros lectores lealmente una realidad y la actitud de la Iglesia ante ella.

Esta carta, con su reconocimiento de que "naturalmente todas las opciones son posibles para el masón", no hace otra cosa que confirmar cuanto sobre el relativismo incompatible con el cristianismo afirmábamos. Decepción provoca en nosotros la decepción a la que nuestro comunicante se refiere, citando una frase de san Agustín a la que se podrían añadir muchas otras frases, que también san Agustín escribió. Puede tener asimismo la seguridad de que aquellos a quienes hemos acudido han contrastado todo lo contrastable, contrastado e investigado, incluidos algunos libros que demuestran la veracidad del adagio latino "Corruptio optimi pessima". Nuestra visión es, y seguirá siendo, crítica, pero nadie con recta intención puede acusarnos de falta de lealtad, cuando si algo hay en nuestro trabajo es justamente lo contrario.