RetrocesoA&ONº 279/1-XI-2001SumarioAqui y ahoraContinuar
La Congregación vaticana para el Clero organizó
la primera videoconferencia mundial sobre Jesucristo
Ordenadores encendidos;
se habla de Jesús
El 29 de septiembre de 2001 pasará a la Historia como un día decisivo
para el anuncio del Evangelio con los medios de comunicación:
teólogos de los cinco continentes ante miles de personas,
conectadas por videoconferencia, hablaron sobre Cristo
Ha sido la videoconferencia mundial más grande realizada hasta estos momentos en el mundo, y constituye el inicio de una serie de cursos para sacerdotes ofrecidos por la Congregación para el Clero, organismo vaticano presidido por el cardenal Darío Castrillón Hoyos, quien señaló que, "con esta videoconferencia, la Congregación para el Clero, acogiendo la voluntad del Papa, ofrece a través de Internet un instrumento para profundizar el amor y el conocimiento de Jesucristo, Rey de la paz, su mensaje y su Iglesia".

Entre las 12.30 y las 13.30 horas del pasado 29 de septiembre intervinieron 13 teólogos, que fueron vistos y escuchados por miles de personas, reunidos en centros de estudio de Roma, Madrid, Nueva York, Bogotá, Abidján, Johannesburgo, Taipei, Manila, Samoa y Sydney. El debate, además, pudo seguirse en directo en la página web de la Congregación para el Clero, donde se puede seguir viendo y escuchando toda la videoconferencia:

http://www.clerus.org

Desde Roma, hablaron los obispos Angelo Scola y Rino Fisichella, así como los padres Bruno Forte y Jean Galot (jesuita). En representación de África, y desde allí, intervinieron monseñor Joseph Aké, de Abidján, y el oblato de María Inmaculada Stuart Bate, de Johannesburgo. Desde América participaron el jesuita Silvio Cajiao, de Bogotá, y Michael Hull, desde Nueva York. Los asiáticos fueron Luis Antonio G. Tagle, de Manila, y Aloysius Chang, de Taipei. El representante de Europa fue el profesor madrileño Alfonso Carrasco, conectado desde la capital española. Dos teólogos aparecieron en las pantallas desde la lejana Oceanía: el capuchino Gary Devery, de Sydney, y Alapati L. Mataeliga, de las Islas Samoa.

En su intervención, Bruno Forte apuntó hacia "una cristología más teológica; una cristología más histórica; una cristología más capaz de conjugar estas dos dimensiones en la confesión de la singularidad de Jesucristo, que funda al mismo tiempo la urgencia de la proclamación del Evangelio y la necesidad del diálogo con el otro, quienquiera que sea y de dondequiera que venga. Es ésta la triple insistencia que parece emerger de los desarrollos de la reflexión cristológica postconciliar: una insistencia que se hace eco de la permanente exigencia de la fe en Cristo de confesar en Él la unión de lo humano y lo divino, sin confusión ni mezcla, sin división ni separación (cf. Concilio de Calcedonia de 451). Se trata de desarrollar una reflexión de fe que una la fidelidad a la tierra y la fidelidad al cielo, la fidelidad al mundo presente y fidelidad al mundo que ha de venir, como ha acontecido una vez para siempre en Aquel que es la Alianza en persona. A Él se dirige, por lo tanto, la invocación del teólogo -unida a la de toda la Iglesia- para que el logos de la fe pensante se una al himno de la fe adorante, que escucha, celebra, proclama y vive el Misterio, revelado en Él, el Verbo venido entre nosotros, en cuyo seguimiento hemos puesto en juego toda nuestra vida".

El profesor Alfonso Carrasco, de la Facultad de Teología San Dámaso, agradeció al relator que hubiese introducido tan bien el reto fundamental de la cristología en la actualidad: "superar la sospecha, cuando no la ruptura, entre la confesión del Hijo de Dios, de su encarnación, y la humanidad de Jesús de Nazaret; pues, sin ello, el conocimiento de Jesucristo se queda en los inicios, en la afirmación de un dogma que permanece abstracto: se confiesa que el Hijo de Dios se hizo hombre, pero no se explica lo que eso significa realmente". El profesor Carrasco señaló cómo "hoy día puede decirse que el trabajo histórico de generaciones de teólogos ha dado magníficos frutos, mostrando la credibilidad de los datos fundamentales de la predicación apostólica, así como la legitimidad hermenéutica del kerygma cristiano. Cierta de esta base crítica, la teología reflexiona de nuevo sobre lo acontecido en la plenitud de los tiempos, que el Concilio nos describía con acentos adecuados a nuestra época: Cristo, Adán novísimo, en la misma revelación del misterio del Padre y de Su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación (Constitución Gaudium et spes, 22). Este misterio de Cristo fue comprendido por los Apóstoles gracias a la historia vivida con Él, y decisivamente gracias al paso de la Cruz, Resurrección y Don del Espíritu. No es posible acceder al conocimiento de Cristo sin entrar en la comunidad de sus discípulos, y sin situar en el centro los acontecimientos de la Pascua, como lugar donde culmina la revelación de Dios. En Jesucristo, la humanidad se convierte así en fuente de salvación, de vida y de gloria para todos los hombres. Con la entrega de su Cuerpo y de su Sangre, con el don de su Espíritu, llama a los hombres a su seguimiento, a una verdadera comunión de las personas, signo e instrumento del destino del universo".

Monseñor Rino Fisichella afirmó en su intervención cómo "la cristología constituye el corazón de toda teología, porque señala el punto inicial de toda reflexión de la fe sobre sí misma, y representa su punto final como experiencia de la contemplación y la adoración e la figura divina. Pero en el centro de toda cristología está la afirmación: Jesús es el Cristo, que expresa al mismo tiempo el inicio de la fe de la comunidad primitiva y su contenido. La teología fundamental debe hacer de la cristología su centro de atracción y el punto de referencia ineliminable, si quiere ser plenamente una teología capaz de comunicar al hombre contemporáneo el misterio de la salvación cristiana y su credibilidad. Es importante entonces advertir la relación existente entre teología fundamental y teología dogmática con respecto a la cristología, y ver la especificidad de análisis que le corresponde a la fundamental".

Alfa y Omega