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Diez años ya, querido José Luis. Cuando Dios, nuestro Padre, llevó tu alma purificada por el dolor a sus manos misericordiosas y acogió la fortaleza de tu ternura en la suya, todavía se celebraba en nuestra santa Iglesia la fiesta de la Ascensión del Señor el jueves, uno de los tres, con Jueves Santo y Corpus Christi que relumbran más que el sol. Ahora lo celebramos el domingo siguiente, ¿sabes? En Roma, no. En Roma, el Papa Juan Pablo la ha celebrado el jueves, clausurando un Consistorio de cardenales de los que tú soñabas; ¿qué digo?, estoy por asegurar que ni siquiera tú soñaste que pudiera celebrarse un Consistorio así. La mayoría de nuestros periódicos ya sabes, por no perder la mala costumbre lo han desnaturalizado. Alguno hasta ha titulado, sin pararse en discernimientos y sin importarle la verdad, que lo que se ha celebrado ha sido un Cónclave. Ya ves, sería un notición: el primer Cónclave presidido por un Papa...
Te recuerdo en un avión de Iberia, hace ya un buen puñado de años, cuando comenzaban los Sínodos, sentados tú y yo codo con codo. Te recuerdo vehemente, como siempre, apasionado por la Iglesia. |
Desengáñate, me decías, este Sínodo no va a servir ni un pimiento.Y yo, más joven e inexperto que tú, me asombraba: Pero, José Luis, ¿cómo puedes decir eso? Si aún no ha empezado... Me asombraba casi más al día siguiente en la Sala Stampa de Via della Conciliazione, cuando recién concluida la solemne celebración de apertura, exultabas: ¡Qué maravilla, chico! Esto marcha. Este Sínodo va a ser una maravilla...! Y yo, inexperto, expresaba mi estupor: Pero, José Luis, si no ha hecho más que empezar... Ya veremos... ¿no? |
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Luego, José Luis, amigo, escribiendo dejabas bastante la vehemencia en el tintero y tu pluma se serenaba y ahondaba, y valoraba, y explicaba, informaba y nos daba a todos sopas con honda...
Diez años ya que Dios te llevó con Él, querido José Luis. Se te echa de menos, créeme. Yo, muchos días últimamente, por ejemplo, cuando no se sabe quién a desde donde no se sabe cómo ni por qué, como tú decías, ha arreciado en una inmisericorde, programada y bien adobada polémica contra nuestra Iglesia, he echado de menos tu pluma lúcida y apurada llamando al pan, pan, y al vino, vino. ¿Los amigos? Te diré... Muchos, tú lo sabes mejor que yo, están contigo ya: José María Pérez Lozano, don Jesús; otros, como don Antonio Montero, cumplen 50 años de servicio y Joaquín Luis Ortega le escribe artículos torerísimos, a lo Curro Romero; Javierre, en su Sevilla del alma, con su cruz a cuestas pero sonriendo, como tú cuando la diálisis, y dando ejemplo. Bernardino y Paco Izquierdo, por ahí, haciendo sonreir y sembrando serenidad. Y Puche de la tele ya lo quitaron, como a Santi, en Edibesa hecho un editor de campanillas, como Jorge Sans Vila, al que le queda tiempo para organizarte homenajes. Y Cabodevilla ha escrito ya te habrá llegado el perfume otra de sus maravillas, esta vez titulada La sopa con tenedor... Sentimos tanta nostalgia de tu amistad y de tus cosas que se ha creado un premio con tu nombre, y tu hermana Angelines le entregó el primero a nuestro buen amigo Santiago Castelo, que sigue, claro, en tu ABC dando lección diaria de periodismo bueno. Me gustaría contarte muchas cosas más de esta España, José Luis, que dicen que va bien. Irá... Sí hay muchos más ricos, pero también muchos más pobres en cantidad y en cualidad, y yo veo muchas cosas muy raras, incluso económicamente, mucho mendigo y a mucha gente tragándose su inmensa dignidad y hurgando en las papeleras a ver si hay suerte. Y de nuestra Iglesia; pero de esto, ¿qué te voy a contar a ti? Si aquí ya te las sabías todas, ahí arriba con información privilegiada y de primera mano, mucho mejor que la de Tarancón aquí, ¿qué quieres que te diga? Echadnos una mano entre todos, hombre. Déjame que recuerde, para los que no los conozcan, de tu Testamento del Pájaro Solitario, cuya portada aparece en la foto pequeña, dos de tus poemas impresionantes: |
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Nunca podrás, dolor, acorralarme.
Podrás alzar mis ojos hacia el llanto, Podrás entre tus rejas encerrarme, Pero nunca podrás acobardarme. Puedo amar en el potro de tortura. Puedo reír cosido por tus lanzas. Puedo ver en la oscura noche oscura. Llego, dolor, adonde tú no alcanzas. Yo decido mi sangre y su espesura. Yo soy el dueño de mis esperanzas. En medio de la sombra y de la herida el sol, la luz, la paz, el bien, la vida. Sin Ti, el sol es luz descolorida. Sin Ti, la paz es un cruel castigo. Sin Ti, no hay bien ni corazón amigo. Sin Ti, la vida es muerte repetida. Contigo el sol es luz enamorada Contigo el bien es casa reposada Pues, si me faltas Tú, no tengo nada: Bueno, querido José Luis, que me ha encantado, de verdad, charlar este rato contigo. Oye, que ahí nos vemos... y que, por mucho que Dios quiera que tarde, ¡hasta pronto! Un abrazo grande, José Luis. Miguel Ángel Velasco |