RetrocesoA&ONº 262/31-V-2001SumarioRaícesContinuar
La Real Academia de Historia muestra parte de sus fondos
Tesoros de nuestra historia
El Palacio Real acoge, desde el pasado 18 de abril hasta mediados de julio,
una exposición que, bajo el título Tesoros de la Real Academia de la Historia,
recoge 310 piezas de los valiosos fondos del Gabinete de Antigüedades de dicha institución,
desde manuscritos y piezas prehistóricas a cuadros y mapas de la era contemporánea.
Esta exposición, según el Director de la Academia, don Gonzalo Anes y Álvarez de Castrillón,
podría ser considerada como un ensayo general de una futura exposición permanente
Inma Álvarez

Como la mayor parte de las Academias europeas, la Real Academia de la Historia surgió al albor de la Ilustración e imbuída de espíritu enciclopédico: un grupo de eruditos del entorno de la Casa Real, encabezados por don Julián de Hermosilla, obtuvieron protección real en 1738 para que sus habituales tertulias sobre temas históricos tuviesen garantía de continuidad y pudiesen dedicarse a empresas de investigación de mayor profundidad. Desde entonces, y durante los más de 250 años de vida de esta institución, uno de cuyos objetivos era la recopilación y estudio de antigüedades, la Academia ha llegado a reunir un estimable fondo de objetos de interés histórico de gran valor, que ahora se exponen públicamente.

Entre los tesoros que alberga el Gabinete de Antigüedades cabe destacar, por su gran valor, una colección de tablillas cuneiformes procedentes de la ciudad sumeria de Adab, datadas alrededor de 2250 a. C.; unos bajorrelieves de finales del siglo VII a. C. del Palacio de Senaquerib (Nínive), donados a la Academia en 1851 por el diplomático don Antonio López de Córdoba; y un precioso disco de plata y oro encontrado en un campo de Almendralejo (Badajoz) el siglo pasado, probablemente de la época del emperador Teodosio II (vacila la datación entre los siglos IV y V de nuestra era).

Uno de los apartados más interesantes de la muestra lo constituyen las antigüedades medievales, entre las que se recogen muchas piezas de la España musulmana. Cabe destacar un velo de lino bordado en oro con una inscripción relativa al califa Hixem II, una arqueta de marfil de origen andalusí, que perteneció al rey Martín I el Humano, y un mueble-relicario procedente del Monasterio de Piedra (Zaragoza), ricamente decorado con oro y pinturas que representan escenas de la vida de Cristo. Otra de las curiosidades es una baraja de naipes, hallada durante la demolición de la Torre de los Lujanes (Madrid, 1866), y con la que, según la tradición (poco fiable), el rey Francisco I de Francia, prisionero de Carlos I tras la batalla de Pavía, habría amenizado sus tardes de aburrido encierro en la capital española.

Entre los objetos relativos a la propia historia de la Academia, cabe destacar un estudio presentado en 1861 por el académico Eduardo Saavedra, sobre la vía romana que unía Augustóbriga y Uxama, en el que se incluye un maletín con los más variados objetos que los usuarios de la vía fueron perdiendo a lo largo de los siglos: desde una cuchara romana a hebillas medievales, fíbulas celtibéricas y un par de llavines de algún despistado viajante de la época moderna. Se expone también una importante colección de monedas y sellos, incunables y manuscritos, pinturas y mapas, y, en fin, una sorprendente colección de falsificaciones de objetos antiguos, realizadas durante el siglo pasado, en plena fiebre arqueológica.

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