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Jesucristo pasó su vida haciendo el bien, proclamó Pedro ante los judíos de Jerusalén sintetizando la personalidad del Maestro. La Iglesia, fundada por Cristo, también se propone hacer el bien. Es excelente la frase de la Campaña de este año para recordarnos a los fieles nuestras obligaciones de diezmos y primicias concentradas, aunque no exclusivamente, en esa crucecita que ponemos al cumplir nuestras obligaciones con el César. No hay argumentos para no ponerla. Y los que dan algunos son mezquinos.
Un cristiano necesita los sacramentos y necesita a los sacerdotes. Que no nos falte uno que nos ayude a bien morir, que bautice a los niños, bendiga los matrimonios, confirme a los adolescentes, perdone los pecados, celebre la Eucaristía y tantas otras cosas. ¿Cómo no pensar en los bienes que nos proporcionan día a día? Además, la Iglesia somos todos los bautizados. Sobre esta tierra nadie se libra de las necesidades materiales y monetarias urgentes. Hasta los doce tuvieron su bolsa, en vida de Jesús. Nuestra Iglesia necesita atender las cuestiones de la vida común, ayudar a las familias pobres, a los parados, a los inmigrantes, a los ancianos, sostener a los enfermos, mantener los templos, educar a los niños y jóvenes y hacernos llegar el mensaje de Cristo que tanto olvidamos, o que aún no hemos escuchado. Los primeros cristianos tenían todo en común. ¿Por qué nos va a costar a nosotros poner la crucecita en el impreso? Mercedes Gordon |