RetrocesoA&ONº 260/17-V-2001SumarioEn portadaContinuar
La Iglesia y sus desafíos, tras la peregrinación del Papa a Grecia, Siria y Malta
81 años... y tantos proyectos de futuro
Mañana, viernes, Juan Pablo II cumple 81 años. Celebrará su cumpleaños haciendo planes,
tras haber afrontado uno de los viajes más difíciles e importantes de su pontificado.
En cierto sentido, se puede decir que para, la vida de la Iglesia, hay un antes y un después
de esta peregrinación tras las huellas de san Pablo, por Grecia, Siria y Malta
Jesús Colina. Roma

Entre el 4 y el 9 de mayo se han abierto horizontes inesperados para el diálogo hacia la unidad con el mundo ortodoxo, para la relación del cristianismo con el Islam, y para el compromiso por la paz en Oriente Medio. Nos encontramos, de frente, ante eso que el Pontífice llama vivir la nueva evangelización en el tercer milenio.

Un paso de gigante con bastón. Así comentó el diario de los católicos italianos, Avvenire, el resultado de la visita del Papa a Grecia, una consideración que ha sido compartida por la prensa griega. El hielo de doce siglos se ha cuarteado, escribía el diario griego Kathimerini. No hablaba del efecto invernadero, sino de un anciano que, a pesar de que le cuesta caminar, tiene una fuerza moral capaz de alterar el curso de la Historia.

Otro periódico griego, Etnos, lo reconocía cuando escribía en primera página: Juan Pablo II cambia la Historia. Esto no significa que los recelos y prejuicios de mil años hayan sido olvidados. Simplemente, tras esta visita, el muro psicológico y cultural que divide a católicos y ortodoxos, por primera vez en la Historia, parece que puede agrietarse. En el caso de estas dos Iglesias esa barrera es más elevada que el muro teológico (las diferencias en este sentido están superadas, pues en realidad fueron más bien excusas para el cisma) y el político (la ortodoxia reconoce el Primado del Papa, pero difiere en la manera en que es aplicado).

Como es lógico, en vísperas de la visita pontificia, los periódicos griegos eran mucho más conscientes que los occidentales del riesgo de la apuesta del Pontífice. Tendrá que superar el abismo de un milenio, escribía un periódico de Atenas. Y, sin embargo, el Pontífice atravesó el umbral del Arzobispado ortodoxo lentamente, apoyándose en el bastón, dando un paso de gigante con una petición de perdón por las ofensas de católicos a ortodoxos.

Luigi Geninazzi escribió en Avvenire: Juan Pablo II ha abatido otro muro, tan insuperable como invisible, una barrera de desconfianza y de hostilidad que ha mantenido alejadas durante mil años a la Iglesia greco-ortodoxa y a la de Roma. Quien pensaba que, después del gran Jubileo, la oración en el Muro de las Lamentaciones y la conmovedora revelación de Fátima, este Pontífice ya no tenía nada qué decir se ha equivocado una vez más. En el corazón de la ortodoxia más intransigente, donde hasta hacía pocas horas habían resonado los eslóganes antipapales más blasfemos, se escuchó el eco de un gran aplauso dirigido al Papa. El espectáculo era increíble: quien aplaudía no era sólo el Primado de Grecia, Christodoulos, sino todo el Estado Mayor del Sínodo, diez obispos y metropolitanos sentados frente a la delegación vaticana (...) De repente dio la impresión de que se quitaba del camino hacia la unidad una gran piedra.

Y, como este Pontífice siempre busca gestos concretos para ilustrar sus objetivos, en Siria planteó una meta al camino hacia la unidad plena entre ortodoxos y católicos: la celebración en una fecha común de la Pascua de Resurrección. El Patriarca ortodoxo de Antioquía, Ignace IV Hazim, respondió con disponibilidad total. Es más, dijo que ellos ya lo habían propuesto antes. Ahora queda resolver los aspectos técnicos del problema, que son más complicados de lo que se puede imaginar en un primer momento.

En Siria, también quedó claro que el compromiso por la unidad de los cristianos no es un asunto sólo del Papa, de Patriarcas, obispos o teólogos. En el encuentro con los jóvenes, los chicos y chicas sirios, en vaqueros y camiseta, ortodoxos y católicos, gritaron a sus pastores que la división de la Iglesia es un escándalo y que es necesaria una reconciliación. El momento de participación popular más emocionante de la visita tuvo lugar cuando una joven, de cabellos intensamente negros, tomó el micrófono para gritar a sus coetáneos reunidos para encontrarse con el Papa: ¿Queréis la unidad de la Iglesia? El fue ensordecedor. No se había visto nada igual en la larga historia de encuentros del Pontífice con los jóvenes.

UNA NUEVA RELACIÓN CON EL ISLAM

La peregrinación por los lugares en los que surgieron las primeras comunidades cristianas, testigos de la conversión de san Pablo, plantearon al Pontífice la candente cuestión de la relación del cristianismo con el Islam. La sociedad de la antigua Antioquía, donde los discípulos de Jesús de Nazaret fueron llamados por primera vez cristianos, está compuesta hoy por un 90% de musulmanes. El viaje planteó así la gran cuestión del choque de civilizaciones que puso sobre el tapete de la discusión Samuel Huntington (El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial). Esta tesis simplificadora y explosiva considera que, si el siglo XIX vio el conflicto general entre naciones y el XX el de las ideologías, el XXI vivirá el conflicto entre civilizaciones. En este escenario, aunque sólo fuera por razones demográficas, el Islam es visto como el gran peligro, tras la caída del comunismo.

Al entrar por primera vez un obispo de Roma en la mezquita de los Omeyas de Damasco, a los quince años de haber pisado la sinagoga de Roma, lanzó un mensaje capaz de ser entendido por la nueva aldea global: ha comenzado una nueva era de diálogo y colaboración entre musulmanes y cristianos para la construcción de un mundo mejor.

Este Papa que, en la primera mitad de su pontificado parecía querer ligar su historia a los acontecimientos europeos, a la caída de los muros que han separado y separan al viejo continente, plantea ahora un designio mucho más amplio para su pontificado, que abarca Asia y África y que quiere romper la lógica del choque de las civilizaciones para promover una era de diálogo y de paz. Y en este sentido, como enseña la Historia, las religiones tienen una contribución indispensable que ofrecer.

PAZ EN ORIENTE MEDIO

En este sentido, la visita del Papa, al llegar a Siria, pareció quedar expuesta a la manipulación periodística, en especial por parte de algunas agencias de noticias en inglés. Tras el discurso del joven Presidente al Assad, en el que acusó a los judíos de traición hacia Jesús y Mahoma, algún órgano de prensa quiso ver una especie de alianza del Vaticano con el mundo árabe en el conflicto de Oriente Medio. Igor Man, uno de los máximos expertos europeos en este conflicto, editorialista de La Stampa de Turín, explica: Alguno en Israel no pudo comprender por qué el pontífice no replicó a las invectivas contra Israel lanzadas por el Presidente de Siria, en presencia del Pontífice. El Papa escucha. Su tarea no consiste en hacer polémica. Dice lo que considera que es justo. No sigue las reglas clásicas de la diplomacia. Sabe que tiene una misión que debe cumplir y va adelante por su camino. Ésta es la gran fuerza de este hombre.

Y el Papa habló muy claro en Siria, en presencia del mismo Assad. Antes de despedirse en el aeropuerto internacional de Damaso, repitió con pelos y señales lo que había dicho al llegar: la solución del conflicto de Oriente Medio pasa por el diálogo y la aplicación de las resoluciones de las Naciones Unidas. No las mencionó explícitamente, pero según estas resoluciones, Siria debería retirarse del Líbano e Israel de los Altos del Golán, de los territorios palestinos ocupados y del sur del Líbano. Estas mismas resoluciones garantizan el derecho a la seguridad de Israel. Se conmovió al conocer la noticia del brutal asesinato de una niña palestina de cuatro meses, por una intervención del Ejército israelí en un campo de refugiados, y se estremeció al confirmarse el apedreamiento de dos muchachos israelíes de catorce años, durante los días de su peregrinación.

Sus palabras se convirtieron en un llamamiento a todas las poblaciones involucradas y a sus responsables políticos para que reconozcan que el enfrentamiento no ha tenido éxito ni lo tendrá.

NUEVA EVANGELIZACIÓN

Los viajes que ha realizado Juan Pablo II por los lugares de la salvación —Monte Sinaí (febrero 2000), Tierra Santa (marzo 2000), y el último periplo por Grecia, Siria y Malta— han sido muy diferentes a los sesenta que había realizado en los anteriores 22 años de pontificado. En general, sus peregrinaciones a las diferentes naciones respondían a las necesidades pastorales concretas. En esta ocasión, su gira pastoral ha tenido características evidentemente proféticas, pues tocaba argumentos universales, que afectan al futuro de la Humanidad en la aldea global.

Antes de subir las escaleras del avión que despegaría del aeropuerto de Gudja, en Malta, para regresar a Roma, recapituló con estas palabras el objetivo que se había planteado para este periplo jubilar: En los lugares ligados a los dos mil años del nacimiento del Salvador he esperado y rezado por una gran renovación de la fe de los cristianos. He querido alentar a los creyentes y a todas las personas de buena voluntad a defender la vida, a promover el respeto por la dignidad de todo ser humano y a tutelar la familia contra las numerosas amenazas de hoy, a abrir su corazón a las personas pobres y abusadas en el mundo y a trabajar por un orden internacional basado en el respeto del derecho y de la solidaridad hacia los menos afortunados.

Ésta es la forma de nueva evangelización con la que el Pontífice ha comenzado el milenio y que promete sorpresas, como la del Consistorio de cardenales (21 al 24 de mayo), o el viaje a Ucrania, cuna del cristianismo ruso (23 al 27 de junio). Juan Pablo II cumple 81 años pensando en el futuro.