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15 de mayo: Fiesta de San Isidro
Un labrador de gran caridad
En Mantua Carpetana, sede de los reyes de España, llamada comúnmente Madrid, perteneciente a la diócesis de Toledo, nacido de humildes pero piadosos y católicos padres, floreció Isidro en el siglo XII.

Desde su infancia practicó Isidro las virtudes cristianas, con tal grado de perfección, que en su edad adulta prefirió vivir de la agricultura, por parecerle el oficio más humilde, más penoso y más apto y seguro para la salvación de su alma.

Toda su vida la desempeñó de manera que no fuera obstáculo, ni un solo día, para sus prácticas piadosas y vida religiosa. Nunca fue a labrar sin haber asistido primero al santo sacrificio de la misa, y haber implorado el auxilio de Dios y de la bienaventurada Virgen María.

En muchas ocasiones se vio protegido por el favor del cielo, en particular cuando fue acusado ante el amo de la tierra que cultivaba, de parecer negligente en su trabajo por su excesiva dedicación a las prácticas de piedad. El amo, lleno de cólera, marchó al campo que suponía abandonado, para castigar a Isidro. A su llegada, le vio arar con su yunta de bueyes, entre dos más, guiadas por otros tantos jóvenes, vestidos de blanco, que desaparecieron nada más aproximarse a Isidro. Comprendió entonces el dueño lo que muchas veces le había asegurado Isidro: que no eran horas perdidas las empleadas en el divino servicio.

Fue tan grande la caridad de Isidro hacia los demás que, aun siendo pobre, se privaba a sí mismo de lo necesario, para entregárselo a los necesitados. Un buen día se acercó un mendigo a pedirle limosna. Muy apenado Isidro por no tener con qué socorrerle, porfió a su piadosísima mujer para que le diera alimentos. Ella, ante la insistencia de Isidro, aun sabiendo que la olla estaba vacía, por obedecerle, la registró una y otra vez. La encontró, al cabo, repleta de comida. De ella pudo extraer alimentos en abundancia y saciar el hambre de aquel mendigo.

Tan grande fue la confianza de este buen hombre en Dios, que en todos los asuntos, aun siendo grandes y difíciles, se mantenía seguro y esperanzado. Dios puso de manifiesto los méritos y santidad de san Isidro con otros muchos y grandes milagros, hechos durante su vida.

De la bula Rationi congruit,
de Benedicto XIII (4 de junio 1724)

ÁNGELUS

El ángel del Señor anunció a María,
y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo.

He aquí la esclava del Señor;
hágase en mí según tu palabra

Y el Verbo se hizo carne;
y habita entre nosotros

Ave María...

Ruega por nosotros,Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Derrama, Señor, tu gracia en nuestras almas, para que los que hemos conocido por el anuncio del ángel, la encarnación de tu Hijo, Jesucristo, seamos llevados, por los méritos de suPasión y Muerte, a la gloria de la Resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

¡Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo!

Como era en un principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.Amén.