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| Liv Ullmann, discípula de Ingmar Bergman, ha llevado a la pantalla, en tres horas de dolorosa confesión, la historia casi autobiográfica de su maestro, quien reconoce, a distancia temporal, pero con viveza y emoción, el mal que ha hecho a los demás y a sí mismo. De esta película, de rara penetración psicológica, emerge con valiente denuncia un análisis áspero y realista de la amargura que, en el fracaso de un matrimonio, rodea a todos los implicados: quien hiere y quien es herido, en la misma medida, aunque quizás de forma diversa. Pero sobre todo los inocentes, los niños, que sufren sin defensa y entienden más de lo que deberían.
La infiel de la película es la actriz Marianne, que traiciona al marido Markus, director de orquesta, con el amigo de la familia David. Una traición vivida con una naturaleza, una simplicidad del todo nordeuropea, pero cuyas consecuencias serán devastadoras no sólo para los tres, sino sobre todo para la pequeña Isabel, la hija de la pareja que se encuentra totalmente desadaptada. Liv Ullman afirma: Mi película puede representar una especie de catarsis para la gente, que viéndola, entenderá. Podrán decir: "Yo no haré una elección como ésta, no quiero que mis hijos sufran". Lo que la vida me ha enseñado es precisamente a vivir de esta manera: intentar perdonarme, perdonar a los demás, y descubrir que existe un tipo de perdón del cual no podemos absolutamente prescindir, y es el perdón de Dios. Mirella Poggialini/Fabio Falzone (Avvenire) |