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Inma ÁlvarezEl matrimonio, institución milenaria occidental caracterizada por la monogamia, la heterosexualidad, estabilidad, formalidad (expresión del consentimiento ante la autoridad), orientada a la procreación y basada en un consentimiento libre, parece vivir hoy sus horas bajas, ya que viene siendo cuestionado desde hace décadas en cada una de estas definiciones fundamentales. Pero la crisis, según monseñor Francisco Gil Hellín, Secretario del Consejo Pontificio para la Familia, no es gratuita: Se dan cada vez más casos de violencia en el seno de las familias, de hijos que matan a sus padres, divorcios y suicidios de jóvenes cada vez más numerosos Algo profundo no funciona en una comunidad humana donde estos casos abundan y, ciertamente, algo importante ha sido destruido en los hogares o familias donde estas realidades son posibles. |
| Junto a estos datos, se están produciendo paralelamente, según el catedrático de Derecho, de la Universidad Complutense, don Rafael Navarro Valls, tímidos signos de recuperación, especialmente en Estados Unidos, laboratorio de casi todos los cambios sociales contemporáneos: algunos Estados como el de Louisiana han aprobado el llamado matrimonio blindado para toda la vida; por otro lado, el anterior Presidente, Clinton, poco sospechoso de conservadurismo, aprobaba en 1997 la ley federal de defensa del matrimonio, que reza así: Un matrimonio entre personas del mismo sexo daría al traste con miles de años de estabilidad social basados en el matrimonio tradicional. A partir de esa ley, en Estados Unidos el término matrimonio significa una unión legal entre un hombre y una mujer como marido o esposa. También cabe destacar algunas sentencias del Tribunal Europeo de Derechos Humanos y del Tribunal Constitucional español. Hay una vuelta al llamado matrimonio tradicional como único capaz de salvaguardar el orden social. No obstante recuerda el profesor Navarro Valls, el retorno es todavía de "tempus" lento, porque estas iniciativas se entrecruzan con otras que siguen adelante con el proceso de erosión.
¿De dónde procede esta crisis de la institución familiar? Varias son las explicaciones, y de diversas índoles, aunque todas ellas tienen un punto en común: la marginación de las ideas de comunidad y de persona frente al auge del individualismo, que según el psiquiatra don Aquilino Polaino, Director de la División de Psicología y Psiquiatría del Instituto de Ciencias para la Familia y miembro de la Academia Pontificia Pro Vita, es ya el rasgo característico de este recién estrenado siglo XXI. Desde el punto de vista de la filosofía antropológica, según monseñor Carlo Caffarra, arzobispo de Ferrara y miembro del Consejo de la Presidencia del Consejo Pontificio para la Familia, el pensamiento occidental actual sobre la familia se caracteriza por tres separaciones de conceptos inicialmente ligados entre sí: En primer lugar, la separación cuerpo-persona, perdiéndose la definición tomista de la unidad entre ambos, de nuestro ser corpóreos; en segundo lugar, la separación entre "eros" y amor, que desresponsabiliza a la persona frente a su propia sexualidad afirmando que ésta no puede ni debe ser ordenada por la razón; en tercer lugar, la separación entre los fines unitivo y creativo. ¡Aún se cree que es posible un amor conyugal verdadero y cerrado a la vida! Se ha ennoblecido la contracepción como una "conquista de la libertad", y, al final del proceso, encontramos un hecho que no había sucedido nunca antes en la Historia: se ha cuestionado la definición misma de la institución familiar. |
| LA IDEOLOGÍA DEL GÉNERO
En la cumbre mundial de Pekín (1995) se puso de relevancia el empuje de una ideología muy concreta, que pretende introducir y consagrar, según el catedrático de Antropología Filosófica de la Universidad Gregoriana de Roma profesor Ramón Lucas, una eliminación de la bipolaridad sexual de la especie humana, en lo que se conoce como ideología del género. Se trata en realidad de un último reducto del marxismo, que aplica la dialéctica de la lucha de clases a la diferencia existente entre el hombre y la mujer, de forma que para evitar la opresión del primero hacia la segunda (obligada a permanecer en el hogar), el objetivo es hacer desaparecer la diferencia. Surge así la teoría de que la división de los sexos es una construcción exclusivamente cultural, sin base real, que hay que eliminar mediante la separación de sexo y género: el género es el modo de comportamiento sexual, sea heterosexual, homosexual o bisexual, y es un derecho que la persona ejerce libremente. Esta ideología asegura el profesor Ramón Lucas contrasta absolutamente con todos los datos científicos que hoy poseemos a nivel cromosómico. La diferencia entre el hombre y la mujer a nivel molecular condiciona física y psicológicamente, incluso el desarrollo cerebral es distinto. Pero este afán de introducir la violencia de la lucha de clases entre el hombre y la mujer por parte del marxismo no supone novedad alguna. Ya dijo Engels en su día que "el gran antagonista de la lucha de clases es la familia". En realidad, la crisis de la familia viene de la crisis de la mujer, señala el profesor Polaino, y fundamentalmente de la falta de comunicación en el seno de la pareja, junto con el miedo al compromiso. Y afirma asimismo: El individualismo de nuestra época, que se da en todos los aspectos antropológicos y socioculturales de la persona, constituye la más radical antítesis del matrimonio, y gran parte de los problemas actuales podrían superarse con una terapia basada en recuperar el concepto de la donación entre los cónyuges. En mi larga experiencia profesional he podido constatar que la mejor terapia es aquella que remite al modelo del matrimonio cristiano. |
| LA FAMILIA, BUENA NOTICIA PARA EL HOMBRE
Muchos sufrimientos del hombre de hoy vienen por experiencias frustrantes en el ámbito del matrimonio y la familia. Esta frase pertenece a la introducción del documento sobre la familia, recientemente aprobado por la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española el pasado 27 de abril. ¿De dónde le viene a la familia su determinante función en la vida del ser humano? Según el profesor Pedro Juan Viladrich, catedrático de Derecho y director del Instituto de Ciencias para la Familia, el secreto de la familia es que constituye la red de nuestras identidades sociales: uno es, antes que profesor o empresario o indigente, hijo y hermano, padre y nieto; es una identidad cobiográfica. El quién de cada uno es fruto de una relación concreta entre dos personas, y es un dato que, para bien y para mal, acompaña al hombre toda la vida. La familia es el lugar donde lo valemos todo desnudos de todo. La Iglesia otorga, en virtud de la Revelación, un lugar aún más excelso al matrimonio y a la familia: según monseñor Juan Antonio Reig Pla, obispo de Segorbe-Castellón y Presidente de la Comisión Episcopal Familia y vida, la familia tiene categoría de Evangelio: La aspiración más íntima y fundamental del corazón del hombre, aquella que muchas veces debe ahogar porque no encuentra en el mundo forma de realizarla, es la de ser amado totalmente y para siempre. Pues bien, el matrimonio es hoy una buena noticia para el hombre, porque cumple estas expectativas en la medida en la que el mismo matrimonio ha sido también redimido por Cristo en la cruz. En esta lógica es en la que se puede hablar de matrimonio para siempre, porque sólo quien se vincula profundamente es absolutamente libre. Según el padre Abelardo Lobato, dominico, Rector de la Facultad de Teología de Lugano (Suiza) y Delegado de la Santa Sede para el Consejo de Europa para los Derechos Humanos, en la teología cristiana la familia tiene tres características: es imago Dei, imagen de Dios uno; es también imago Trinitatis, es decir, es imagen del Dios trino en tanto en cuanto es una unidad de personas diferentes en cuya unión subsiste la diferencia; y es también communio personarum, comunión de personas. Para recuperar la familia es necesario volver al principio, al plan de Dios. La familia es comunión de personas, y es así precisamente donde se convierte en el único reducto en el que se puede desarrollar verdaderamente la humanidad del hombre. |
| CRISIS DE LA PATERNIDAD: HIJOS PROGRAMADOS
Para Viladrich, una de las causas de la crisis de la familia es que ese dato cobiográfico fundamental se ha marginado, frente a una red de realizaciones sociales, como piezas de un entramado socioeconómico. En la misma línea Teresa Suárez del Villar, médico de familia, afirma que la gran carencia de nuestra sociedad es que los padres han olvidado que ellos mismos han sido antes hijos: Se sustituye un dato de hecho, que es que el origen de la vida es un don a cambio de nada, y no una conquista de la voluntad, por la voluntad energúmena de "hacer yo". Un yo que logra ser querido, que se lo merece, que está a la altura Aquí es donde se han equivocado los padres de estas generaciones llenas de dolor: no les han transmitido que han sido queridos desde siempre. Estos hijos programados, por ejemplo, cuando la carrera profesional ya está madura, o en la primavera para poder juntar las vacaciones de verano al descanso maternal, han nacido como si no hubiesen sido queridos por sí mismos sino producidos para llenar un vacío. Monseñor Carlo Caffarra argumenta que el origen de la crisis se encuentra en la separación de los fines unitivo y creativo del acto sexual, el sexo sin niño y el niño sin sexo: la concepción del hijo como un derecho de los padres. Lo que mueve a las parejas a solicitar la fecundación "in vitro" es exclusivamente el deseo de tener un hijo, y aquí reside la razón intrínseca de su ilicitud, que viene por esa relación injusta hacia ese hijo. En este caso, los padres sólo podrían decir al nuevo ser: "Es un bien que tú existas porque llenas mi deseo de paternidad", mientras que en el caso de una unión conyugal, los padres pueden decir: "Es un bien que tú existas porque nosotros nos hemos amado". Tanto monseñor Gil Hellín como el profesor Aquilino Polaino coinciden en afirmar que una de las causas del divorcio es precisamente esta separación entre el acto sexual y la procreación: La causa profunda de muchas separaciones matrimoniales está en las prácticas anticonceptivas y el aborto; porque cuando el otro es solamente un objeto para el placer, también es sustituible. |
| LA FAMILIA Y EL ESTADO: ¿PROTECCIÓN O DESANTECIÓN?
Uno de los argumentos que esgrimen los defensores de la regularización de las uniones de hecho es la ineludibilidad de los hechos en sociedades democráticas en las que han de protegerse los derechos de las personas. Sin embargo, Navarro Valls considera que, no sólo para proteger el matrimonio como institución, sino incluso para la mayor parte de las parejas de hecho, no es conveniente la regularización, porque podría suponer la creación de una especie de matrimonios forzados en la medida en que el Derecho invade el ámbito de unas relaciones de naturaleza privada. Por otro lado, como señala monseñor Caffarra, tampoco puede eludirse la función formativa de las leyes: es absolutamente necesario que la familia reciba un mayor reconocimiento en el ámbito civil. Una de las tareas principales del hombre es el compromiso en la construcción de una sociedad civil más acorde con la dignidad de las personas. No es posible afirma, en el mismo sentido, monseñor Gil Hellín que los rectores del bien común puedan cumplir seriamente su deber, y a la vez sean indiferentes o hasta permisivos para con las leyes que perjudican la estabilidad de la unión conyugal. Un bien social no se impone mediante decreto, pero si las leyes favorecen y privilegian aquel bien, se está con ello orientando la voluntad libre de los ciudadanos a cuanto refuerza y redunda en bien de la sociedad. El cardenal López Trujillo, Presidente del Consejo Pontificio para la Familia, recuerda la gran contradicción que supuso que en el año internacional de la familia se llegara a la conclusión de que no existía una definición universalmente aceptada de esta institución: se llegó a decir que era algo indefinible. La Historia afirma el cardenal nos llevará ciertamente a un gran replanteamiento, no sin un sentimiento fuerte de vergüenza, para reconocer cómo hubo un momento histórico en el que se concentró contra la familia el embate de una insensatez, por vaciamiento de valores, contra aquello que podía salvar a los pueblos y a la Humanidad. Y a la Iglesia se le reconocerá, más temprano que tarde, que esa bandera de la familia, de la dignidad del hombre, de la educación, fue levantada sin temor y con vigor, por la causa del Señor. |
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EL PRINCIPIO DE SUBSIDIARIEDAD
Que la primera instancia educativa es la familia, es algo que pocos ponen en duda en teoría. Sin embargo, en la práctica la familia ha delegado su condición de máxima educadora, y fundamentalmente en dos campos en los que, precisamente, la Constitución española la reconoce explícitamente: en la educación moral y en la educación religiosa. Según monseñor Reig, una de las causas de la crisis de la familia es, precisamente, la censura de la pregunta sobre Dios. El fin de la sociedad, como el fin de la persona, es Dios. Por tanto, ahogar o hacer irrelevante la pregunta por Dios es socavar la raíz misma del bien común. Es algo que no tiene excusa. Nunca hemos pasado pobreza peor. Al margen de la enorme importancia de la enseñanza religiosa don José Antonio Alcázar reclama que se enseñe urgentemente Religión en los colegios para contrarrestar la crisis de valores, el arzobispo de Granada y Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Antonio Cañizares, recuerda que la familia es el lugar primordial en el que se transmite la fe, en el que los padres pasan la fe a los hijos y les inician en la oración. La familia es el mejor lugar para suscitar en los hijos el encuentro con Dios. Si no se evangeliza en primer lugar en la familia, no se evangelizará en la sociedad de manera eficaz. El profesor de Teología Fundamental de la Facultad de Teología San Dámaso, de Madrid, Javier Prades, recuerda que la primera formación que debe darse es la educación como persona, y ésta debe darse ineludiblemente en el seno de la familia: Las familias se preocupan por la formación de sus hijos, pero en la mayoría de los casos se trata de una formación exclusivamente escolar y profesional. Sin embargo, la educación como persona es la más importante: para ser un hombre adulto es necesario descubrir el significado verdadero de depender de otra persona. Para don José Antonio Alcázar, Director de Formación de Fomento de Centros de Enseñanza, es necesario replantear seriamente el trabajo educativo: la responsabilidad básica de la educación es de los padres, que se apoyan en las instituciones docentes para completar la enseñanza de sus hijos. Por lo mismo, es necesario que los educadores ayuden a los padres a mejorar la educación de los hijos, y no al revés. Afirma don Tomás Prieto del Estal, Director del Centro de Estudios Superiores de Investigación y Desarrollo de la Educación, que la escuela no se puede convertir en chivo expiatorio de todos los problemas: la situación actual, la falta de valores o la mala jerarquía de los valores, delata el tremendo fracaso educativo de los padres. Por otro lado, según Prieto del Estal, hay que determinar en qué consiste el principio de subsidiariedad entre la familia y el Estado y quién está al servicio de quién: Hoy, en muchos países, no sólo no se reconoce este principio de subsidiariedad, sino que, en la mayoría de los casos, el Estado ejerce una influencia negativa sobre la familia en el orden de los valores: facilitando el divorcio, dificultando la libre elección de colegio para los hijos , e incluso, en el orden material, por ejemplo, con leyes fiscales que perjudican o no benefician a los matrimonios y las familias numerosas. |
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LA FAMILIA DEBE ENSEÑAR TAMBIÉN A MORIR
Según el profesor de Ética de la Universidad de Salamanca Enrique Bonete, hay tres tareas básicas que la familia no puede delegar jamás: enseñar a obedecer, enseñar a amar, enseñar a ser y enseñar a morir. En cuanto al primer aspecto, enseñar a obedecer es básico para el equilibrio de la persona: Sólo se alcanza la verdadera autonomía cuando alguien nos ha enseñado antes qué es lo que está bien y lo que está mal. Para eso, hay que inculcar a ser obediente a aquel que lo enseña. Enseñar a amar es otra de las tareas fundamentales, y me refiero a la educación sexual: en un porcentaje muy alto, el futuro conyugal de los hijos dependerá de lo que hayan vivido (o no hayan vivido) en sus familias. En cuanto a enseñar a ser, es lamentable que hoy el mayor factor de socialización sea la televisión, que ha sustituido en gran medida al diálogo familiar. Pero quizás el aspecto más novedoso sea el de enseñar a morir. Para el profesor Bonete, se debe aprender también a morir en familia, los hijos deben ayudar a morir a los padres, a que éstos entiendan la muerte como la consecuencia natural de haber vivido, rodeados y queridos por los suyos. Los que piden la eutanasia son sobre todo los enfermos que están solos; porque no estamos educados para morir, que es precisamente el acontecimiento más trascendental y definitivo de la existencia humana, y que debe darse en el seno de la familia. |