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Capítulo 4
Cultura de la familia y de la vida en la construcción del porvenir de nuesta civilización
4.1. LA FAMILIA Y LA VIDA, BIENES FUNDAMENTALES DE LA PERSONA Y DE LA SOCIEDAD

Contribuir a una cultura de la familia y de la vida

133. Hemos visto las esperanzas y las dificultades que encuentra el Evangelio de la familia y de la vida en nuestro tiempo. Nuestro anuncio es inseparable de nuestra misión. Para volver a hacer creíble el amor fiel y el aprecio de la vida humana en todo su desarrollo hemos de saber vivirlo y saber construir una verdadera cultura de la familia y de la vida. Es el desafío que se abre a la nueva evangelización como respuesta a la mirada de fe a nuestro tiempo.

134. Esta decisión supone devolver a las familias su capacidad de construirse en medio de circunstancias a veces adversas, hacerlas conscientes del propio protagonismo en la comunión de personas que quieren vivir, y del modo como su amor mutuo hace surgir una variedad de iniciativas para realizarlo. Supone, también, tener en cuenta los medios adecuados para el reconocimiento público de la importancia de la familia en la configuración de la sociedad. Es necesario que todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo sean conscientes de que están convocados a colaborar en esta tan noble como indispensable tarea.

135. Igualmente, la vida humana no sólo debe ser acogida con amor en el interior de la familia como el don más grande de Dios; también se debe buscar su defensa explícita en las leyes que configuran nuestro ordenamiento social. Si falta una adecuada defensa de la vida y no se respeta el valor sagrado de cada vida humana, constitutivo básico del bien común social, las relaciones sociales se resienten y quedan a merced de un relativismo amenazador. La función social de las familias está llamada a manifestarse también en la forma de intervención política, es decir, en que las leyes e instituciones del Estado sostengan y defiendan los derechos y los deberes de la familia.

136. Defender y promover la familia y la vida humana es la tarea que se abre a nuestra Iglesia en el comienzo del siglo XXI como un camino largo, pero cargado de esperanza en la construcción del futuro95.

4.2. PROMOCIÓN DE POMOCIÓN DE POLÍTICAS FAMILIARES ADECUADAS


La familia, reconocida en su verdadera identidad y aceptada como sujeto social

137. La familia es una comunidad de personas, la "célula" social más pequeña, y como tal es una institución fundamental para la vida de toda sociedad. La familia como institución, ¿qué espera de la sociedad? Ante todo que sea "reconocida en su identidad" y aceptada en su naturaleza de "sujeto social"96. Esta afirmación de Juan Pablo II es clave para mostrar qué se entiende por política familiar adecuada como fundamento del reconocimiento y promoción efectiva del papel de la familia en la sociedad. Tal como lo presenta la Iglesia consiste en dos elementos muy sencillos: saber reconocer la identidad propia de la familia y aceptar efectivamente su papel de sujeto social.

4.2.1. Identidad familiar en el contexto social

El matrimonio natural, bien para toda la sociedad

138. Por reconocimiento de la identidad familiar nos referimos a la fundada en un legítimo matrimonio y abierta a la descendencia. Es la realidad básica que articula las relaciones personales primeras, en ellas están inscritas los derechos fundamentales de la persona: a nacer en el seno de una familia con un padre y una madre, a vivir una fraternidad real con sus hermanos, a poder confiar en estas relaciones como medios válidos de crecimiento personal.

No estamos hablando sino de lo que se corresponde con el deseo de la inmensa mayoría de las personas. Éstas tienen el derecho de que se les reconozca la especificidad de su proyecto de vida y se les ayude en su realización.

139. Esta reclamación se basa en el hecho fundamental de que la familia es un bien singular para la sociedad, por su misma existencia y por el desarrollo de los bienes que la conforman en su interior. En ella se gestan el primer respeto a la dignidad de la persona y sus derechos, empezando por el derecho a nacer y terminando en la dignificación del momento de la muerte. No es un mero producto cultural que el Estado puede conformar a su voluntad, sino una institución natural anterior a cualquier otra comunidad, incluida la del Estado97.

140. Este hecho supone, en primer lugar, el reconocer como familia la fundada en el matrimonio. Por eso, se debe ayudar a las personas a llegar al matrimonio con un auténtico proyecto de vida y una capacidad personal de llevar adelante tal proyecto. Igualmente se debe respetar al matrimonio en lo que concierne a la disposición a tener hijos por medio de sus relaciones conyugales.

En todo lo que corresponde a la comunicación de los bienes fundamentales que se produce en la familia, como son la educación, la herencia, los servicios sociales, el cuidado de los niños y ancianos, se ha de tener en cuenta la realidad familiar. La familia es la primera escuela de sociabilidad del hombre y debe fomentarse, ya que lo es por su esencia. Para poder realizar esto debe contar con los medios adecuados para mantener y promover las relaciones familiares: vivienda, trabajo, posibilidad de reunir la familia, medios de educación.

Legislaciones en contra y a favor de la familia

141. Si la familia reclama el que le dejen ser lo que es, esto supone también que no se la equipare con otras realidades que no tienen la misma identidad. Nos referimos con ello sobre todo a las denominadas parejas de hecho. Observamos una alarmante tendencia a conceder derechos a este tipo de convivencia en un régimen de igualdad con la familia fundada en el matrimonio. Es necesario aclarar lo que este hecho significa.

Tratar como iguales realidades desiguales es una injusticia. No es posible equiparar la realidad del compromiso público en un matrimonio, con los derechos y obligaciones que contraen ante la sociedad, a la mera unión de hecho de dos personas sin ninguna responsabilidad ante nadie. No valorar la confianza y el compromiso personal en el ámbito social es un profundo debilitamiento del entramado social básico y una falsificación fundamental de los deseos reales de las personas que contraen matrimonio sin que la sociedad les apoye de modo real.

142. El modo más evidente de comprobar lo anterior es repasar los bienes que la sociedad recibe de una familia bien estructurada en comparación con cualquier otro modo de convivencia. No es lo mismo formar un hogar que acoge una descendencia y la educa, que una pareja cerrada a ella por principio. No es lo mismo asumir una responsabilidad civil en el cuidado y formación de las personas que la integran que dejar en una ambigüedad la posibilidad de tales circunstancias en un futuro.

La protección social y legal hacia una institución debe estar en correlación con los beneficios que la sociedad recibe de tal comunidad de personas. La tolerancia que puede darse hacia otro tipo de realidades no puede entenderse como una arbitraria igualdad. Esto no sería neutralidad, sino partidismo anti-matrimonio y anti-familia: estamos ante una falsa equiparación social de realidades distintas. De este modo se olvida la estructuración misma de la sociedad. La presión que se observa a veces en pro de esta paridad procede más de una insistencia ideológica de grupos de presión interesados —algunos con gran capacidad económica— que de la relevancia real del tema98.

143. Un bien fundamental que recibe la sociedad de la familia son los hijos. Es un elemento principalísimo del progreso social y se le debe reconocer a las familias que generosamente los engendran y educan. Es necesario tener en cuenta la relación entre familia y educación en lo que se refiere a ofrecer una familia a aquellos niños que, por distintas circunstancias, no la tienen. En el tema de la adopción hay que tener en cuenta los derechos del niño por encima de la voluntad de los padres. En la actualidad existe una dificultad excesiva para que una familia pueda adoptar un niño en España.

  Continuación