RetrocesoA&ONº 258/5-V-2001SumarioLa fotoContinuar

Los barcos de la vergüenza

Hoy, cuando a tantos que se dicen responsables se les viene a la boca la palabra libertad, de vez en cuando salta a las portadas de los periódicos la foto de la más denigrante e ignominiosa esclavitud que se creía perdida en los anales de la historia. Ahí esta, para vergüenza de toda la humanidad, ese barco, el Kodaycus, de matrícula turca y nombre falso, remolcado hasta el puerto de Gallipolli, en el sur de Italia, en el que, hacinadas y a la deriva, viajaban 600 personas indocumentadas, entre ellas, 62 niños. O ese otro barco, el Etireno, con 250 criaturas a bordo, vendidas por sus familiares como mano de obra barata a negreros y explotadores sin escrúpulos. De esos niños esclavos nadie ha vuelto a saber el paradero, salvo el de unos cuantos. No se sabe si fueron cambiados a otra nave, o sencillamente tirados por la borda al mar. Y ahí está esa foto de una multitud de personas sentadas a la orilla del mar, esperando sabe Dios qué barco, que sabe Dios a dónde les llevará. Todo el dolor y la ignominia del mundo, tan bien reflejados en ese óleo en el que Sara Iglesias, uno de los más significativos valores de la joven pintura gallega, ha sabido reflejar bajo el título El transeúnte.