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Jesús Colina. RomaLa tan deseada peregrinación del Pontífice a Grecia, Siria y Malta, siguiendo las huellas de san Pablo, que ha tenido lugar entre el 4 y el 9 de mayo, había sido precedida por una acalorada polémica y por manifestaciones de protesta protagonizadas por los sectores más nacionalistas de la Iglesia ortodoxa griega. Consideraban que un obispo de Roma no tiene derecho a pisar tierras griegas, en las que la ortodoxia es religión de Estado. Nunca antes, desde el cisma de Oriente de 1054, un obispo de Roma había pisado Grecia. La declaración, hecha por el Papa, de petición de perdón trastocó muchos de los prejuicios que generaciones de griegos han aprendido en la escuela. El Papa de Roma, la cabeza del imperio de Occidente que en estos veinte años ha acabado con la fuerza política de los países ortodoxos se trata de afirmaciones que en ocasiones llegan a reproducirse en periódicos griegos, llegaba a Grecia a pedir perdón. |
| En particular, Juan Pablo II se refirió al acontecimiento histórico que más heridas ha creado entre católicos y ortodoxos: la cuarta cruzada. En 1204, en lugar de dirigirse hacia Tierra Santa, los cristianos de Occidente (católicos) se desviaron hacia Constantinopla para depredar la ciudad símbolo de la ortodoxia y tratar de ocuparla políticamente para imponer el rito y la jurisdicción latina sobre la Iglesia bizantina.
UNA DECLARACIÓN CONJUNTA
El momento más simbólico de la peregrinación pontificia por tierras helénicas tuvo lugar el mismo 4 de mayo por la tarde, cuando el Pontífice y el arzobispo Christodoulos, Primado de la Iglesia ortodoxa griega, asistieron a la proclamación de una declaración conjunta en el mismo Areópago ateniense, que fue testigo de la predicación del Apóstol de los gentiles. Nunca antes en la Historia católicos y ortodoxos griegos habían escrito una declaración común. Condenamos todo recurso a la violencia y al proselitismo, al fanatismo en nombre de la religión concordaron el Papa y el arzobispo de Atenas. Creemos firmemente que las relaciones entre los cristianos, en todas sus manifestaciones, tienen que estar caracterizadas por la honradez, la prudencia y el conocimiento de los problemas en cuestión. En realidad, el texto de la declaración, que hablaba también del compromiso cristiano por la paz y por el respeto de la creación, no decía nada nuevo; pero ha constituido un avance decisivo en un país donde sus teólogos, en especial los de los monasterios, tachan de hereje a la Iglesia católica. Alfa y Omega ha podido saber que la redacción del documento ha sido realmente complicada. El Arzobispado de Atenas quería incluir una condena de la ocupación turca en la isla de Chipre. El Papa se negó, pues el documento sólo quería tener un carácter religioso y no político. |
| EL PADRENUESTRO QUE PODRÍA ABRIR LAS PUERTAS DE MOSCÚ
Pero la gran sorpresa del viaje vino al final de la jornada. En vísperas de la visita, exponentes de la Iglesia griega habían insistido en que el Papa no podía rezar con los ortodoxos, pues la Iglesia católica vive en la herejía. Para agradecer la visita, el arzobispo Christodoulos, al final del día, se dirigió a la Nunciatura apostólica, donde dormiría el Papa. Antes de despedirse, Juan Pablo II propuso: ¿Por qué no rezamos juntos el Padrenuestro en griego? Los dos líderes religiosos quedaron unidos por una oración que sin duda tendrá repercusiones en el futuro del diálogo entre cristianos y ortodoxos griegos. Al día siguiente, Christodoulos viajó a Moscú para informar al patriarca Alexis II sobre la visita del Papa a Grecia. El líder religioso ruso escuchó con atención la versión del arzobispo y afirmó que espera en el futuro para ver si el gesto de petición de perdón del Pontífice da resultados concretos. Por el momento, en unas declaraciones a la prensa, no abrió las puertas de Moscú al Santo Padre, pero tampoco se las cerró. |
| EN TIERRAS DEL ISLAM
Superada la difícil etapa de Atenas, el resto de la visita del Papa se hacía cuesta abajo. El 5 de mayo llegó a Siria con tres objetivos muy claros en la mente: seguir impulsando la reconciliación entre los cristianos, dar un empujón a la maltrecha paz en Oriente Medio y promover una nueva era de relaciones con el Islam. Hay que reconocer que, en lo que se refiere al primer objetivo, en Siria, el Papa parecía que jugaba en casa. En este país, en el que la población es en un 90% islámica, la minoría cristiana, aunque está dividida en varias confesiones, mantiene relaciones muy cordiales. En este sentido, el encuentro con los jóvenes sirios, que presidió el 7 de mayo, fue sorprendente. Fueron los mismos chicos y chicas ortodoxos y católicos quienes pidieron a sus pastores que avancen hacia la unidad de sus Iglesias. El Patriarca greco-melquita, Gregoire III, prometió al Patriarca greco-ortodoxo de Antioquía y de todo el Oriente, Ignace IV Hazim, que a partir de ahora sería su hermano, y pidió su compromiso para no dejar que pase una generación sin llegar a la unidad plena entre las dos Iglesias. |
| LA TRAMPA DE ASSAD
Por lo que se refiere a su pasión por la paz en Oriente Medio, la gran trampa en la que Juan Pablo II evitó caer fue la de la propaganda siria. Para el joven Presidente Bashar el-Assad la peregrinación pontificia suponía un megáfono de eco mundial para contar al planeta su versión del conflicto con Israel. Y, de hecho, así lo hizo en el discurso pronunciado en el aeropuerto internacional de Damasco, al llegar el Papa. Acusó a Israel de violar la justicia internacional, ocupando territorios árabes, y llegó a imputarle ataques a los Lugares santos del cristianismo y del Islam. El obispo de Roma, sin embargo, no cayó en el juego y recordó que la paz se basa en el respeto de los derechos de todos, en las resoluciones de la Comunidad internacional, y en la reconciliación. Después, el 7 de mayo, desde los escombros de la ciudad fantasma de Quneitra, localidad situada bajo los altos del Golán sirios, ocupados por Israel, y destruida por las tropas israelíes tras la guerra de los Seis Días y su sucesiva ocupación, Juan Pablo II elevó, de rodillas, una oración por la paz en Tierra Santa y en el mundo. Una niñita palestina de cuatro meses de edad acababa de morir en un bombardeo del Ejército israelí contra la localidad de Jan Yunés, en el sur de la franja de Gaza. Al conocer las tristes noticias de conflictos e incluso de muerte que también hoy llegan de Gaza, mi oración se hace más intensa, dijo el Papa de manera espontánea, al concluir su oración. En esta tierra santa, cristianos, musulmanes y judíos están llamados a trabajar juntos con confianza y audacia, para que llegue el día en que cada pueblo vea respetados sus legítimos derechos y pueda vivir en paz y entendimiento recíproco, había insistido el día anterior, 6 de mayo, en la misa que celebró ante unas 50.000 personas en el estadio de Damasco, y en la que participaron hasta musulmanes. |
| UN PAPA EN UNA MEZQUITA
La gran novedad de la peregrinación papal a Siria, por la que pasará a los libros de Historia, tuvo lugar el domingo, 6 de mayo, cuando por primera vez, un obispo de Roma entró en una mezquita. Se trataba de la mezquita de los Omeyas en la que se encuentra, según la tradición, la cabeza de Juan Bautista, conocido con el nombre de Yahya en el Islam. Desde ese recinto sagrado, Juan Pablo II propuso una nueva era de relaciones entre musulmanes y cristianos para que no se haga un mal uso de la religión para promover o justiciar el odio y la violencia. La violencia aclaró el Pontífice destruye la imagen del Creador en sus criaturas, y no debería ser nunca considerada como fruto de convicciones religiosas. Cada vez que los musulmanes y los cristianos se ofenden unos a otros concluyó, tenemos que buscar el perdón que viene del Todopoderoso y ofrecernos mutuamente ese perdón. Jesús nos enseña que tenemos que perdonar las ofensas de los otros para que Dios pueda perdonar nuestros pecados. Esta nueva era de diálogo y colaboración entre musulmanes y cristianos, según el Papa, debe conducir hacia formas de cooperación, especialmente en respuesta a nuestro deber de atender al pobre y débil. Éstos son los signos de que nuestra adoración a Dios es verdadera. |
| MALTA: CATÓLICA Y ACOGEDORA
La peregrinación del Papa concluyó en Malta el 8 de mayo. Esta isla, que dio hospitalidad a Pablo tras un naufragio, es en un 91% católica y la práctica religiosa dominical alcanza el 65%. Tras la ortodoxa Grecia, y la islámica Siria, la católica Malta deparó al Papa una gran fiesta que culminó ayer miércoles con la beatificación de los tres primeros malteses. Juan Pablo II, superados todos los escollos de este viaje pastoral, se dispone a afrontar nuevas citas decisivas para el futuro de la Iglesia: el Consistorio de cardenales, del 21 al 24 de mayo, y su próximo viaje a Ucrania, en junio, cuna del cristianismo ruso y posible antesala para una peregrinación a Moscú. |