|
|
Rosa Puga DavilaEn España viven 2,5 millones de viudas y viudos, de los cuales 2,1 son viudas. Esto quizá se deba a que la esperanza de vida de la mujer en España (81 años) es superior a la del hombre (74 años), o a que los hombres tienen más tendencia a rehacer su vida al lado de otra persona; quién sabe , el caso es que la mayoría de las personas a las que les ha fallecido su cónyuge son mujeres: el 70%, mayores de 70 años; el 90%, con hijos; y el 8%, con trabajo remunerado. Es evidente que una persona sola no puede trabajar dentro y fuera de casa a la vez. ¿Qué haces si tienes que sacar a tu familia adelante, pero el trabajo remunerado es sólo el que puedes desempeñar fuera de tu casa? ¿Cómo sobrevives con una paga, en la mayoría de los casos, inferior al salario mínimo: 72.120 pesetas al mes? Hoy son 1,4 millones las viudas mayores de 65 años que cobran una pensión inferior al salario mínimo. |
| EQUIDAD Y SOLARIDAD
Las viudas reivindican desde asociaciones como la CONFAV (Confederación de federaciones y asociaciones de viudas Hispania) aquello que creen justo y necesario; no piden para lujos, sino para poder vivir dignamente. Hablamos de equidad y de solidaridad: - Equidad: Se trata de un derecho ganado a través de las cotizaciones y no de una concesión graciable; es fruto de la aportación del cónyuge a la Seguridad Social. - Solidaridad: no podemos dejar al margen a los sectores más desfavorecidos de la sociedad. La propia Constitución española establece el mandato de velar por los derechos sociales de las personas y de priorizar la atención a los más necesitados. Doña Mercedes Mena, Presidenta de la Confederación de federaciones y asociaciones de viudas charla con Alfa y Omega sobre las peticiones de las viudas hoy. He aquí algunas de ellas: - Facilitar el acceso a una residencia. - Guarderías asequibles y con horario flexible; y Centros de día, pisos tutelados o residencias para personas mayores, asequibles al poder adquisitivo según la cuantía de las pensiones, para las que las mujeres con niños puedan conciliar la vida familiar con la laboral. - Deslindar la pensión de orfandad de la de viudedad en casos concretos. - Subir las pensiones. Las viudas más jóvenes sustentan la proliferación en España del fenómeno de la economía sumergida. - La compatibilidad del SOVI (Seguro obligatorio de vejez e invalidez) con la pensión de viudedad. Esta incompatibilidad, tratándose de pensiones mayoritariamente muy reducidas, tiene un impacto grande; afecta sobre todo a las mujeres de avanzada edad que no tuvieron oportunidad de acceder al mercado de trabajo, y no tienen derecho a cobrar la pensión de jubilación. |
| - Apoyo. La viuda necesita encontrar apoyo, estabilidad, para la recuperación del equilibrio y de la propia personalidad. Nadie puede entender a la viuda mejor que otra viuda.
- En los países donde la viuda no percibe nada, estudiar la forma de crear sistemas de apoyo desde los poderes públicos y desde la misma sociedad. - Formación y fomento de empleo y autoempleo. Hay que empezar, a veces, por la alfabetización integral, porque muchas mujeres, en su día, dejaron de estudiar para atender su casa, y ahora se ven solas y, muchas veces, en la miseria. - Consideración de Familia Numerosa para las mujeres viudas con 2 hijos. La nueva propuesta del Gobierno (incrementar del 45% al 52% sobre la base reguladora las pensiones de viudedad, como regla general, y hasta el 70% para las personas con cargas familiares) no es suficiente. Las viudas con más de 60 años perciben 62.455 pesetas mensuales como promedio. A pesar de ello la situación ha mejorado: en 1995 las pensiones de viudedad para titulares con 65 años tenían una cuantía mensual de 51.625 pesetas; hoy ascienden a 62.455 pesetas mensuales, lo que no quiere decir que esto sea suficiente. Hoy, en España, existen alrededor de 400 asociaciones de viudas. Cuando el Gobierno se refiere a 2 millones con un casi, está haciendo referencia a las censadas; se sabe que muchas no lo están porque deben optar, según los casos, por cobrar la pensión de jubilación o la de viudedad (ambas no son compatibles). En muchas de estas asociaciones se ayuda a las viudas a adquirir y desarrollar habilidades sociales, laborales y espirituales, que les permiten a muchas reinsertarse socialmente. |
| TRISTEZA, ESPERANZA Y ESCUCHA
La mujer que se queda viuda tiene mucho interés por hacer todo aquello que no ha podido hacer por diversas circunstancias, como haber vivido dedicada a sus hijos y marido enteramente. Llega un día en el que se ven solas: él ya no está, y sus hijos han tomado su camino. Juegan, en este momento, un papel importante asociaciones que, como la CONFAV,permiten a muchas mujeres hacer todo aquello para lo que ahora tienen tiempo: cursos, charlas, viajes culturales o actividades de voluntariado. De las 400.000 socias de la Confederación, 55.519 son mujeres que, con edades que oscilan entre los 25 y 99 años, realizan labores de voluntariado que ejercen desde sus propias casas, en las sedes de las asociaciones de la CONFAV o en otras ONG o/y movimientos; tanto en proyectos nacionales como internacionales. En la asociación de viudas de Villalba, en Lugo, han realizado, entre otros, cursos de corte y confección; o de autoestima y autoconocimiento; charlas sobre asuntos legales o temas de salud, y acciones solidarias como la visita a enfermos. Pero, como nos comentaban, no todas las viudas del pueblo están en esta asociación; unas, porque no quieren; y otras, porque se han dado de baja al casarse de nuevo, o, llegada una edad, prefieren pertenecer a asociaciones para la 3ª edad. Doña Mercedes Mena, Presidenta de la CONFAV, y como ella miles de viudas, piensa que de lo que se trata como reza su lema de este año es de abrir caminos a la esperanza. Se trata de superar la realidad y pasar al otro lado, al lado de la esperanza. Eclesialmente, echan de menos la existencia de una pastoral familiar que incluya una específica que responda a la realidad que ellas viven. En la Comisión de Familia de la Conferencia Episcopal asumen esta carencia especial de cara a las viudas, como otras tantas, pero creen que están integradas a niveles de parroquia y de diócesis, ya que cuentan con sus propias asociaciones y movimientos, a través de los cuales se integran en la pastoral como unas más. Viudas sin sus esposos y huérfanos sin sus padres son la cara de una misma moneda: la familia monoparental. Una mujer fuerte que lucha sin compañero (sólo tres de cada cien vuelven a contraer matrimonio) por vivir feliz y hacer felices a los demás, a pesar de los pesares y buscando a menudo respuestas en la fe: solas, aunque acompañadas. |