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| Siempre hemos alabado desde estas páginas ¡Qué grande es el cine!, el programa cultural que dirige José Luis Garci. Y lo hemos hecho por unas razones que nos siguen pareciendo válidas. Pero últimamente se han dado algunas circunstancias que, al menos, sugieren que no está de más ponerse un poco en guardia.
Concretamente me refiero a unos silenciamientos que me resultan difíciles de explicar. Por ejemplo, el otro día pasaron El expreso de medianoche, y los contertulios eran Eduardo Torres-Dulce, Oti Rodríguez Marchante y Juan Miguel Lamet. Gran parte del programa, y casi la totalidad de la presentación, se centraron en el productor del film, David Puttnam. Citaron y mostraron algunos libros americanos. Pues bien. El mayor especialista en Puttnam de España, y con el que tiene una relación personal, Alex Pardo, ha publicado una monografía hace un año precisamente sobre él, que fue objeto de su tesis doctoral. Además la mirada sobre el cine de A. Pardo probablemente coincida bastante con la que se transmite en el programa. Es extraño que no le inviten, pero aún más que no hablen de su libro en la presentación. ¿Por qué será? Se hace un programa cuya estrella es William Wyler y no invitan a José María Aresté a la sazón Director de Cinerama, ni mencionan su libro reciente biografía en castellano de Wyler. En ambos casos hay en el programa algún invitado prescindible que no domina especialmente del cineasta en cuestión. ¿A qué se debe? ¿Es casualidad que estas dos personas hayan publicado sus obras en la editorial Rialp y que una de ellas sea profesor en la Universidad de Navarra? Yo creo que no, aunque no espero que nadie lo reconozca. Garci no debe olvidar el apoyo que recibe de gran parte del mundo católico. En el programa hay más ejemplos de invitados que, en un momento determinado, no aportan nada y que podían haber sido sustituidos por otros que en la misma línea ideológica del programa hubieran elevado el nivel de la tertulia. ¿Por qué esa resistencia a romper el círculo de los allegados? Lo que sí creo es que el programa ¡Qué grande es el cine! está dejando pasar absurdamente unas oportunidades extraordinarias de crecer y mejorar. Sería muy triste que una iniciativa tan buena se echara a perder por esa tentación tan extendida del sectarismo. Juan Orellana. |