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Es la primera participación solemne de los niños en la acción eucarística de la comunidad cristiana.
Es el acontecimiento más importante de la vida religiosa del niño, después del bautismo. Es la celebración de la comunidad cristiana, en la que tiene lugar la admisión de unos niños a la plena participación en la Eucaristía, es decir, a la comunión sacramental. Es un momento culminante, no el término, dentro de un proceso catequizador, que debe significar el punto de arranque para una catequesis ulterior más rica. Es la ratificación solemne de la Iglesia para admitir a la plena participación eucarística al niño, que ha descubierto a Jesucristo y, por lo tanto, es apto para ser miembro de pleno derecho de la asamblea cristiana. Es el comienzo de una etapa de crecimiento en la fe, de descubrimiento de las exigencias morales de la vida cristiana. Es una honda experiencia, que debe mover al niño a una práctica de la oración. Es un vivo testimonio de fe infantil, que se convierte en interrogante serio para la fe adormecida de los adultos. Es una ocasión excepcional para comprometer y renovar la vida religiosa de toda la familia. |
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CONSIDERACIONES GENERALES
Los niños que hacen la Primera Comunión no son los protagonistas de la celebración, sino los invitados de honor, los que son homenajeados. La Misa en que participan es de adultos, no es una Misa con niños. Debe enmarcarse la celebración litúrgica dentro del espíritu y directrices del Directorio para las misas con niños. No es el estreno mundial de un rito bonito, pero que tiene muy poco que ver con la celebración del memorial del Señor. Por ser una celebración especial, hay que conocer muy bien los aspectos que se pueden adaptar. Adaptar no significa simplemente cambiar o suprimir. Debe ser una adaptación de iniciación sacramental. Siempre hay que respetar al niño, que debe saberse capaz de celebrar la fe y no sentirse conejito de indias sobre el que se ensayan falsas piruetas litúrgicas. Muchas veces se llama creatividad a la improvisación. El principal protagonismo de la Primera Comunión corresponde a la comunidad cristiana que los ha preparado, los acoge y los integra plenamente en su seno. Durante la celebración eucarística el niño que comulga por vez primera no conviene que ejerza todas las funciones y ministerios litúrgicos (propios de los ya plenamente iniciados), creyendo falsamente que así participa más. Como suele haber muchos participantes ocasionales en la Misa de Primera Comunión, debe cuidarse la dignidad celebrativa por su valor evangelizador. |
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ALGUNAS PISTAS LITÚRGICAS
El celebrante nunca debe aparecer ante los niños ni comportarse como un niño mayor, sino como un adulto en la fe, que los ayuda a vivirla. Es bueno que, desde el principio, los niños que van a hacer la Primera Comunión entiendan que eso es cosa de mayores. El lenguaje de los gestos litúrgicos no puede reducirse al aplauso y a cogerse las manos. Hay gestos litúrgicos (signarse, partir el pan, etc ), gestos corporales (de pie, sentados, de rodillas, las manos levantadas, procesiones, etc ) La mejor participación en el canto no se consigue con cantos infantiles ni con el simple acompañamiento de gestos (los niños un poco mayores sienten un pudor incipiente), sino con aclamaciones breves, fáciles, entendidas. Ordinariamente el niño no suele ser buen lector de textos, le resulta muy difícil proclamar en la asamblea litúrgica las lecturas. Máxime el día de la Primera Comunión, en que está muy nervioso. Los primeros comulgantes pueden ser significativamente protagonistas en la acción litúrgica en los siguientes momentos: en la procesión de entrada, en la oración de los fieles (evitar las expresiones genéricas y desconectadas de la Palabra escuchada), en la procesión de ofrendas (debe ser verídica y eucarística; evitar trabajos escolares, libros, juguetes, etc ) y en el momento de la comunión. En la celebración debe brillar también el silencio sagrado, al que deben acostumbrarse desde el principio los niños. No es pérdida de tiempo. Prestar la atención pastoral correcta al problema de los fotógrafos, que suele ser punto de conflicto en las Primeras Comuniones. La Primera Comunión debe ser celebración que se prolongue en posteriores celebraciones, que despierte el hambre de otras Eucaristías, que capacite e inicie a la participación en la misa ordinaria de los domingos. Andrés Pardo |