RetrocesoA&ONº 261/24-V-2001SumarioMundoContinuar

HABLA EL PAPA

Quise indicar el camino

Mi peregrinación tras las huellas de san Pablo ha sido la última parte del itinerario jubilar a través de los principales lugares de la historia de la salvación, en este inolvidable regreso a los manantiales, en los que se puede acceder a la frescura de la experiencia cristiana inicial.

En todo lugar he querido testimoniar a las Iglesias ortodoxas el cariño y la estima de la Iglesia católica, con el deseo de que la memoria de las culpas pasadas con

tra la comunión quede plenamente purificada y deje espacio a la reconciliación y a la fraternidad. Además, he tenido la posibilidad de volver a afirmar la sincera apertura con que la Iglesia se dirige a los creyentes del Islam, a los que nos une la adoración al único Dios.

He podido confortar y alentar a esas comunidades católicas, exhortándolas a la fidelidad y, al mismo tiempo, a la apertura y a la caridad fraterna. Desde el Areópago de Atenas se vuelve a presentar el mensaje cristiano de salvación a todos los que buscan a Dios. La historia de Dios con los hombres comienza siempre por una llamada, que invita a dejarse a sí mismos y sus propias seguridades para encaminarse hacia una nueva tierra, confiando en Aquel que llama. Así sucedió con Abraham, Moisés, María, Pedro y los demás apóstoles; también con Pablo.

Quise indicar el camino de la santidad como vía maestra para los creyentes del tercer milenio. En el vasto mar de la Historia, la Iglesia no tiene miedo de los desafíos y las insidias que encuentra en su navegación, si mantiene firme el timón en la ruta de la santidad, hacia la que la ha orientado el gran Jubileo.

(16-V-2001)