RetrocesoA&ONº 261/24-V-2001SumarioDesde la feContinuar
No es verdad
La Congregación para la Doctrina de la Fe ha hecho pública una Notificación sobre algunos escritos del reverendo padre Marciano Vidal, en la que presta a la Iglesia universal el servicio de poner sobre aviso acerca de determinados errores de este religioso redentorista y profesor de Teología Moral en la Universidad Pontificia Comillas y en el Instituto Superior de Ciencias Morales, de Madrid. El País y El Mundo, inmediatamente, han saltado como un resorte, y han sacado a titulares su habitual y ya rancia artillería de las grandes ocasiones. Convendría que se pusieran de acuerdo, porque mientras El Mundo habla de que vuelve la caza de brujas —cuando lo único que vuelve es el sentido común—, y de un teólogo español víctima de la ortodoxia de Ratzinger —con lo que evidentemente reconoce que el teólogo está en esas cuestiones fuera de la ortodoxia—, éste ha subrayado, en unas declaraciones a la COPE, que el Vaticano alaba mi manera de hacer. ¿Dónde está, pues, la víctima, si el propio interesado se siente alabado?; El País sale diciendo que en cuestiones de moral Roma no se mueve ni acepta experimentos. Los experimentos, con gaseosa, oiga... ¿Acaso El País acepta experimentos con lo suyo, y ni siquiera son cuestiones de moral?
Se pone en boca de un supuesto moralista español, que prefiere guardar el anonimato para evitar represalias —¡qué vieja murga y qué vieja y escuálida excusa para evitar dar la cara!—, que Marciano Vidal contaba con el apoyo de muchos obispos españoles. No se da un solo nombre y, aunque se diera, en cualquier caso, contaba. En pasado. Actualmente, el Departamento de Formación de la CONFER, sabiendo cómo estaban las cosas, le ha encargado estos días un curso sobre Alarmas en la Iglesia: alejados, separados, divorciados. Criterios morales y orientaciones pastorales. En ese curso, Vidal ha afirmado, según la Agencia de Noticias de Vida Religiosa: Los fallos constatables en la institución matrimonial vigente, y la ascensión irresistible de otras formas de vinculación heterosexual, con carácter alternativo del actual modelo normativo, son razones suficientemente válidas para orientar la vida y la reflexión sobre el matrimonio, hacia una pluralidad de formas institucionales. ¡Ahí queda eso! Si eso es aceptación obediente del aviso de Roma, a alguien que —no se olvide— enseña en nombre de la Iglesia, pues venga Dios y lo vea.

El País ha dedicado nada menos que un editorial al episodio de una profesora de Religión en un colegio público de Almería, que habría sido despedida, según el periódico, por haberse casado por lo civil con un divorciado. Lo titula Despido por lo religioso, y se rasga las vestiduras otra vez más, hipócritamente. Si el editorialista de El País se tomara la molestia de enterarse sobre lo que escribe, y de leer y publicar, como es su obligación, la nota hecha pública por el Obispado de Almería, se enteraría de que no ha existido tal despido, sino que la profesora sigue dando clase, y no hablaría de inexistentes intromisiones en la intimidad, ni de algo que atañe a su vida personal, porque evidentemente atañe a la vida personal de los niños a los que enseña, y de los padres de los niños. Lo que constituye un retazo de la España oscura es que un diario como El País dedique una contraportada, una página y un editorial intentando sacar las cosas de su justo quicio, a algo tan obvio y tan de sentido común.

Gonzalo de Berceo