RetrocesoA&ONº 262/31-V-2001SumarioDesde la feContinuar

Sevilla: XII Simposio Historia de la Iglesia en España y América
Si no se comunica la verdad,
no se comunica nada
No cabe la indiferencia; ni se puede prescindir de los medios de comunicación, ni acaba de disiparse esa incómoda neblina de la desconfianza sobre su utilización. La regla de oro, que es la de buscar siempre la verdad íntegra, salvaguardar la justicia y la caridad, no puede menos que conducir al escrupuloso respeto a los derechos y a la dignidad de las personas. El olvido de esta norma primera ha conducido a realizar, en tantas ocasiones, una comunicación-ficción, que lleva al descrédito y a poner en tela de juicio la credibilidad de los medios y a quienes los hacen. En el pasado, los medios informaban sobre acontecimientos; ahora, con frecuencia, los crean y les dan forma.
Con esta claridad y lucidez sintetizó el arzobispo de Sevilla, monseñor Carlos Amigo Vallejo, la realidad actual, en su intervención de apertura del XII Simposio Historia de la Iglesia en España y América, organizado en el Real Alcázar de Sevilla, por la Academia de Historia Eclesiástica. Esta edición, magníficamente programada y coordinada por los profesores Paulino Castañeda y Manuel José Cociña, estuvo dedicada al tema: Iglesia y Sociedad de la Comunicación.

Los ponentes fueron el profesor Javier Fernández del Moral (La comunicación del mensaje cristiano en una sociedad pluralista); el profesor Jaime Antúnez Aldunate (La cultura y los medios de comunicación: perspectiva cristiana), y el ex Presidente de Portugal, don Antonio Ramalho Eanes (La importancia de la comunicación verdadera en la sociedad civil). Monseñor del Río, obispo de Jerez, moderó una mesa redonda sobre Iglesia y medios de comunicación, ¿una amistad posible?, en la que intervinieron don José María Gil, don Guillermo Raigón, y don Miguel Ángel Velasco.

El Nuncio Apostólico en España, monseñor Monteiro, clausuró el Simposio, señalando que es más urgente que nunca recordar que, si lo que comunicamos no es la verdad, no comunicamos nada; hay que sacudirse cualquier complejo de inferioridad, defender la verdad y hablar de Dios sin miedos, a través de los medios de comunicación. Sería deseable que los creyentes fueran más comunicadores y los comunicadores fueran más creyentes.