RetrocesoA&ONº 262/31-V-2001SumarioDesde la feContinuar
Con ojos ...de mujer
Solidaridad y justicia
Hace unos días una noticia nos conmovió a todos: Un barco cargado de niños para ser vendidos como esclavos, navega por el Golfo de Guinea.

Esta noticia que ha salido a la luz ha destapado, nuevamente, que en el siglo XXI hay hombres que compran y venden a otros como si fueran animales para su explotación. Y que se hace continuamente, cada día. Y que lo sabe mucha gente y que no parece que nos importe, porque estamos muy lejos y ¿qué podemos hacer nosotros?

Pues sí podemos, y mucho. Podemos apoyar a las Órdenes religiosas y ONGs que denuncian y trabajan por erradicar todo este tipo de aberraciones. Podemos informarnos e informar a otros, sensibilizar, rezar…

Nadie hemos elegido nuestro lugar de nacimiento; ¿se imaginan si fuéramos nosotros y nuestros hijos? Podríamos haber sido cualquiera de ellos y querríamos que alguien nos ayudara. Seguro.

Se llama solidaridad sufrir con el que sufre, pero intentando aliviar su sufrimiento. Cuando el dolor se produce por el atropello de unos hombres a otros, también se llama hacer justicia.

Tengo la suerte de trabajar en Manos Unidas, una organización católica que desde hace muchos años lucha sin descanso en dos frentes: en la erradicación del hambre en países del tercer mundo en todas sus manifestaciones, hambre de pan, de cultura y de Dios, y en la denuncia de las causas que lo producen. Doy gracias a Dios por haberme dado la oportunidad de ayudar a que otros hombres puedan tener cada día un poco más de esperanza en el futuro sin tener que vender a sus hijos para no morir de hambre.

Ana Álvarez de Lara