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Benjamín R. ManzanaresCon la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones se nos invita a descubrir la llamada de Dios y a considerar la vida como vocación favoreciendo la libertad interior, estimulando en la persona el deseo de futuro, conjuntamente con el rechazo de una concepción de la existencia pasiva, aburrida y banal. Entre los objetivos de esta Jornada están el impulsar la pastoral vocacional con el fin de que esté presente, como una dimensión permanente de toda la pastoral, y se logre crear una cultura de la vocación, así como el sensibilizar a los jóvenes para que descubran la vida como vocación y estén abiertos a una posible llamada de Dios a consagrarle su vida. Tantas veces vivimos en el ritmo de la vida, inmersos en mil quehaceres y sin saber por qué los hacemos, su sentido, o su para qué. Merece la pena pararse a pensar qué es lo que Dios quiere de cada uno, y, lo que es más, pedir al Señor que nos muestre la vocación concreta que tiene preparada para nosotros. Bien es verdad que lo fundamental es tener ya la certeza de que la vocación sólo es una: seguir a Cristo, y que la forma en la que esto se concretará sacerdocio, matrimonio o vida consagrada, se nos irá desvelando con toda claridad a través de las circunstancias cotidianas, que son signos para ser leídos. |
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UNA HISTORIA PERSONAL IRREPETIBLE
Como decía Pablo VI, la palabra vocación cualifica muy bien las relaciones de Dios con cada ser humano en la libertad del amor, porque "cada vida es vocación". Juan Pablo II nos recuerda, en el mensaje para esta Jornada, cómo vocación es la palabra que introduce en la comprensión de los dinamismos de la revelación de Dios y descubre al hombre la verdad sobre su existencia. El documento conciliar Gaudium et spes señala que la razón más profunda de la dignidad humana está en la vocación del hombre a la comunión de Dios. Ya desde su nacimiento es invitado el hombre al diálogo con Dios: pues, si existe, es porque, habiéndolo creado Dios por amor, por amor lo conserva siempre, y no vivirá plenamente conforme a la verdad, si no reconoce libremente este amor y si no se entrega a su Creador. Es en este diálogo continúa Juan Pablo II en su mensaje donde se funda la posibilidad para cada uno de "dar sentido" a la historia y a las relaciones fundamentales de su existir cotidiano, mientras se está en camino hacia la plenitud de la vida. En el origen de todo camino vocacional está el Dios-con-nosotros. Él nos revela que no estamos solos construyendo nuestra vida, porque Dios camina con nosotros en medio de nuestros quehaceres y, si nosotros lo queremos, entreteje con cada cual una maravillosa historia de amor, única e irrepetible. El reto que el Papa nos señala es descubrir la presencia de Dios en la propia historia. Este es el gran cambio que transforma el horizonte simplemente humano y lleva al hombre a comprender que no puede encontrarse plenamente a sí mismo sino en la entrega sincera de sí mismo. Juan Pablo II señala cómo en esta Jornada nuestra atención va dirigida especialmente a la necesidad y a la urgencia de los ministros ordenados y de las personas dispuestas a seguir a Cristo en el camino exigente de la vida consagrada. En la Christifideles laici nos recuerda que hay urgencia de ministros ordenados que sean garantía permanente de la presencia sacramental de Cristo Redentor en los diversos tiempos y lugares. El Papa dirige la mirada a tantos jóvenes sedientos de valores e incapaces de encontrar el camino. Sí: sólo Cristo es el Camino, la Verdad y la Vida. Cristo es nuestra única esperanza. El cartel de este año juega con un símbolo hoy día muy utilizado por los jóvenes: un teléfono móvil al que Jesús te envía un mensaje personal: primero hay que abrirlo, y después seguirLe. |