RetrocesoA&ONº 258/5-V-2001SumarioDesde la feContinuar
No hay santos sin Eucaristía
Juan Pablo II beatificó el domingo pasado al obispo sevillano Manuel González García; al primer beato
puertorriqueño, Carlos Manuel Rodríguez; y a tres religiosas, una canadiense y dos italianas
J. C. Roma

La Eucaristía es el secreto de los santos. Juan Pablo II lo quiso mostrar de manera sumamente plástica al elevar a los altares el domingo pasado a cinco nuevos Beatos. Entre ellos se encontraba una figura sobresaliente del episcopado español del siglo XX, monseñor Manuel González García (1877-1940), conocido en el mundo entero como el Obispo del sagrario abandonado.

Para este Papa, estas celebraciones no son simplemente el final de un proceso canónico que ha demostrado la santidad de vida de una persona. Son también la prueba de que es posible vivir el Evangelio en la vida de todos los días con resultados inesperados. Ése es el caso precisamente del obispo sevillano monseñor Manuel González García, nacido el 25 de febrero de 1877. Con 38 años, fue nombrado obispo auxiliar de Málaga, y al morir el obispo residencial fue nombrado obispo titular de la misma diócesis. Posteriormente, el Papa lo nombró obispo de Palencia, en 1935.

Como párroco y obispo mantuvo un contacto sencillo y permanente con las clases populares, especialmente con los niños. Pero su vida giraba en torno a la Eucaristía: su gran preocupación fueron los sagrarios abandonados. Convencido de que, en la Eucaristía, Jesús está realmente presente bajo las especies de pan y de vino, su gran sufrimiento era el de constatar que esa presencia amorosa del Salvador, después de tanto tiempo, fuera aún desconocida por la Humanidad, reconoció el domingo pasado el Papa durante la homilía de la beatificación, en la plaza de San Pedro, ante unos 30 mil peregrinos presentes (muchos de ellos provenientes de Málaga, Palencia, Madrid y Sevilla).

La experiencia vivida en Palomares del Río (la localidad sevillana en la que comenzó su ministerio sacerdotal) ante un sagrario abandonado le marcó para toda su vida, dedicándose desde entonces a propagar la devoción a la Eucaristía, y proclamando la frase que después quiso que fuera su epitafio: "¡Ahí está Jesús! ¡Ahí está! ¡No lo dejéis abandonado!", añadió Juan Pablo II.

Para impulsar el culto y el amor a la Eucaristía, fundó varias asociaciones: las Marías de los Sagrarios para las mujeres, los Discípulos de San Juan, para los hombres, y la rama infantil, los niños reparadores. Pero su gran obra fue la fundación de la Congregación de las Misioneras Eucarísticas de Nazaret, en 1921. Su finalidad es mantener en el mundo el espíritu eucarístico-reparador, combatiendo por todos los medios posibles el olvido y abandono de la Eucaristía.

Como representación oficial española acudió a la beatificación el Ministro de la Presidencia, don Juan José Lucas, que presidó la delegación de España.

PRIMER PORTORRIQUEÑO A LOS ALTARES


Junto al obispo sevillano, Juan Pablo II beatificó este pasado domingo a Carlos Manuel Rodríguez (1918-1963), más conocido en toda Iberoamérica y Estados Unidos como Charlie, quien se ha convertido en el primer portorriqueño elevado a la gloria de los altares. Se trata de un caso realmente particular, pues fue un laico comprometido en la vida universitaria y su causa de beatificación ha sido promovida por los universitarios, que él mismo formó en la vida cristiana.

Charlie trabajó en el Centro Universitario Católico en Río Piedras (Puerto Rico). En este contexto fundó el Círculo de Cultura Cristiana, donde transmitió un pensamiento de perfecto equilibrio cristiano entre lo natural y lo sobrenatural, lo antiguo y lo moderno. En una descripción del Círculo escribió: Necesitamos católicos despiertos al momento actual [...] Católicos del presente, que sepan nutrirse del pasado, pero con los ojos puestos en el futuro.

Su enfermedad (colitis ulcerosa) no le permitió terminar sus estudios, en los que prometía descollar. Trabajó en labores de oficina en la Universidad de Puerto Rico, cargo que luego abandonó para dedicarse por completo al trabajo en el Centro Universitario Católico.

El postulador de la causa de beatificación, el padre Romualdo Rodrigo, recuerda: Todo lo que ganaba se lo daba a los pobres. Los universitarios con los que desarrolló su apostolado han sido los que han sacado adelante su causa de beatificación.

Carlos Manuel Rodríguez —dijo el domingo el Papa— puso de relieve la llamada universal a la santidad para todos los cristianos y la importancia de que cada bautizado responda a ella de manera consciente y responsable. Que su ejemplo ayude a toda la Iglesia de Puerto Rico a ser fiel, viviendo con firme coherencia los valores y los principios cristianos recibidos en la evangelización de la Isla.

El resto de los nuevos beatos son religiosas. Se trata de la canadiense Esther Blondin (1809-1890), quien al consagrarse adoptó el nombre de Marie-Anne, fundadora de la Congregación de las Hermanas de Santa Ana; y de las italianas Caterina Volpicelli (1839-1894), fundadora de las Siervas del Sagrado Corazón, y Caterina Cittadini (1801-1857), fundadora de las Hermanas Ursulinas de Somasca.