RetrocesoA&ONº 259/10-V-2001SumarioDesde la feContinuar
Literatura
Nuevos cuentos para nuestro tiempo
Érase una vez en un país muy lejano la bella durmiente del... ¡Perdón, me he equivocado! Es otro cuento también de bella durmiente, pero no del bosque.

La historia comienza en Madrid y el nombre de la protagonista era Concha. Un día corriente fue a merendar y ...¡plaf! Se quedó dormida. Tuvo que estar mucho tiempo en un sitio que se llama U.V.I. y después la subieron a una habitación, pero seguía profundamente dormida. Los días pasaban y las semanas y los meses, pero cada día, cada minuto, cada segundo estaba acompañada de personas que la querían. Recibía besos, caricias, sonrisas, canciones y tertulias familiares contándole de todo.

Un buen día despertó y nos sonrió; estaba delgada y su cuerpo era una llaga. Le dábamos la comida poco a poco. Se tenía que dejar hacer todo. Ella no podía hacer nada. ¿Qué digo? ¿Nada? Me equivoco: sonreía, rezaba, agradecía.

Pasó el tiempo y su habitación era un foco de alegría. Médicos, enfermeras, familia y amistades... todos estaban contentos con ella.

¿Y por qué estoy llamando cuento a esta tremenda realidad? Porque a los defensores de la eutanasia les parecerá un cuento, y por eso quiero dedicárselo a ellos.

Ahora, Concha está en el cielo. Se nos fue gastada, pero feliz.

Moraleja del cuento:

Señores políticos, sanitarios o familiares de enfermos terminales: pongan medios, no para quitar la vida, pongan medios para ayudar al enfermo a aceptar su enfermedad. Rodéenle de cariño y de alegría.

Y, por último: todos sabemos que para superar lo humanamente insuperable hay que acudir a la gracia sobrenatural, que está en la Unción de los Enfermos.

Marisa Díaz-Pinés