RetrocesoA&ONº 258/5-V-2001SumarioEn portadaContinuar
El Papa viajará mañana a Siria, Grecia y Malta
Tras las huellas de san Pablo
El pasado 19 de abril se anunciaba oficialmente la agenda de la visita pastoral que el Santo Padre
realizará entre el 4 y el 8 de mayo a algunos de los lugares en los que el Apóstol de los gentiles
desarrolló su misión: Damasco, Atenas y Malta. Dos son los hitos que marcarán este viaje:
en Damasco, Juan Pablo II se convertirá en el primer Papa que entra en una mezquita,
la de los Omeyas; en Atenas, cuyo Sínodo ortodoxo, el más reticente, junto con el moscovita,
al acercamiento a Roma, dio hace poco luz verde a la visita, se dará, a juicio de muchos,
un gran paso hacia la reconciliación de las Iglesias de Oriente y Occidente
Inma Álvarez

Tras la decepción que supuso la imposibilidad de realizar el viaje a Irak durante el año pasado para visitar Ur de Caldea, la diplomacia vaticana intensificó sus esfuerzos para hacer posible el viaje de Juan Pablo II a Grecia y Siria, ya que la visita a Malta no ofrecía obstáculo alguno. En Siria, el problema era la inestabilidad política de la zona; en Grecia, la oposición de la mayoría de los ortodoxos. La posibilidad de la visita a Atenas ha sido fruto de ardua tarea diplomática: del no sin contemplaciones recibido aún el año pasado, un cierto deshielo se percibió por primera vez durante la visita del Papa al Sinaí, en cuyo monasterio de Santa Catalina, que depende de la Iglesia ortodoxa griega, fue bien recibido. En diciembre de 2000, el portavoz del Sínodo ortodoxo griego reconocía por primera vez el derecho del Papa a peregrinar a Atenas; el 24 de enero de este año llegaba a la Santa Sede la invitación oficial del Presidente de la República griega, Costis Stefanopoulos. El 9 de febrero, el mismo Papa hacía llegar una carta personal al Patriarca Christodoulos a través del nuncio, monseñor Tebet. Finalmente, el 7 de marzo, los 79 miembros del Sínodo ortodoxo griego aprobaban por unanimidad la visita del Papa.

El mensaje del Sínodo advierte que no se rechaza porque la visita tiene carácter de peregrinación, y porque el pueblo griego es hospitalario y amistoso, y aunque no se olvida ni se deja de lado la memoria histórica, tampoco quiere atascarse en callejones sin salida que oscurecen la mente y alteran las reales proporciones de los hechos, al tiempo que pide a sus fieles que no se dejen llevar por interpretaciones exageradas, a las que posiblemente serán tentados. No obstante, la trascendencia de este simbólico gesto de apertura ha sido captada de forma positiva en Georgia, cuyo Patriarcado es el más cercano a Roma, y de forma negativa en Moscú, donde tanto la Duma como el Patriarcado han endurecido aún más su negativa a una posible visita del Papa: De una hipotética visita del Papa —ha afirmado Alexis II— no se puede ni hablar.

La singular noticia ha producido diversas reacciones: algunos exponentes radicales de la ortodoxia griega han expresado públicamente su rechazo a la visita; recientemente, alguien colocó una bomba casera en la sede del Patriarcado ortodoxo de Constantinopla, cuyo titular, Bartolomeo, encabeza el sector más aperturista hacia el Papa de entre los líderes ortodoxos. Algunos se oponen a que acompañe al Papa el Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, el cardenal uniata Ignace Moussa. En principio, está prevista una visita de cortesía al Presidente de la República, y otra al Patriarca Christodoulos, así como una peregrinación al Areópago de Atenas, donde san Pablo predicó a su llegada a Grecia. También presidirá una misa en el Palacio de los Deportes, en el Centro Olímpico.

Desde Atenas, Juan Pablo II viajará a Siria, uno de los países que primero recibieron el Evangelio, y que hoy tiene una población de más de 16 millones de habitantes, de los que el 90% es musulmán. Al igual que en Grecia. También presidirá en Siria está previsto, aparte de la visita de cortesía al Presidente Bachar al Assad, un encuentro ecuménico con los ortodoxos (en Siria están representadas todas las ramas de la Iglesia Oriental, excepto la copta). Sin embargo, los encuentros más significativos se producirán con los musulmanes: por primera vez en la Historia, un Pontífice entrará a rezar a una mezquita, la de los Omeyas de Damasco, dentro de la que existe aún en pie un santuario cristiano que guarda la cabeza de Juan el Bautista. Se trata de la primera vez, ya que, durante su viaje a Israel, el Papa entró en el patio de la mezquita de Al-Aqsa de Jerusalén, pero no en el recinto sacro. Tampoco se trata de un encuentro interreligioso: las autoridades religiosas musulmanas de Damasco han hecho saber que no rezarán junto al Papa. Para algunos, el Papa quiere reafirmar la memoria de los cristianos y de los musulmanes, con dulzura pero con firmeza, recordando que una vez Siria fue la punta de lanza de la expansión del cristianismo. Uno de los momentos significativos será sin duda la gran misa solemne que se celebrará, el 6 de mayo, en el estadio de los Abasidas, con capacidad para 45.000 personas. Otro será la breve visita prevista a la parte del Golán no ocupada por Israel, donde hará una oración por la paz.

Seguidamente, el Papa volará a Malta, donde, tras la tradicional visita de cortesía al Presidente de la República, celebrará una misa de beatificaciones en la Plaza de los Graneros, de Floriana.