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Esta casa, testigo permanente de la vida de la ciudad, en sus alegrías y en sus penas, os acoge a todos y comparte el dolor común y os dice una palabra de esperanza: Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviaré. Porque el Señor Jesús, aun en estos momentos tan duros, tiene esa palabra que decíamos ayer tímidamente en la casa de don Manuel, rezando con sus padres: No os entristezcáis como los hombres sin esperanza, porque si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo a los que han muerto en Jesús, Dios los llevará con Él
En pocos meses, todos hemos sido testigos de que esta tierra nuestra de Aragón, este rincón de paz que es la montaña, el Pirineo, dos veces se ha sentido convulsionada, por la sinrazón de la muerte violenta. Los asesinos han querido escribir nuestra historia de serenidad, de días tranquilos, de convivencia con los muchos visitantes, muchísimos vascos, que disfrutan de esta tierra, con la sangre del dolor y del odio. En verano fue en Sallent, en el corazón de la montaña, con la muerte de dos jóvenes guardias civiles. ¡Descansen en paz! Y hoy el dolor se ha sembrado, de nuevo, en toda España, desde Zaragoza y Jaca. |
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Todos saben que don Manuel Jiménez Abad era un hombre de aquí, de la calle mayor, enamorado de ésta su tierra, visitante asiduo, aunque vivía en Zaragoza. Era un hombre de bien, de paz, de palabra que construye, en su profesión y en el servicio político, de mano abierta a todos, de innumerables amigos, un hombre que se crecía en su trabajo. En su familia, tan buen esposo, como padre e hijo. Un hombre que hacía de la montaña, de la ciudad de Jaca, de su casa nativa, su descanso para seguir trabajando en la batalla del bien común al servicio de su pueblo y de todos. Un cristiano que decía que si le llegaba este momento, lo trajeran a su catedral.
El viernes estaba gozoso en la fiesta más popular de Jaca, la del primer viernes de mayo, que no se la perdía ningún año. Y como todos los jaqueses cantó, desde el dintel del Ayuntamiento, Jaca, libre, sabe vivir, al pie del Monte Oroel. No sabía, no sospechábamos los que compartimos con él fiesta, mesa y esperanza, que dos días después, obedeciendo a consignas pensadas en noches de odio y resentimiento, matarían su libertad y su sueño de servicio al bien y a la paz, y con él nos matarían a mucha gente: bastaba ver ayer la cara de angustia de la gente en la calle. Iba al fútbol, a ver ganar al Zaragoza, no cabe cosa más inocente, en domingo, el día de la vida, con su hijo, testigo del dolor y la impotencia. Terminaron con él y aquí están sus restos en su última visita a su catedral. Todos quedamos sobrecogidos. En su casa paterna un muro de dolor y de silencio. Toda la ciudad se sintió víctima con él, la calle, el Ayuntamiento, las parroquias a la hora de la misa de la tarde, todo era dolor. ¿Qué se podía decir? La ciudad ha quitado apresuradamente los gallardetes de fiesta, pero pensando en Manuel quiere cantar: Jaca, libre, quiere vivir, al pie del Monte Oroel. No quiere que ningún asesino le mate la esperanza. Y desde la fe, ¿qué puede decir un cristiano a todos los que sentís el dolor de esta muerte? No sabemos qué rostro escondía el asesino, sabemos el nombre de los que están detrás: ETA y su entorno, y les llamamos, con palabras bíblicas, Caín, porque tienen el corazón y las manos teñidas con al sangre de un hermano. Y oímos una voz imposible de silenciar: Caín, ¿qué has hecho? Se oye la sangre de tu hermano, clamando a mí desde el suelo. Y nuestra indignación y dolor hacen eco a la palabra eterna de Dios. |
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Recordamos la palabra de Jesús: Habéis oído que se dijo: No matarás
, pero yo os digo
Y el Señor puso su acento en otras formas de matar, que dicta el odio. La mejor glosa a esta palabra la hizo el Papa, hace unos días: Deseo confiar a la intercesión de los nuevos Beatos una intención que lleváis profundamente arraigada en vuestros corazones: el fin del terrorismo en España. Desde hace varias décadas estáis siendo probados por una serie horrenda de violencias y asesinatos que han causado numerosas víctimas y grandes sufrimientos. En la raíz de tan lamentables sucesos hay una lógica perversa que es preciso denunciar. El terrorismo nace del odio y, a su vez, lo alimenta, es radicalmente injusto y acrecienta las situaciones de injusticia, pues ofende gravemente a Dios y a la dignidad y los derechos de las personas. ¡Con el terror el hombre siempre sigue perdiendo! Ningún motivo, ninguna cusa e ideología pueden justificarlo. Sólo la paz construye los pueblos. El terror es enemigo de la Humanidad.
El cardenal Presidente dijo hace unos días que no es lícito colaborar de ningún modo con ETA, ni con su entorno Quienes lo hicieran no merecerían el nombre de cristianos. También hoy la Conferencia Episcopal y los obispos aragoneses y otros obispos hemos dicho una palabra dura de condena. Sólo me queda deciros a todos, a las autoridades, a los dirignetes del Partido Popular presididos por don Manuel, a todos los responsables del bien común y gentes de bien, que deseo que el Señor os ilumine, para que, a pesar de todo el sufrimiento que esta situación provoca, especialmente en las familias de las víctimas y en los responsables de los partidos tan perseguidos, no perdáis la serenidad. Que el camino es duro, que no sabemos lo largo que será, pero que en el horizonte siempre está la paz. Eso nos lo dice el corazón, porque necesitamos la paz, porque así no se puede vivir, porque somos más y tenemos limpio el corazón y las manos. Nos dolemos con vosotros, sufrimos y esperamos con vosotros, bendecimos a Dios por vosotros y creemos que algún día, con la visión de Isaías, las lanzas se harán podaderas, y no alzará la espada pueblo contra pueblo. Y para Manuel, desde esta catedral a la que quería que le trajéramos, rezamos para que haya escuchado la voz del Señor: Hoy estarás conmigo en el Paraíso. Querida familia, compartimos, sinceramente, vuestro dolor y queremos que el Señor os llene de fortaleza. Que la Virgen de la Victoria y del Pilar os hagan llevadero el camino. |