RetrocesoA&ONº 262/31-V-2001SumarioDesde la feContinuar
Punto de Vista
Doña Amparo,
Romí lachí, mujer buena
Doña Amparo: la llamábamos así, sencillamente, sin más título ni apellido. Doña, por su señorío, por su sencillez, por la categoría personal con que pasaba obrando el bien a los gitanos y a quienes trabajábamos en su promoción, por hacer las cosas con tal discreción que no se enteraba ni su otra mano. Todo se impulsó cuando, a la Dirección Nacional de Apostolado Gitano, donde conocíamos los detalles que doña Amparo Illana de Suárez tenía con grupos de gitanos, nos llegó su deseo de mantener una reunión con quienes llevábamos la Dirección Nacional. Fue una sorpresa agradable conocer este propósito de la esposa del Presidente del Gobierno don Adolfo Suárez. Vino doña Amparo y mantuvimos con ella una larga reunión en la que terminó preguntando: ¿Qué es lo que, en concreto, tengo que hacer yo? Se apuntaba sus tareas y daba cuenta de su realización. Todo lo que era bueno para los gitanos contaba con su colaboración eficaz. Nunca nos dio un no, nunca presentó una disculpa, nunca dejó de hacer lo que tomó como compromiso. Siempre demostró su preocupación por la promoción y por el buen nombre de los gitanos.

Y doña Amparo también estuvo personalmente en la realidad gitana más difícil. Con ella hemos actuado en los suburbios de Madrid, en chabolas y en escuelas puente para niños gitanos, de las que había entonces unas 300 en toda España. Mientras trabajábamos por superar la realidad de las chabolas. Doña Amparo no se quedaba a la puerta. Sabía no esperar y entraba en las chabolas… La única condición que ponía doña Amparo era que no asistieran cámaras de televisión ni prensa. Deseaba que su trabajo quedara oculto, pasar sin hacer ruido. Solamente Dios y los gitanos se enteraban. Por contraste, otras veces, nuestras reuniones se celebraban en el Palacio de la Moncloa, cuyas puertas se abrían para los gitanos sin ningún obstáculo. También durante su enfermedad, y hasta sus últimas horas terrenas, vivió personalmente los problemas de los gitanos y colaboró generosamente a su solución, con el envío de valiosas aportaciones económicas a los necesitados y, sobre todo, con sus muestras de aprecio.

Lo del título de Mujer buena data de 1997. Un Consejo formado por gitanos y por distinguidas personalidades valencianas, a propuesta del Secretariado Gitano de Torrent, concedió a doña Amparo el título de Mujer buena, en caló Romí lachí, sin más adjetivaciones, en la forma sencilla y sincera en que los gitanos valoran las virtudes de una mujer.

No tenemos duda de que también el Señor, en su encuentro reciente, ha tenido la certeza de que doña Amparo era, en verdad, una mujer buena.

Alberto García Ruíz