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J. F. Serrano Ocejapserrano@planalfa.es Al margen de que a Milingo, el que fuera arzobispo de Lusaka, lo que le va es la milonga, una fotografía, como la publicada en los diarios en este inicio de semana, en la que se le ve sonriente, de la mano de su esposa, la acupunturista coreana Sung Ryae Soon, de 43 años, nos enfrenta al misterio de la libertad del hombre, en la medida en que la libertad esté auspiciada por la racionalidad. De fondo, no muy al fondo, nos encontramos con el misterium iniquitatis, que sólo es comprensible a la luz del misterio de la encarnación, que nos habla de fidelidades primeras y últimas. El teletipo de la Agencia EFE, fechado en Nueva York el 27 de mayo, y firmado por afa/chs, dice: El controvertido arzobispo católico de Lusaka (Zambia), Emmanuel Milingo, se casó hoy, domingo, en una ceremonia colectiva organizada en Nueva York por la secta del reverendo Sun Myung Moon. "A los 71 años, y después de una vida de devoción a la Iglesia y a mis votos sacerdotales, el Señor me ha llamado para dar un paso que cambiará mi vida para siempre", señaló Milingo en un comunicado de prensa distribuido justo antes de que se celebrara la ceremonia. (...) "Sólo a través de la llamada de Jesús y del consejo y apoyo del Reverendo Sun Myung Moon y su esposa, he tomado este paso inesperado y atrevido, con el que he luchado en mi corazón", agregó el arzobispo. En la amplia crónica de testimonio directo de Felipe Cuna, publicada en la contraportada del diario El Mundo, del pasado lunes, leemos que en el Hotel Hilton, monseñor Milingo, de 71 años, se casó con Sung Ryae, una doctora coreana de 43, tras apenas una semana de noviazgo. Se la presentó y la eligió para ser su esposa el mismísimo reverendo Sun Myung Moon, líder de la Iglesia de la Unificación, que ofició la ceremonia. |
| La Agencia de noticias de la Santa Sede, Vatican Information Service, distribuyó, el pasado lunes, el siguiente comunicado del director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Joaquín Navarro Valls: Obviamente, la Santa Sede ha tomado acto con vivo pesar del gesto cumplido por el arzobispo Emmanuel Milingo. Con la participación en el rito público de matrimonio en la secta Moon, se ha colocado de hecho fuera de la Iglesia católica y ha infligido una grave herida a la comunión que los obispos, en primer lugar, deben manifestar con la Iglesia. Por tanto, no podrá ser considerado obispo de la Iglesia católica, y los fieles están invitados a considerar las debidas consecuencias de su comportamiento y de sus aciones, que constituyen el presupuesto para las sanciones canónicas previstas que se le comunicarán próximamente y se harán públicas después. La Agencia de Noticias Zenit, Http:/www.zenit.org/, ofreció un servicio, el pasado lunes 28 de mayo, que dice: La Santa Sede ha sido muy tolerante con el arzobispo hasta la ruptura definitiva. En 1983, Juan Pablo II le transfirió a Roma por uso indebido de los poderes de exorcismo y graves desuniones causadas en la diócesis de Lusaka (Zambia). Le nombró delegado especial del Consejo Pontificio para los Emigrantes. A pesar de que el obispo continuó realizando ceremonias de exorcismos y espectáculos en varias diócesis, especialmente en Italia, sin el permiso de los obispos diocesanos, no había sido castigado nunca con otras sanciones eclesiásticas. Hace un año, fue cesado de su cargo en el Consejo para los Emigrantes. Ahora bien, por respeto a su persona, la Santa Sede mantuvo su sueldo, así como la casa y el pasaporte vaticano. Uno de sus amigos que trabaja en el Vaticano y representantes de la Santa Sede en Estados Unidos trataron de contactar con el prelado la semana pasada para preguntarle por sus intenciones. La secta, sin embargo, le ha mantenido segregado e inaccesible. Desde hace algunos años, Milingo había entrado en la órbita de la secta Moon. Uno de los actos más evidentes fue su participación en matrimonios masivos organizados por la secta en 1999, en Japón, y en el año 2000, en Corea. Por este motivo, fue severamente amonestado por el cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado Vaticano. Según amigos del prelado, en los últimos tiempos trabó una gran amistad con un médico chino perteneciente a la secta Moon, residente en Roma; se había dirigido a él para ser curado de unos dolores que sentía en la pierna.
En el espléndido y apabullante Diccionario Enciclopédico de las Sectas, de Manuel Guerra, editado por la BAC, la voz Sun MyungMoon, concluye así: El "reverendo Moon" como se titula ha dicho de sí mismo: "Soy el más grande de los santos". "Soy más grande y caritativo que Jesús". "Yo soy el que piensa por vosotros y vuestro cerebro". "Mis palabras son Ley. Si deseo algo se cumplirá". "El mundo entero está en mis manos". "De todos los santos enviados por Dios, pienso que soy el más exitoso hasta ahora". Giovanni Papini se equivocó con su libro El Diablo. Equivocó la conclusión, quizá porque los principios no estaban bien asentados. Sin embargo, nos legó algunas páginas de ineludible interés. De entre ellas, no sé muy bien por qué, he recordado aquella en la que dice: En la rebeldía de Satanás hubo, pues, un elemento de orgullo, el sentido de una ofensa hecha a su excelsa dignidad.Pero el verdadero principio de la caída fue el deseo de unirse a la esencia divina, al Verbo, no para suplantar a aquélla, como algunos creyeron, sino para aportar, mediante esta unión admirable, un beneficio a la Humanidad. Satanás hubiera querido ser el Cristo, es decir, el Salvador, pero no Dios mismo: sólo la criatura en la que el Hijo se mostraría a los hombres. No quería ser Dios sino estar unido a Dios en ese misterio de amor que nosotros hemos conocido en la Encarnación. |