RetrocesoA&ONº 259/10-V-2001SumarioDesde la feContinuar
No es verdad
Don Juan Alberto Belloch ha escrito recientemente un interesante pero desigual artículo, titulado La Iglesia. Le honra el reconocimiento explícito de que la religión católica fue la religión de mis padres, las dos personas más honestas e inteligentes que he conocido. Quizá por eso, cualquier ofensa gratuita a la Iglesia, me ofende... No se entiende fácilmente que, veinte líneas más abajo, escriba algo que, sin duda, sorprendería a sus padres: Al propio tiempo, siento un descriptible horror por la inquietante y estúpida negación que la Iglesia de los últimos siglos hace de lo sexual, como si no fuera parte indisociable de nuestra relación con la espiritualidad. De igual modo rechazo desde lo más hondo la insultante proclividad de la jerarquía a comprender en exceso a los poderosos... La Iglesia —la de los comienzos, la del medio, la de los últimos siglos y la de ahora mismo— no hace negación de lo sexual. No es verdad: ni inquietante, ni estúpida, ni de ninguna clase. Bien al contrario, hace la más alta y noble de las afirmaciones sobre la auténtica verdad de lo sexual, y otro tanto cabría decir sobre la comprensión de los poderosos. Si el señor Belloch ha tenido en su vida la mala suerte de encontrarse con algún exponente de la Iglesia que le haya podido dar esa impresión, habrá que recordarle que las excepciones confirman la regla; que ninguna religión cree en la resurrección de la carne, ni tiene un Dios que se haya encarnado, y ya me contará si cabe exaltación mayor de la carne. Y ¿me puede decir alguna institución, partido político o lo que quiera, que acoja, ayude, aliente, comparta, viva más con los pobres, que la Iglesia católica? Las demagogias y las retóricas están muy bien para los mítines verbeneros, pero no cuelan, si hablamos en serio. Y a una persona de la categoría del señor Belloch cabe exigirle más realismo, porque no es un pobre Andrés Trapiello, que empieza un artículo titulado Clientela religiosa, así: Pobres curas, pobres obispos. No es fácil entender la importancia que se les da..., cuando hasta él empieza por darles importancia, escribiendo de ellos.
Los obispos estuvieron en el 23-F con el tricornio que ocupó el Congreso. La Iglesia tuvo responsabilidad en la represión franquista. Son dos frases entrecomilladas con las que, respectivamente, El Periódico de Cataluña y El País han titulado sendas entrevistas con el historiador y monje benedictino de Montserrat Hilari Raguer, que aparece en la foto de El País con corbata y cazadora. Causa mucha tristeza que un monje benedictino hable con tanta frivolidad —¿cómo se puede ser monje con tanto resentimiento en el corazón?—, y produce rechazo que alguien que se dice historiador se exprese con la superficialidad y la falta de rigor que a todo historiador verdadero le es exigible.

Toda una página dedica El País, bajo el título Holanda, a la vanguardia social, para comentar las excelencias del nuevo modelo social que allí se ha fraguado con nuevas leyes como la de la eutanasia, que ha conseguido que nadie de más de 50 años quiera aparecer ni por asomo por ningún hospital holandés, la del imposible matrimonio entre homosexuales, la de la legalización de la droga, todo lo cual, a El País, le parece un modelo de convivencia. Y podría serlo, pero en un zoo, no en una sociedad formada por seres humanos racionales y responsables. Aquí, entre nosotros —como todavía queda alguna vergüenza, de momento tímidamente, pero cada vez con más desfachatez—, algunos quieren parecérseles. Así por ejemplo, la Junta de Andalucía ha autorizado a una serie de empresas de productos para la mujer que hagan publicidad con una carpeta, que la Junta regala a las niñas, en la que los anticonceptivos son presentados como la panacea, sin contraindicación alguna.

Gonzalo de Berceo