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1.1. UNA MIRADA DE FE
Lo verdaderamente humano 9. La mirada que dirigimos a la vida, el matrimonio y la familia en nuestra sociedad actual es una mirada de fe por un doble motivo. En primer lugar, porque esa fe nos hace participar de aquella primera mirada de Dios con la que el Creador vio que todo era bueno (cfr. Gén 1,31) y nos da esos ojos nuevos que nos permiten redescubrir lo bueno, lo verdaderamente humano (cfr. Flp 4,8)9. En segundo lugar, porque mirar el matrimonio y la familia nos lleva a descubrir la necesidad de una fe humana10. La familia es el primer lugar donde una persona se confía a otra con una entrega verdadera. Esta fe humana que se vive en la familia nos abre a la fe en el otro, para poder construir una sociedad esperanzada, y a la fe en Dios. La mirada de fe resulta decisiva para descubrir, conocer y vivir la verdad completa de todas las realidades, sobre todo las que se refieren al ser humano, a su vida y a su destino trascendente. 10. Son muchas las ocasiones en que los obispos españoles nos hemos pronunciado sobre la situación de nuestra sociedad, también en lo que afecta a la verdad moral propia del matrimonio, la familia y la vida. No hemos dejado de señalar los logros y las dificultades en estos campos. Uno de los logros que se ha dado en la sociedad española, y que queremos de nuevo poner de manifiesto, es la progresiva maduración de nuestra convivencia democrática11. Esto incluye elementos muy positivos en la afirmación de unos valores destinados a la convivencia en un clima de libertad, respeto, pluralismo, tolerancia, con un marco de progreso económico en un Estado de bienestar. |
| Junto a estos logros, es obligado afirmar también importantes adquisiciones de carácter moral, como una mayor sensibilidad en lo que corresponde a la defensa de las libertades individuales y la igualdad de derechos. Esto supone un rechazo creciente contra las manifestaciones tiránicas, los racismos, las violencias de distinto tipo también en la familia, las desigualdades sociales, los clasismos más o menos ocultos, una denuncia sin paliativos contra el terrorismo, una lucha sincera contra diversas manifestaciones inhumanas como son la miseria, la ignorancia o el rechazo a los inmigrantes.
En el ámbito específico de la familia hemos de constatar como elementos de progreso: el mayor reconocimiento de la igualdad de hombre y mujer, la mayor libertad en las relaciones y en la elección del matrimonio, el hecho de que los hijos sean recibidos más conscientemente, etc. La solidaridad con los desfavorecidos, la preocupación por los desempleados, el crecimiento del voluntariado social, el respeto a los que tienen otra cultura o el cuidado de una conciencia ecológica, son también importantes adquisiciones de nuestra sociedad. 1.2. AMBIGÜEDAD DE LOS VALORES DE LA CULTURA DOMINANTE
Aceptación de graves distorsiones 11. Pero, como pastores, hemos de advertir que muchos de estos elementos presentes en nuestra vida social sufren ciertas ambigüedades a causa de la cultura dominante, que los desfigura en la tarea de formar integralmente a la persona. Nos interesa sobre todo destacar la ambigüedad en lo que corresponde al ámbito de la familia y la vida. Se produce ahí la asombrosa situación de que, a pesar de que las encuestas demuestran que es una institución altamente valorada de modo privado por las personas, existe un rechazo manifiesto en su aceptación pública. De tal manera que se llegan a considerar normales en una situación democrática distintas realidades que perturban seriamente la institución familiar y el respeto a la vida humana. Entre otras, podemos citar la extensión del divorcio, con las graves consecuencias personales que genera; de las parejas de hecho, con la inestabilidad que producen en la vida de las personas y de la sociedad; y, cada vez más, la petición de un pretendido matrimonio entre homosexuales, con una grave confusión en la comprensión de la sexualidad12. Entre los temas que se refieren a la transmisión de la vida, se encuentran la trágica aceptación social del aborto, la eutanasia, la esterilización, la FIVET, la clonación terapéutica, etc. Muchas de estas cuestiones ya han sido legalizadas, como el divorcio, la despenalización del aborto en algunos supuestos13 y las Técnicas de reproducción asistida14; e incluso han sido aceptadas por sentencias del Tribunal Constitucional15. |
| 12. La gravedad y número de estos problemas está a la vista de todos. Nos encontramos en una situación histórica nueva en nuestra sociedad. Como pastores nos preocupan en la medida en que afectan a las personas en lo más íntimo, mientras que nuestra sociedad parece querer ocultar sus dificultades con soluciones superficiales e ingenuas, que pretenden ignorar la repercusión personal y social que producen. Éste es el drama que se oculta tras la paradoja de una familia (cuna y santuario de la vida) apreciada en su función personal y vilipendiada en su dimensión social. Nos hallamos ante un orden social tremendamente paradójico porque esconde la problemática que padecen muchas personas, queriendo amparar esa problemática humana con unos servicios sociales que aseguren una vida individual sólo materialmente adecuada. Pero, ¿acaso pueden las estructuras frías e impersonales ocuparse verdaderamente de las personas, sobre todo cuando éstas sólo pretenden asegurarles un mínimo de bienestar material?
Nuestra mirada de fe no se queda en las estructuras, nos ayuda a contemplar el corazón del hombre (cfr. 1 Sam 16,7). Por eso, al entrar en esta cuestión no estamos invadiendo un terreno ajeno, sino que nos hacemos eco de los apremiantes deseos de gran número de personas cuyo principal problema es su propia familia. ¡Cuántos hombres y mujeres no saben qué hacer para tener una mejor convivencia familiar, o ayudar verdaderamente en esto a sus hijos! Querer silenciar esta voz bajo el argumento de una pretendida neutralidad social ante una cuestión meramente privada, supone callar ante el clamor de tantas familias que piden una atención urgente. Hemos de constatar que hoy, por la evolución negativa de los problemas antes apuntados, en España, la familia padece graves males y es hora de afrontar sin complejos sus causas y sus soluciones. Las raíces de una cultura inadecuada 13. La contradicción interna entre la valoración positiva de la familia como un valor real y su menosprecio como elemento social nos señala una importante incoherencia en la racionalidad que está en la base de la construcción de nuestra sociedad16. Incoherencia que pone de manifiesto un modo erróneo de concebir la convivencia social. No le basta al hombre un bienestar material y exterior si fracasa en lo más importante para él. Así nos encontramos con que muchas personas viven un problema dramático, y es la dificultad para realizar un auténtico proyecto de vida y de familia, como pide su corazón, pues tropiezan con una valoración social puramente económica y utilitarista de la persona y de la familia. En estas circunstancias, la ausencia de una ayuda adecuada y cercana sume al hombre en una amarga frustración. 14. Los cristianos debemos denunciar aquellos aspectos de nuestra cultura que no favorecen la personalización de cada hombre y cada mujer, y su llamada a formar una auténtica comunión de personas. Son factores que provocan una fractura íntima, que conduce a la dificultad de concebir la propia vida y, por consiguiente, el matrimonio y la familia, como una auténtica vocación. |
| Este hecho está más acentuado por la extensión cultural de una determinada censura que relega del ámbito público al privado toda pregunta por Dios y por la trascendencia. Se abre así una profunda ruptura entre la fe y la vida que debilita las convicciones personales.
15. La ambigüedad que destacábamos antes es fruto de un largo proceso cuyo interés se centra en una convivencia fundada, no en convicciones, sino en acuerdos de compromiso. Se da una gran importancia a los procedimientos formales y las cuestiones inmediatamente prácticas, mientras se evita, una y otra vez, todo diálogo sobre las cuestiones fundamentales y los ideales comunes, que se llegan a considerar irrelevantes para la vida social. Rechazo de Dios 16. Este proceso comienza con la secularización de la sociedad en la Edad Moderna, a consecuencia de la cual muchas de las realidades humanas, incluida la vida y el proyecto familiar, se piensan como realidades cerradas a la trascendencia y cuyo contenido pasa a ser considerado como meramente terrenal17. El desarrollo de los acontecimientos, en cambio, parece insistir en que el intento sistemático de construir una convivencia sin Dios se vuelve siempre contra el hombre. En primer lugar en su corazón, porque, llamado a una comunión con Dios y abierto a lo infinito, queda encerrado en el horizonte estrecho de la vida en este mundo. Las palabras de san Pablo son profundamente reveladoras: Porque, habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, antes bien se ofuscaron en sus razonamientos y su insensato corazón se entenebreció (Rom 1,21). A esta verdad fundamental, el Apóstol añade (vv. 22-32) toda una serie de males morales que denigran a las personas y hieren la convivencia, algunos de los cuales afectan muy directamente a la familia y la vida. Razón ofuscada 17. Cuando se produce este fenómeno de oscurecimiento de la presencia de Dios, incluso como horizonte vital que transciende al mundo, se crea en los hombres un ánimo refractario a cualquier realidad que no caiga bajo el control humano. Toda verdad trascendente se llega a mirar, por algunos, con sospecha, o incluso se pretende reinterpretar de modo reductivo. No estamos ante un mero juego intelectual que intente un sistema coherente cerrado a la trascendencia, es como dice el Apóstol un auténtico ofuscamiento de la inteligencia humana, que se halla como colapsada en la búsqueda de una verdad plena, que responda a las preguntas fundamentales de la dignidad del hombre y que sea capaz de fundar la convivencia social. |
| 18. Ante los grandes valores e ideales se extiende en muchos sectores un profundo escepticismo, que actualmente afecta gravemente al campo moral. Con esta afirmación no nos referimos al rechazo de la normativa moral propuesta por la Iglesia, sino, sobre todo, a la incapacidad del hombre para construir su vida en la verdad.
Al dejar de creer en la verdad de los valores absolutos, la inteligencia deja de interesarse por la cuestión del sentido para centrarse en una razón instrumental, que sólo resuelve problemas inmediatos por medio del cálculo y la experimentación, pero que permanece cerrada al misterio del hombre, por lo que es incapaz de descubrir el valor personal y la belleza de lo humano18. Todo se mide y se valora por su productividad y su utilidad. Endurecimiento del corazón Muchos llegan a juzgar imposible conocer con una certeza moral principios firmes en los que asentar la realización del hombre, como son el sentido de la vida de la persona, del matrimonio y de la familia. Son realidades fundadas en una verdad profunda y rica en humanidad. Podemos reconocer en ello el endurecimiento del corazón (cfr. Mt 19,8), que entenebrece la percepción de la verdad originaria del matrimonio disolviéndola en conveniencias sociológicas. 19. Las consecuencias de este modo de afrontar la vida son muy graves. Al hombre, reducido su horizonte vital a lo que puede dominar, se le valora sobre todo como un homo faber, y todo su trabajo se mide en razón de la sola productividad. A pesar de los adelantos técnicos, se observa paradójicamente cómo el trabajo ahoga muchas veces la vida de las personas con exigencias que no tienen en cuenta la realización de la persona y su vida familiar. Se sacrifican muchas cosas a un sistema de producción impersonal, competitivo y tiránico. Deformación de la libertad 20. En el plano moral se produce una deformación del valor de la libertad, que pierde así su aspiración interna hacia la plenitud humana. Desarraigada de su finalidad interna, que la dirige a realizar el amor verdadero, la libertad queda reducida a la elección de cosas según un arbitrio personal, al margen de la verdad del hombre. |
| Cuando esto sucede, los únicos límites que se descubren para la libertad vienen de la presencia de otras personas también libres. La relación entre personas se enmarca así en un conflicto de libertades y límites. Todo es posible con tal de no violentar la libertad ajena. Pero, ¡qué drama se esconde tras esta concepción de la libertad! Cuando la libertad se percibe y se define sólo a través de meros contenidos extrínsecos y negativos, la persona llega a vivir entregada a las emociones, y acaba esclava de sus propias apetencias superficiales. Esta concepción de la libertad produce un profundo conflicto entre las diversas dimensiones de la persona: racional, afectiva e instintiva.
21. Podemos hablar entonces de un concepto perverso de la libertad19. No nos estamos refiriendo sólo a un error antropológico, sino a una forma de entender la existencia humana con unas consecuencias profundamente negativas en la vida personal y social. Por una parte, una libertad sin dirección aboca al hombre a un nihilismo corrosivo, en la medida en que pierde el contacto más profundo con los valores e ideales verdaderos: todo sería válido, incluso los comportamientos destructivos20. Mientras que los deseos más profundos de sentido, de paz, de horizontes trascendentes, de amar y ser amado, etc. permanecen insatisfechos, se debilitan y empobrecen las relaciones interpersonales. Si la libertad del hombre no le conduce a amar con todo el corazón, se convierte en algo nocivo y frustrante del sentido de su existencia. Utilitarismo e individualismo 22. En el ámbito público esto se plasma en la adopción de una ética utilitaria dominada por los intereses individuales; en cambio, en el ámbito privado, el juicio moral se deja al arbitrio de un sentido moral subjetivo, que se traduce en una concepción ética a la carta. En ambos casos, se desemboca en una tendencia individualista en la que la figura del otro aparece como un rival potencial y como un competidor en el intercambio de bienes materiales. Así entendemos que la propia libertad tienda a afirmarse como dominio sobre los demás. Uno de los efectos más claros de esta concepción es el intento de justificación de actos intrínsecamente nocivos21. Todo tipo de aberraciones, incluido el aborto, el suicidio, la pederastia, el turismo sexual, etc., llegan a aparecer incluso como derechos de la libertad individual. ¿Acaso no se ha perdido el sentido de la libertad, deformando a la persona? |