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Ricardo Benjumea,enviado especial a Estrasburgo El mensaje, en realidad, es muy simple: La unidad por la que el Señor rezó en el Cenáculo es una condición para la credibilidad del testimonio cristiano. Un claro anuncio del Evangelio es particularmente urgente en Europa. Porque Europa no puede existir, ni entenderse ni edificarse sin tener en cuenta las raíces que conforman su identidad original. Con estas líneas dejaba claro el Papa, a los participantes en el encuentro ecuménico de Estrasburgo, la urgencia que para él tiene intensificar la colaboración a todos los niveles de la vida social y eclesiástica. No se trata de hacer una defensa nostálgica y conservadora de una edad dorada europea que, en realidad, nunca existió, dice a Alfa y Omega el representante en el encuentro de la Federación Internacional de Universidades Católicas, François Moog. Es algo mucho más grave: cultura significa apertura a lo trascendente. Así que esto que llamamos secularización es, además, una desculturación: la vuelta a la ley de la selva, en otras palabras. A su lado hay una joven alemana protestante: ¿Sabes? Cada vez veo más claro que hablamos el mismo idioma. Cuando digo algo así delante de otros jóvenes, de compañeros de la Universidad, me toman por loca. Y, sí, se entienden. Los abuelos de François cambiaron cuatro veces de nacionalidad sin moverse de Estrasburgo, perla codiciada por las entonces antagónicas Francia y Alemania; Heike, aunque ha pasado los últimos 10 de sus 25 años de vida en democracia, conoce bien lo que significó ser cristiano en la Alemania del Este comunista. Los dos tienen muy claro qué Europa quieren y por qué, y son dos Europas que se parecen mucho entre sí. Pero el moderador, con espíritu quizá poco ecuménico, no puede resistir la tentación de meter el dedo en la llaga: ¿Entendéis lo mismo cuando hablamos de ecumenismo? ¿Qué hay de la presencia de Cristo en la Iglesia?... Y François, que, pese a sus poco más de 30 años, es profesor de Teología en París, fundamenta bien sus argumentos. Pero un alemán no se da tan fácilmente por vencido: Para vosotros, en España, quizá la palabra ecumenismo os resulte muy lejana. En muchos países y regiones de Europa es simplemente una necesidad, no existe otra alternativa. De nada sirve que unos u otros digan que están en minoría. Hoy estamos en minoría todos los cristianos, todo lo que suene a cristiano. Tercia el francés: La fidelidad no es un ataque a los otros credos y no impide en absoluto afrontar conjuntamente ciertas preocupaciones. |
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Esta charla informal refleja en buena medida el espíritu del encuentro ecuménico de Estrasburgo, al que asistió, entre otros españoles, el obispo de Ávila, monseñor González Montes. La firma de la Carta Ecuménica, que todos los participantes califican como un paso histórico en la historia del diálogo entre los cristianos, no modifica un ápice el aspecto doctrinal, que, para la Iglesia, sigue teniendo su referente más inmediato en el documento pontificio Dominus Iesus. Se trata de recomendaciones prácticas, de líneas de trabajo a seguir por las Iglesias locales. De ahí el tono de los Secretarios Generales del CCEE y de la KEK durante el acto de la firma del documento. El segundo, el reverendo Keith Clemens, decía: Cuando empezamos este proceso, no sabíamos a dónde conduciría. Quizá hoy tampoco lo sepamos muy bien. Por eso, continuó el padre Aldo Giordano, es ahora cuando empieza la etapa más importante: traducir el texto en acciones concretas.
Nadie cuestiona el mandato de unidad dado por Cristo. Todos aceptan el Creo en una sola Iglesia católica y apostólica, es decir, universal. Pero, más allá del reconocimiento de la unidad en el Cuerpo de Cristo, los frutos últimos, la plena comunión entre los discípulos de Cristo, en palabras del Papa, no se verán hoy ni mañana. Y, aun así, es muchísimo lo que se ha avanzado en los últimos años y décadas, por no mencionar sólo la trascendencia ecuménica del Gran Jubileo. Dos cardenales recordaban con palabras casi idénticas cómo hace no tanto tiempo, siendo sacerdotes, pisar un templo protestante produjo en ellos la sensación de haber quebrado alguna grave ley; o la reacción de muchos líderes luteranos cuando se les invitó al Concilio Vaticano II y tomaron a Juan XXIII por poco menos que un loco. Suena raro a oídos jóvenes. Pero, por eso mismo, a ellos, presente y futuro del cristianismo en Europa, se les encomienda la responsabilidad de alcanzar la tierra prometida. |
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LA EUROPA DEL ESPÍRITU
Más de un malentendido, en cualquier caso, puede ayudar a esclarecer este encuentro. Por ejemplo, Bosnia-Herzegovina... Católicos y ortodoxos queremos vivir juntos en paz. ¿Por qué no nos dejan?, decía una joven del país balcánico. O Irlanda del Norte. En palabras del cardenal O'Connor a Alfa y Omega, ya nadie podrá decir que se trata de un conflicto entre religiones. Pero es sobre todo de futuro de lo que se ha hablado y, en primer lugar, del futuro de Europa. Sin contenido espiritual y ético dijo el cardenal Vlk la construcción europea no puede afrontar cuestiones decisivas como son hoy la ingeniería genética, la defensa de la familia o la violencia contra las mujeres y los niños. El doctor Vöcking, miembro del Comité del CCEE, denuncia la supresión de la palabra Dios en el proyecto de Carta Europea de Derechos Fundamentales, discutido en la pasada cumbre de Niza. Los derechos humanos que se pretende defender tienen una raíz cristiana, se insertan en una cultura cristiana. Por eso urge llevar el Evangelio a las instituciones y a la política europeas. Estamos jugando con fuego. Se pretende suprimir a Cristo de la vida pública y de la educación de nuestros jóvenes. Somos tolerantes con todo lo ajeno, pero, a la vez, tiramos piedras contra nuestro propio tejado. Porque el peligro de conformar una sociedad amorfa es real. Las sectas, las pseudo religiones o el Islam encuentran así un terreno totalmente propicio. Al doctor Vöcking, en cualquier caso, no le importa parecer políticamente incorrecto cuando afirma que, sin cristianismo, desaparece lo que conocemos por Europa. Es sencillamente así, moleste a quien moleste. ¿Por qué no vamos a decirlo claramente? No fue un acto gratuito la presentación de la Carta Ecuménica en el Consejo de Europa, que, pese a sus limitadas competencias, encarna el anhelo de construir el continente (reconstruir sobre las ruinas de la segunda guerra mundial, en el momento de su fundación) sobre el respeto a los derechos humanos y la dignidad de la persona. Y, sin embargo, no fue tanto un documento lo que presentaron el CCEE y la KEK, como testimonios de personas sobre el descubrimiento de Cristo en sus vidas, el gran tesoro de las Iglesias. Entre otros, subió a la tribuna un funcionario de la organización y, a la vez, pastor anglicano en Estrasburgo: El problema de representar tan altos ideales es la dificultad para alcanzarlos. En la práctica prima el realismo político y nos vemos obligados a vivir en constante traición a lo que representamos. Mucha gente, por eso, se vuelve cínica. Es la fe cristiana la que marca la diferencia. El austríaco Michael Weninger, consejero del Presidente de la Comisión Europea para la relación con las Iglesias y las comunidades religiosas y para los países del Este y sudeste europeos no candidatos a la adhesión, explicaba en qué consiste esa diferencia: El Viernes de Pasión es una amarga realidad para todo el mundo. Ahí podemos estar todos de acuerdo. Pero para mí existe además el Domingo de Resurrección. Porque, dice, por sus vivencias y su actividad junto con personas de todo tipo de ideologías en el turbulento año de gracia de 1968, y recordando en concreto la invasión soviética de Checoslovaquia, no basta con denunciar y pretender derribar injusticias: hay que proponer. |
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EL PRECIO DE LA LIBERTAD
La libertad tiene un precio: exige un ejercicio responsable. Esta preocupación apereció constantemente durante el encuentro, al hablar de la antigua Europa comunista, que, en muchos casos, ha quedado con sus referentes éticos y religiosos seriamente debilitados, dando así rienda suelta a serios problemas como el del nacionalismo. Pero, no con menos razón, la cuestión apareció también al hablar de la juventud europea en los albores del nuevo siglo. Como dijo François Moog, antes, en tiempos de mis abuelos, se daba por supuesto que se era cristiano. ¿Pero eran mejores cristianos los de entonces que los de ahora? Francamente, no lo creo. Ahí está la historia europea del último siglo... Porque quizá se trataba demasiado a menudo de "cristianos adormecidos", que no veían la necesidad de preguntarse por qué eran cristianos, o si en absoluto eran cristianos. Hoy, en cambio, creo que la Iglesia es más viva, porque los cristianos son más conscientes de que, por su fe, asumen el compromiso de dar testimonio del Evangelio en el mundo. Y eso, a menudo, significa para el joven cristiano europeo una actitud de permanente rebeldía en una cultura que, paradójicamente, pretende divinizar la juventud. Con un refrán alemán lo explicaba el padre Paul Hüster, uno de los organizadores del encuentro ecuménico y responsable para los jóvenes, en la Conferencia Episcopal Alemana: Los peces muertos nadan a favor de la corriente. Pero no basta con esa rebeldía, por muy sana y justificada que sea. En la crítica podemos estar de acuerdo, pero sólo una fe firme y sólida puede ser duradera y resistir los avatares diarios. No hay, en cualquier caso, razón para el pesimismo, decía a Alfa y Omega monseñor Antonio Baltasar Marcelino, obispo de Aveiro y representante estos días, en Estrasburgo, de la Conferencia Episcopal Portuguesa: Yo tengo mucha confianza en la juventud de hoy. Creo que hay un problema de desorientación, pero hay muchísimos y muy importantes valores en ella, y un fuerte anhelo de absoluto que, quizá, en muchos casos no ha sabido encontrar respuestas adecuadas. Creo que el futuro de Europa está en buenas manos. |