RetrocesoA&ONº 259/10-V-2001SumarioDesde la feContinuar
Teatro
Una fría luz azul,
en una Madrugada baldía
Es quizá el mayor acierto, a mi entender, de esta desigual representación de Madrugada, de Buero Vallejo, en el Centro Cultural de la Villa, de Madrid: la fría luz azulada que domina la escena de principio a fin. José Luis López ha acertado de lleno, porque efectivamente ésta es una fría, muy fría y tampoco demasiado original comedia de intriga y suspense.

Tan fría que ni la fuerza del cálculo y del rencor de la odiosa cuñada (buen trabajo el de Sonsoles Benedicto en el papel de esta Leonor), ni tampoco el buen hacer de Kiti Mánver, en su papel de protagonista, consiguen darle un mínimo calor humano. No se le pueden pedir peras al olmo..., ni el mejor actor puede hacer que el frío sea cálido.

No es, desde luego, Madrugada (1953) —¿para qué vamos a andarnos con rodeos?— una de las inolvidables creaciones dramáticas de Buero. Con un comienzo premioso y un tema rebuscado y no por tópico más creíble, Buero supo diseñar y perfilar mucho mejor en otras obras suyas la acerada crítica social del mundo de la mentira y del egoísmo, de la doblez y de la envidia, de la avaricia y de la codicia más deleznables, el de la mezquindad amoral de una ralea humana que no tiene más horizonte en la vida que el dinero y la herencia: Se muere de todos modos; ¿qué más da adelantarlo todo un poco?, insinúa el director-actor (Manuel de Blas) desde su personaje cínico del todo vale, cuando aún no sabe que el rico al que heredar lleva ya muerto varias horas. Daría la vida —llega a decir un personaje— por saber que él también me odia... Y Ése es uno de los pocos que piensan que hay cosas más importantes que el dinero, dice otro.

Madrugada baldía. ¿Es la más idónea esta obra para rendir homenaje a Buero? Un moralismo feminista de avanzadilla, pero de pacotilla, baldío en grado sumo, antes, en 1953 y siempre. Ni brizna de humanidad y, por tanto, ni brizna de trascendencia, claro. Cada cual da lo que tiene: efectos, carpintería teatral, indudable oficio; pero, al fondo, sólo una fría, desencantada, baldía luz azul.