Tan fría que ni la fuerza del cálculo y del rencor de la odiosa cuñada (buen trabajo el de Sonsoles Benedicto en el papel de esta Leonor), ni tampoco el buen hacer de Kiti Mánver, en su papel de protagonista, consiguen darle un mínimo calor humano. No se le pueden pedir peras al olmo..., ni el mejor actor puede hacer que el frío sea cálido.
No es, desde luego, Madrugada (1953) ¿para qué vamos a andarnos con rodeos? una de las inolvidables creaciones dramáticas de Buero. Con un comienzo premioso y un tema rebuscado y no por tópico más creíble, Buero supo diseñar y perfilar mucho mejor en otras obras suyas la acerada crítica social del mundo de la mentira y del egoísmo, de la doblez y de la envidia, de la avaricia y de la codicia más deleznables, el de la mezquindad amoral de una ralea humana que no tiene más horizonte en la vida que el dinero y la herencia: Se muere de todos modos; ¿qué más da adelantarlo todo un poco?, insinúa el director-actor (Manuel de Blas) desde su personaje cínico del todo vale, cuando aún no sabe que el rico al que heredar lleva ya muerto varias horas. Daría la vida llega a decir un personaje por saber que él también me odia... Y Ése es uno de los pocos que piensan que hay cosas más importantes que el dinero, dice otro.