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I. A.Hablar de Borgia ha significado durante mucho tiempo sacar a relucir oscuras historias de venenos, intrigas políticas, poder, satanismo, violencia y todo tipo de degeneraciones sexuales en los bellos y decadentes palacios de la Roma renacentista, de manos de un Papa que ha pasado a la Historia como encarnación del Anticristo. Sin embargo, esta visión panfletaria es fruto de una venganza particular de Giovanni Sforza, rechazado primer marido de la famosa Lucrecia Borgia, hija natural de Alejandro IV. Pero ni la mitad de las acusaciones que se vierten sobre los Borja (o Borgia) han sido corroboradas por las investigaciones, ni los hechos confirmados difieren mucho de las prácticas habituales en todas las cortes reinantes de Europa. Lo verdaderamente sorprendente, como señala el mismo autor, es que en menos de cien años una familia valenciana de origenes más bien modestos, aunque de refinada inteligencia y habilidad política, haya dado a la Historia nada menos que dos Papas y docena larga de cardenales, amén de emparentar con la nobleza más depurada de Europa. Y, finalmente, uno de los santos más importantes de la Contrarreforma. En lo tocante a la actividad de los Papas Borja, Calixto III y Alejandro VI, su protagonismo en la historia de Europa es innegable: el primero, cuando no era más que el canónigo Alfonso de Borja, contribuyó a la conclusión del cisma de Aviñón, obteniendo la abdicación voluntaria del último Papa de Peñíscola, Clemente VIII. Como Papa, frenó la invasión de los otomanos venciéndolos ante las puertas de Belgrado; intentó independizar el poder papal de las influencias de su tiempo, fundamentalmente de Aragón y Francia obviamente convirtiendo a Roma en otro poder; intentó sanear la economía y la seguridad de una Roma que entonces en nada se parecía a la de Miguel Ángel; e instituyó la práctica del rezo del Ángelus. Su sobrino Rodrigo, el controvertido Alejandro VI, es también el impulsor de la evangelización de la recién descubierta América y el que sentó las bases del Tratado de Tordesillas; es el ejecutor de Savonarola, el protector de los primeros artistas del Renacimiento (Leonardo da Vinci era ingeniero militar de su hijo César) y autor de los primeros edificios emblemáticos de la Urbe, el impulsor de la Academia Romana y, en fin, el protector de Alessandro Farnese, el futuro Pablo III, quien convocaría el Concilio de Trento, encargaría la Capilla Sixtina a Miguel Ángel y aprobaría la Compañía de Jesús, de la que un descendiente de Alejandro VI, san Francisco de Borja, sería General y figura insigne durante el Concilio. Para la mentalidad de la época, era compatible una vida más o menos disoluta con la perfecta observancia de la ortodoxia en la fe, en un tiempo turbulento en el que se creaban los Estados modernos y se combatía a los turcos, en el que el poder temporal de la Iglesia era un pilar fundamental para la existencia de Europa, con sus luces y sus sombras. Joan Francesc Mira ya ganó, entre otros, el Premio Nacional de la Crítica por su novela Borja Papa. Ahora prepara una obra mucho más extensa, Diplomatario Borgia: unos 50 volúmenes, con toda la documentación oficial y la correspondencia conservada de esta singular familia española. |