RetrocesoA&ONº 261/24-V-2001SumarioAqui y ahoraContinuar
Ver oír... y contarlo
Falta crear un tejido social
J. F. Serrano Oceja
pserrano@planalfa.es

Las recientes elecciones en el País Vasco han conjugado los tiempos verbales de manera un poco descabellada. El futuro de la esperanza electoral se ha convertido, para algunos, en el pasado de una estrategia política no muy bien calculada, en un presente incierto que, si algo no es, es presente. Hablando del pasado, el entonces obispo Administrador Apostólico de Bilbao, don José María Cirarda, escribía el día 1 de enero de 1969, y no viene mal refrescar la memoria: No hay paz completa sin orden público. El orden público es un valor sumamente apreciado y contribuye a fomentar el desarrollo social, que, según Pablo VI, es en nuestro tiempo "el verdadero nombre de la paz". Pero no cualquier clase de orden público puede identificarse con la paz. La paz verdadera supone el orden en el respeto teórico y práctico de los derechos de la persona humana... Pero Jesús distingue claramente entre la verdadera y la falsa paz. Hay una paz superficial y engañosa, que procede del endurecimiento de la conciencia, que nos hace insensibles a la propia maldad y ciegos para los desórdenes materiales y morales de la sociedad en que vivimos. Y hay otra paz profunda, auténtica, que brota de la orientación de toda nuestra vida hacia Dios en el servicio generoso y desinteresado de nuestros hermanos...

Pío Moa ha escrito en la revista Época, en su número del 27 de mayo de 2001, en un artículo titulado Pánico a los ratones, que el mismo Aznar, a quien se le supone serenidad y nervio, ha calificado de "desesperadamente lento" el avance de los constitucionalistas. Es lento en comparación con sus deseos, pero nada más. En 1986, los votos nacionalistas duplicaban, muy ampliamente, a los democráticos, y en 1990 todavía los duplicaban: 671.00 frente a 322.00. Pero desde 1994 la diferencia se acorta con rapidez, y en los pasados comicios fue de 742.500 frente a 653.300. Precisamente esa fuerte tendencia es una causa principal de que el PNV haya decidido "ir a por todas", antes de que sea demasiado tarde.

Una de las más lúcidas y lucidas interpretaciones de los pasados comicios la ha realizado José Basaburúa en la revista digital ARBIL, en su último número. Después de interpretar el resultado de cada una de las formaciones políticas, leemos: En el resto de España se tiene un profundo desconocimiento de la naturaleza del nacionalismo vasco. No era realista pretender que la "revolución cultural" desarrollada por el conjunto del nacionalismo vasco, desde hace 50 años, se pudiera contrarrestar con campañas mediáticas en unos pocos años. Falta crear un tejido social que permita avanzar y consolidar la realidad electoral de los constitucionalistas, que indica que, poco a poco, ganan votos y un espacio propio, pese a la presión y a la marginación. En definitiva: el electorado vasco está "fijado" en su mayor parte. Los movimientos y desplazamientos electorales se producen en el seno de los dos grandes bloques.

El director del diario ABC, José Antonio Zarzalejos, publicó una clarificadora Tercera con el título Saber esperar, en la que se lee: Ni las acciones del terrorismo, ni las coacciones, ni la destrucción, ni el chantaje, son hoy menos reprobables moralmente que hace tres días; ni la ambigüedad, ni la connivencia de los actuales dirigentes del PNV y EA en el pacto de Lizarra, merecen un juicio más benevolente que hace unas horas. La clave para que germine con fortaleza la semilla de los principios está en un concepto tan difícil en Política como es el de la perseverancia. Nada que ver ni con la tozudez, ni con la soberbia.

Un maestro del sentido común, que lo es también del recto pensar, Julián Marías, declaró, al citado diario de Prensa Española, en la pasada semana, que la idea de dividir, la idea de separar, la idea de independencia es completamente ilusoria. Estas elecciones eran muy importantes porque se iban a decidir dos cosas fundamentales. Ante todo, el futuro, pero, sobre todo, el pasado, es decir, lo que ha sido la realidad del País Vasco durante la mayor parte de su Historia.

Nunca más la violencia, es la enseñanza del pasado. Un tiempo del que nos llegan los ecos de palabras cargadas de la fuerza de la vida —¿o no han sido éstas las elecciones en las que se han votado más que los programas las acciones, los hechos más que las palabras?— Otro obispo, en este caso el de San Sebastián, don Jacinto Argaya, en el funeral por el que fuera presidente de la Diputación de Guipúzcoa, Juan María de Araluce, y sus acompañantes, dijo: Si es necesario que alguno muera por el pueblo, yo, Señor, ofrezco mi vida por Guipúzcoa, yo ofrezco mi muerte, la que sea, la que mandéis: natural o violenta; en el lecho o en la calle. Por la paz verdadera.