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Ocurrió en Malta, el último día, antes de que el avión papal sobrevolara la isla donde naufragó san Pablo: ¿Vosotros por aquí? ¿A qué habeis venido?
Juan Pablo II conoce perfectamente a los periodistas que le acompañan en sus viajes; tanto que se permite afectuosamente hacer gala de su mejor sentido del humor. Peregrino tenaz, admirablemente obstinado, vaya donde vaya lleva consigo y contagia la conciencia de que Dios ama a los hombres y quiere salvarlos para siempre; la certeza de que Cristo es la Verdad redentora del hombre, y la cruz tanto la latina, con el brazo vertical mas largo que el horizontal, como la ortodoxa con los dos brazos iguales es cruz que redime. Algún sabihondo de salón afortunadamente cada vez menos querrían enseñarle al Papa cómo debe hacer su trabajo. ¿Habrá que recordarle, cuando se cumplen 20 años, que este hombre de Dios perdonó y abrazó a quien quiso asesinarlo? |
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Bien consciente de la enorme importancia de los símbolos y de los gestos, dice y hace cosas intencionadamente: en el Muro de las Lamentaciones y en los Altos del Golán, en Sarajevo y en África, en Calcuta, en Auschwitz y en las favelas brasileñas. A quien tiene fe no le cuesta reconocer en él el aliento del Espíritu; quien no la tiene no puede ignorar esa su superior pedagogía de la esperanza por encima de todos los dolores del mundo, que, mucho más que el Parkinson, son el verdadero dolor de este protagonista del siglo y milenio que comienzan, que ha visto morir tres ideologías totalitarias, y que, esté donde esté, lucha contra todo lo que humille a la persona. Mañana cumple 81 años, y no sabe qué favor le hizo al mundo aquel oficial soviético que, según Stalin, debería haberlo desterrado a Siberia, pero le salvó la vida a aquel joven seminarista polaco en 1945...
Este viaje sorprendente ha venido a ser como la segunda edición de los Hechos de los Apóstoles, sólo que en plan siglo XXI. El efecto Wojtyla cambia amenazas en esperanzas. A juzgar por el farisaico escándalo de algún columnista o editorialista despistado, que no ve más allá de sus orejeras políticas, no debería haber ido a dejarse insultar por algún que otro pope cerril. Igual que entró en la sinagoga, ha entrado en el Areópago y en la mezquita. Nadie tiene derecho a interpretar este viaje en otra clave que la religiosa, única que ha tenido. Quien no quiera entenderlo, él se lo pierde. Ni una peregrinación es turismo o arqueología, ni el Papa es un diplomático humanista, sino un evangelizador, el nuevo Pablo que sigue unas huellas que dejan huella. Quien afirma que pedir perdón a todos es como no pedirlo a nadie y hasta exige para los judíos un perdón especial, es que no ha entendido nada de nada, como el hermano mayor de la parábola del hijo pródigo. Su plan, hermoso, partía de la Ur de Abrahám y del mosaico Sinaí, para besar el Sepulcro vacío y seguir a Pablo de Tarso y reunir en un mismo fuego pentecostal las astillas de una cristiandad absurdamente dividida. No le arredran intransigencias ni provocaciones, manipulaciones, estrategias, mediocres trampas ni insultos ni odios nacionalistas. Lo hacen sentarse (en la foto) a dos metros de Cristodoulos, pero Pablo en el medio, los une, y acaba rezando el Padrenuestro, fuera de programa, con quienes juraban que no lo harían, y abrazándolos. ¿Cómo pueden, luego, sorprenderse de la inesperada permeabilidad de este mensaje? |
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Pide perdón no para buscar una noble primogenitura, sino para enseñar un método. Más lento en el andar físico que Pablo, es igual de ligero y animoso su caminar espiritual. Enternece ver el trabajo que le cuesta calzarse unas babuchas en la Via Recta romana de Damasco, donde Ananías salió al encuentro de Saulo, ciego tras caer del caballo por aquella Luz..., y entra en la mezquita donde se venera a Juan el Bautista. ¡Qué pasos gigantescos los de este viaje, con el bastón en la mano! Los engreídos cabezahuecas tentados de ceder a las gnosis de ahora y de encargar un menú espiritual self-service que les permita una religión a la carta, según su gusto y capricho, ya saben dónde encontrar la brújula, si quieren.
Cuentan los Hechos de los Apóstoles que el pasatiempo más buscado en el Areópago ateniense era contarse las últimas noticias. Allí Pablo dio la Noticia de Cristo Resucitado y, 2.000 años después, Juan Pablo II ha repetido. Con la misma fuerza, sabedor, como ha escrito nada menos que el Wall Street Journal, de que la cuestión clave, en la era del postmodernismo y de la globalización, no es qué rama del cristianismo pervivirá, sino si el mundo será cristiano, o no. Quien pensase que, tras el magno Jubileo, el muro de las Lamentaciones, el secreto de Fátima, este anciano y querido Papa ya no tenía más que decir, se equivocaba, y ¡de qué manera...! Sueña ya con Ucrania, y, luego, Armenia, Bulgaria, Canadá (con los jóvenes), Manila, en el 2003, con las familias, Moscú... Dice su portavoz que alguien debería explicarle lo que significa la palabra week-end...; y el doctor Buzzonetti, su médico, reconoce asombrado: Estará cansado, lógicamente; pero en el Jubileo no se dio tregua; no ahorra esfuerzos, no falla una cita, duerme pocas horas, y resulta que está más fresco que nosotros... Se ve que la juventud es cosa de por dentro... Miguel Ángel Velasco |