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El santo de san Felipe, así llamaba el pueblo de Madrid a este fraile agustino, del convento de San Felipe, que supo armonizar su cargo de Predicador real, consejero y amigo de Felipe II, con una especial atención hacia los pobres y las clases más humildes, durante los treinta años de estancia en la Corte. Canonizado cariñosamente en vida con aquella expresión, ahora, 410 años después de su muerte, el Papa Juan Pablo II, con fecha 24 de abril de 2001, ha firmado el decreto de canonización. Sólo queda ya marcar la fecha para que el hasta ahora Beato pase a ser proclamado santo por la Iglesia.Nació Alonso de Orozco, el 17 de octubre del año 1500, en la villa de Oropesa (Toledo). Contaba ocho años cuando toda la familia se trasladó a Talavera de la Reina; a los once fue enviado a Toledo para servir en la catedral como seise, al tiempo que llevaba a cabo los estudios que le permitieron ingresar, a los quince años, en la Universidad de Salamanca. A los estudios de Leyes siguió, en 1522, la petición de ingreso en el convento de San Agustín de la Ciudad de Tormes, cuyo Prior, a la sazón, era santo Tomás de Villanueva. A su profesión religiosa, en 1523, siguieron los estudios filosófico-teológicos, la ordenación sacerdotal y los primeros destinos a varios conventos de la Provincia de Castilla. En 1937 comenzará el ininterrumpido desempeño de prioratos en los conventos de Soria, Medina del Campo, Sevilla, Granada y Valladolid; a los que se unieron a veces los cargos de Definidor, Presidente de Capítulos y Visitador. Y siempre llevaban adjunto el de predicador, misión ésta por la que había renunciado a continuar los estudios en la Universidad de Salamanca para la obtención de títulos académicos. |
| VALEDOR DE LOS POBRES
Desempeñaba el cargo de Prior de la comunidad de Valladolid, en 1554, cuando el emperador Carlos V, a petición de su hija la princesa doña Juana, admiradora de fray Alonso, lo nombró su predicador. El nombramiento lo haría suyo, al subir al trono, Felipe II; por lo que, cuando la Corte fue trasladada a Madrid en 1561, también el predicador real tuvo que fijar su residencia en la nueva capital. Los treinta años de estancia en la Villa y Corte, en los que se desvivió por todos, le otorgan un puesto de privilegio entre los grandes personajes de Madrid en todos los tiempos. En el desempeño de su cargo real gozó, desde el primer momento, del cariño y confianza de todos los miembros de la Familia Real, tanto que el rey llegó a ordenar que las puertas del palacio estuviesen siempre abiertas para él. Ello no impidió a fray Alonso dedicar otra parte importante de su vida a quienes necesitaban de ayuda y consuelo: los encarcelados y los enfermos, a los que, junto con los numerosos pobres que acudían al convento, destinaba una parte de los gajes que recibía por su oficio de predicador real. A estas dos facetas hay que añadir una prodigiosa fecundidad literaria en el campo ascético-místico. Dentro de su monasterio había dos lugares en los que con más frecuencia se le podía encontrar: su celda y el coro de la iglesia. En el primero estudiaba y escribía; en el segundo, oraba a solas o con la comunidad. Y aún tenía tiempo para remendar sus ropas, coser sus sandalias, y barrer y limpiar la casa, como cualquier novicio. Ardiente defensor de la vida religiosa contemplativa, a fray Alonso de Orozco se debe la fundación de tres comunidades de Monjas Agustinas, cuyas sucesoras continúan viviendo en nuestros días el espíritu que él les infundiera: dos de ellas en Madrid Santa María Magdalena y Santa Isabel y la tercera en Talavera de la Reina, donde fundó, además, otro convento para sus hermanos de Orden. |
| Al morir ejercía el cargo de Superior del Convento de la Encarnación, vulgarmente conocido como Colegio de doña María de Aragón, hoy sede del Senado. Allí vendría a fallecer el 19 de septiembre de 1591. Unos días antes habían ido a visitarlo todos los miembros de la Familia Real, incluido Felipe II. La noticia de su muerte conmocionó a toda clase de gentes. Una de las personas que testificaron en el Proceso de Beatificación, la Duquesa de Maqueda, declaraba, que vio la infinidad de gente que acudía a ver su santo cuerpo para venerarlo. Hoy, después de innumerables vicisitudes, sus restos se guardan en la capilla del convento madrileño que lleva su nombre (calle La Granja, 9) y cuyas monjas son continuadoras de la fundación que hizo nuestro santo con el nombre de Monasterio de Santa María Magdalena.
En 1541 había sido enviado a Sevilla como definidor y visitador de los conventos de Andalucía. Tras ser nombrado, al año siguiente, Prior del convento de San Agustín de la misma ciudad, tuvo lugar una aparición de la Virgen, de cuyos labios escuchó la palabra escribe, que él interpretó como una orden para poner por escrito lo que predicaba y lo que era objeto de su propia reflexión y meditación. Y luego dice puse mano en escribir el "Libro del Vergel de Oración y Monte de Contemplación". Y tras citar a continuación otras catorce obras en romance y cuatro más en latín, añade, dirigiéndose a Cristo: Todo esto lo escribí por mandado de nuestra Santísima Madre (Confesiones). AUTOR ASCÉTICO-MÍSTICO
Entre sus obras, cuyos títulos se acercan a los 60, son muchas las que tienen como finalidad la instrucción del pueblo cristiano en general. En ellas sorprenden los variados recursos pedagógicos que utiliza para aumentar su eficacia: diálogos, ejemplos, consejos, breves oraciones ; y siempre lo hace de un modo cercano, familiar y convincente. Otras están dirigidas a las personas especialmente consagradas al Señor en el sacerdocio o en la vida religiosa. Tanto en unas como en otras se encuentran con frecuencia acertadas descripciones de los caminos del espíritu, fruto de su propia experiencia, sin duda. |
| Trató todos los temas del dogma, de la moral, de la espiritualidad y de la vida religiosa, poniendo especial énfasis en estos cinco puntos:
- Fidelidad a la Iglesia católica y al Romano Pontífice, para defenderlos de las herejías de la época. - Defensa de la doctrina católica sobre los sacramentos de la Eucaristía y de la Penitencia. - Exposición de la doctrina mariana. - Doctrina ascético-mística. - Teología de la vida religiosa, especialmente en su dimensión agustiniana. Todas sus obras rezuman sencillez, claridad y un gran sentido pastoral; ello no obsta para que, con frecuencia, nos sorprendan oportunos adornos, indicadores de su gran cultura y erudición religiosa y profana. Fray Alonso de Orozco fue uno de los primeros escritores que rompió la costumbre de escribir en latín los grandes tratados espirituales, alegando que el romance habla con toda nuestra nación y el latín con los menos. Y esto no sólo porque se llegaba más fácilmente a los destinatarios de sus escritos, sino también porque consideraba la lengua vernácula aptísima para expresar los más elevados conceptos teológicos. En el prólogo de una de sus obras hay un delicado elogio a la lengua romance que más estimada debe ser en elegancia y perfección. Teófilo Viñas Román |