RetrocesoA&ONº 259/10-V-2001SumarioDesde la feContinuar
Los católicos italianos, ante las elecciones generales del próximo domingo
Votar tapándose la nariz
J. C. Roma

Francesco Rutelli o Silvio Berlusconi: éste es el dilema que plantean las urnas a los italianos este domingo. Un dilema complicado para los católicos, que ven más contras que pros en los carteles electorales que apoyan a los dos candidatos. Y, como la conciencia civil de los creyentes en este país es bastante aguda, irán a votar, pero, como dijo en una ocasión el periodista Indro Montanelli, votarán tapándose la nariz, es decir, por el menos malo.

Parece que ha pasado casi un siglo desde que, a inicios de los noventa, se derrumbara la Democracia Cristiana, arrollada por los escándalos. Hasta entonces, para los católicos italianos votar era bastante fácil: bastaba rellenar con una cruz los nombres de los candidatos democristianos, que en sus programas, invariablemente, se comprometían a defender los valores cristianos. Ahora es más complicado. Por una parte, el líder de la Casa de las Libertades, el magnate de los medios de comunicación Silvio Berlusconi, que desde 1994, cuando desembarcó en la política para salvar su imperio —como él mismo ha reconocido— no ha logrado encontrar una solución al conflicto de intereses. En democracia no es muy saludable ser Primer Ministro y controlar todas las cadenas de televisión del país (las públicas y las privadas) y, lo que es más importante, dirigir la agencia de recaudación de contratos publicitarios, Publitalia, que absorbe el 90% de todos los anuncios televisivos (tanto de la RAI como de Mediaset).

Su coalición electoral es de lo más variado. Reúne ante todo a Forza Italia, partido-empresa de centro derecha que creó el mismo Berlusconi, a propuesta del socialista fallecido Bettino Craxi, y del que forman parte ex socialistas, ex radicales, democristianos, y liberales de derechas. Es el partido más votado de la Casa de las Libertades, liderada también por Berlusconi, coalición de la que forman parte pequeños partidos de centro-derecha surgidos de la descomposición de la Democracia Cristiana, así como Alianza Nacional, partido que ha abdicado oficialmente de los principios del nacional-fascismo de los que históricamente proviene. Dos acuerdos electorales dan más color aún a la Casa de las Libertades de Berlusconi: el apoyo de la Liga Lombarda, partido nacionalista del norte de Italia, al que con frecuencia se le escapan declaraciones xenófobas, y el apoyo limitado a algunas regiones de la Llama Tricolor, fuerza que todavía profesa el credo de Mussolini.

Del otro lado del ring, al frente del cartel electoral del Olivo, se encuentra Francesco Rutelli, el ex alcalde de Roma a quien se le atribuye (y con razón) el éxito de organización del Jubileo del año 2000. Rutelli, que procede del Partido Radical de Marco Pannella y Emma Bonino, se ha acercado a las posiciones democristianas e incluso ha abrazado la fe católica. Con esta tarjeta de visita, Rutelli se presenta como candidato ideal para los católicos. Ahora bien, el Olivo lo componen sobre todo los Demócratas de Izquierdas, evolución política del antiguo Partido Comunista italiano. Esta formación apoya postulados que los católicos rechazan: ampliación del aborto, liberalización de la fecundación artificial, equiparación de las parejas de hecho al matrimonio, adopción de niños por parte de homosexuales, etc. Si bien el Olivo cuenta con el contrapeso de la rama de centro-izquierda de la antigua Democracia Cristiana, en su seno se encuentran también pequeños partidos que no han renunciado al comunismo. Entre Guatemala y Guatepeor, los electores cuentan con una tercera opción, Democracia Europea, un partido creado por el líder sindical cristiano Sergio D'Antoni, por sugerencia del inoxidable Giulio Andreotti. Ahora bien, el pasado histórico de sus miembros, ligados a los años de corrupción democristianos, su elevada edad, y el haber surgido en vísperas de la campaña electoral, quita peso a este partido como opción decisiva.

La Santa Sede ha dado un paso sin precedentes: en respuesta a las peticiones de Rutelli y de Berlusconi, el cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado de Juan Pablo II, organizó una serie de audiencias a políticos de todas las tendencias para escuchar sus propuestas electorales. El cardenal Camillo Ruini, Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, ha expuesto cuáles son los principios que deben inspirar el voto católico, pero sin ofrecer ninguna preferencia política.

En los últimos ocho años, los católicos italianos se están acostumbrando a votar tapándose la nariz. Y no hay nada peor para la democracia que los votantes pierdan la ilusión.