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Mientras aumentaban las protestas y manifestaciones (los monjes del Monte Athos habían organizado incluso una Vigilia de oración "contra el viaje del Papa"), y después del seco "no" de los representantes oficiales de la Iglesia ortodoxa griega, dejó de formar parte de la delegación papal el cardenal Ignace Moussa Daoud, Prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, rechazado por los ortodoxos por ser "uniata" (es Patriarca emérito de Antioquía de los Sirios). En la vigilia de la llegada del Papa a Atenas, P. Spiteris expresaba su opinión sobre el recibimiento al Pontífice: "Hoy hay mucho rumor, pero la gente verá que el Papa es una persona humilde, que llega con una misión de amor. Los fieles ortodoxos griegos verán a un sacerdote que sufre, apreciarán a un Pastor que viaja como peregrino, no como conquistador. Las polémicas se desinflarán y todo el odio se derretirá". P. Spiteris se sentía "dolorido y humillado por la propaganda anti-papal desencadenada en el último mes". Hablamos con él: |
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¿Puede hacer una reconstrucción de la idea y la realización del viaje?
Antes del Jubileo el Papa, en la Carta La Peregrinación ligada a los lugares de la Salvación (1999), expresó el deseo de visitar el Areópago, donde predicó san Pablo. La Iglesia católica había presentado una petición oficiosa, pero la Iglesia ortodoxa griega negó el consenso con diversos pretextos: según el Santo Sínodo, el Papa debía pedir perdón por las ofensas hechas durante los siglos, por la cuarta Cruzada de 1204, retirar algunas verdades de fe, en resumen: convertirse a la ortodoxia. O llegar como Jefe de Estado. Todo parecía desvanecido. Pero el Presidente griego Stephanopoulos, que este año visitó Italia y el Vaticano, invitó al Papa. La Iglesia ortodoxa se encontró ante una alternativa: rechazar o aceptar. El Santo Sínodo permanente, órgano representativo formado por algunos obispos, para evitar el choque con el Gobierno (hay en curso un contencioso sobre la indicación de la religión en los documentos de identidad) dio luz verde, de mala gana, al viaje del Papa. Inmediatamente después, sin embargo, publicó otro documento en el que reafirmaba la presencia del Papa como Jefe de Estado y como peregrino personal. El documento defendía las razones para no aceptar el viaje y confirmaba un sí con muchas reservas. ¿Cuáles son los motivos históricos de la oposición? La ortodoxia de lengua griega rechazó siempre a Occidente, desde los tiempos del imperio bizantino. Antes de la caída de Constantinopla (1453) se decía: Mejor el turbante turco que la tiara del Papa. Hoy los libros de texto escolares rezuman resentimiento, repiten antiguos prejuicios y narraciones históricas distorsionadas. Los niños son indoctrinados contra la Iglesia católica, creando un odio profundo desde la infancia, con hechos que nada tienen que ver con la realidad actual. Hay una cultura colectiva anticatólica, antilatina, antipapal. La atmósfera anticatólica se ha agudizado con dos hechos históricos recientes: el problema de los católicos de rito oriental y las recientes guerras balcánicas. Los greco-católicos existen desde hace siglos, pero nunca fueron aceptados por la Iglesia ortodoxa. En el siglo XX el estalinismo los incorporó a la Iglesia ortodoxa. Después de la caída del comunismo, salieron de las catacumbas y reivindicaron sus propiedades, confiscadas por el Estado. Los ortodoxos los definen despreciativamente uniatas, no han digerido su retorno a la Iglesia católica, considerado una traición y fruto de proselitismo. En las guerras balcánicas, la Iglesia ortodoxa defendió siempre las posiciones de Serbia. Milosevich era de casa en Grecia, donde tiene dinero y propiedades. Se ha llegado incluso a acusar al Papa de procurar armas a los musulmanes contra nuestros hermanos serbios. Grecia sufre de manía persecutoria contra el Occidente. |
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¿Cuáles son los nudos espinosos en el plano teológico?
En la teología, el hecho más grave es que la mayor parte de los teólogos y obispos ortodoxos no reconoce la validez de los sacramentos de los católicos, como, al contrario, sucede oficialmente (desde el Concilio Vaticano II) por parte de la Iglesia católica, que habla de Iglesias hermanas, es decir: los obispos no reconocen la eclesialidad de la Iglesia católica, apelándo al principio de la plena ortodoxia. Si una Iglesia no confiesa la plena verdad de fe, es hereje, y por eso sus sacramentos no son considerados válidos. El obispo de Corfú define a la Iglesia de Roma una organización mundana, creando un clima teológico hostil. Otros nudos son: el Filioque (es decir, de quién procede el Espíritu Santo, si sólo del Padre o del Padre y del Hijo), el Primado del Papa, los dogmas marianos del segundo milenio. ¿Hay otras razones? Las dificultades históricas y teológicas se podrían superar si la Iglesia ortodoxa griega no estuviese desgarrada y contaminada por fundamentalismos. Los movimientos radicales no admiten ninguna posibilidad de acercamiento de la Iglesia. Rechazan el ecumenismo, todo documento firmado por ambas Iglesias sobre el diálogo, el concepto de Iglesias hermanas, consideran al Papa como la raíz de todos los males. Varios metropolitas tienen una mentalidad estrecha y piensan que cuanto más se es anticatólico, tanto más se es fiel a la ortodoxia. Existen, luego, organizaciones para-eclesiasticas fundamentalistas que se oponen a la misma Iglesia ortodoxa oficial, y fuertemente anticatólicas. Otra realidad es la de los vétero-calendaristas, que rechazan el nuevo calendario gregoriano, aceptado por la Iglesia y por el Gobierno griego a primeros del '900. Están separados de la Iglesia oficial, son cismáticos y tienen su propia jerarquía. En Grecia son casi un millón. Son extremadamente tradicionalistas, contrarios a toda relación con la Iglesia católica, considerada la síntesis de todas las herejías. La Iglesia vétero-calendarista afirma que sus filas se están ensanchando con conversiones de fieles ortodoxos. ¿Cuál es la situación de los católicos en Grecia? Los católicos griegos son 45.000, pero, con la presencia de polacos, filipinos, italianos, se llega a más de 200.000 fieles. Son considerados ciudadanos de segunda serie. Existen todavía criptocatólicos, un fenómeno absurdo en un país democrático, miembro de la Unión Europea. |