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A. Llamas PalaciosLa Plaza Mayor de Madrid estaba a rebosar. Colores, gritos, canciones, risas y miles de globos se unieron dejando atónito al turista de turno, cámara en mano. Con un pañuelo colgando en cada pequeño cuello, los 11.000 niños que llegaban de todos los rincones de España al Encuentro Nacional Misionero que se celebraba en Madrid, se habían distribuido por continentes, cada continente era un color distinto de pañuelo. ¡A ver, que se oiga al color azul, el continente de Oceanía!, gritaban dos jóvenes presentadores desde el escenario, y un rincón de la Plaza Mayor se venía abajo de aplausos y emociones. Estamos hablando del pasado sábado 28 de abril. Comenzaba entonces el Encuentro Nacional de la Infancia Misionera, bajo el lema Contigo el mundo sonreirá, organizado por las Obras Misionales Pontificias. A las 11 de la mañana tenía lugar la inauguración del Encuentro en la Plaza Mayor de Madrid, donde el cardenal Antonio María Rouco Varela, arzobispo de la capital de España que acogía el Encuentro, junto con el alcalde don José María Álvarez del Manzano, y monseñor Francisco Pérez González, obispo de Osma-Soria y Director Nacional de las Obras Misionales Pontificias, saludaron a los miles de niños que, con ilusión, comenzaban esta jornada que duraría hasta el domingo. Seguro que alguna vez os habréis preguntado por qué hay tantos niños que sufren en el mundo les decía el cardenal a las cabecitas inquietas que se removían apretujadas en la plaza: porque hay muchos corazones que no son de Jesús. ¿Estáis dispuestos a decirle a Jesús: para Ti, para toda la vida? Unos cuantos respondieron que sí, otros aplaudían entusiasmados, otros cantaban. Allí todo el mundo estaba alegre. |
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Todos los niños sujetaban fuertemente un globo en su mano. Dentro de cada uno de ellos había un mensaje, una petición personal que habían formulado y que, en un momento del Encuentro, soltarían para que volasen libremente y llegasen a tierras lejanas, donde otros niños pudieran leerlos, y cumplir así con su labor de misioneros, llevando la Buena Noticia de Jesús más allá de nuestras fronteras.
El momento llegó cuando la orquesta interpretó la canción Sé que vale la pena vivir la vida (por amor). Cuando se pronunció la palabra volcán, todos los presentes, previamente avisados, dejaron volar sus globos, y el cielo se llenó de colores. Eran niños, pero no iban solos. Religiosos, catequistas y algún que otro padre acompañante se dejó la garganta junto a sus retoños cantando el himno del encuentro: Contigo el mundo sonreirá, a voz en grito. Un desfile de banderas de todas las diócesis españolas que estaban presentes, bailes regionales madrileños, canciones, más aplausos finalizaron la inauguración. El Encuentro continuó en el Auditorium del Parque Juan Carlos I, donde tuvo lugar el Festival de la Canción Misionera, una carrera de antorchas, y un espectáculo de luz y sonido que escenificaba la historia de las misiones en España. Al día siguiente, la Eucaristía y la celebración del Envío a la Misión clausuraron el Encuentro, visiblemente exitoso. El lema Contigo el mundo sonreirá estaba representado en un logotipo, con forma de bola del mundo, en el que la T de contigo tiene una forma de cruz, simbolizando el acto de fe en la promesa misionera de Jesús, que se comprometió a estar con nosotros todos los días, y también a cada uno de nosotros, como una llamada al compromiso personal. La expresión el mundo quería expresar la universalidad del mandato de Jesús. Así, con cantos, sonrisas y mucho amor y disposición, los misioneros del tercer milenio se prepararon para llevar a cabo su misión. |