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En las coordenadas del tiempo y del espacio, el hombre tiene una meta trascendente que hay que alcanzar a través de un recorrido que se desarrolla en la tierra y en la Historia. Esta misión doble se está olvidando, y el hombre se está convirtiendo en un tirano prepotente para los demás posibles competidores, creando una sociedad fracturada y lacerada por problemas como la no resolución positiva de la inmigración, imparable en esta aldea global". Son palabras del obispo de Salamanca y Presidente de la Comisión episcopal de Apostolado seglar, monseñor Braulio Rodríguez Plaza, en la sesión inaugural de las XIII Jornadas sobre Teología de la Caridad, que durante el fin de semana pasado cuestionaron las responsabilidades y problemas reales de las personas implicadas en la inmigración en España. En la inauguración participaron también el obispo de Barbastro-Monzón y Presidente de la Comisión episcopal de Pastoral social, monseñor Juan José Omella, y el Presidente de Cáritas Española, don José Sánchez Faba.Para abordar de manera integral la reflexión sobre este fenómeno, los 250 participantes a las Jornadas contaron con las aportaciones de tres expertos en temas de inmigración: don Bartolomé Burgos, director del Centro de Información y Documentación Africanas (CIDAF), el jesuita español monseñor Enrique Figaredo, obispo de la diócesis camboyana de Batambang y profundo conocedor de la realidad de los refugiados del sureste asiático, y el obispo auxiliar de San Salvador (El Salvador), monseñor Gregorio Rosa Chávez. |
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En la primera ponencia, Los inmigrantes en el origen, don Bartolomé Burgos apuntó las causas de este fenómeno en el que confluyen norte y sur: "Ante la acumulación de riqueza, el envejecimiento de la población, una situación general de paz y de seguridad, el respeto fundamental de los derechos humanos y la existencia de abundantes puestos de trabajo no atractivos para la población local", que se dan en el norte, en el sur coinciden factores como "el empobrecimiento creciente, la explosión demográfica, la inseguridad, los conflictos armados y los abusos masivos de los derechos humanos". A ello se añaden algunos elementos negativos más, como el proteccionismo del que gozan las mercancías de los países desarrollados y la crisis de la deuda. El ponente se refirió también al magisterio de la Iglesia sobre migración -una cuestión en la que coincidiría con monseñor Figaredo-, en el que, recordó, se afirma que "los bienes creados son para todos y todo ser humano tiene el derecho de usar de los bienes indispensables para tener una vida digna", y que "el derecho a emigrar lleva consigo el derecho al trabajo sin ser discriminado, el derecho a convivir con la propia familia, a conservar y desarrollar el propio patrimonio étnico, cultural y lingüístico, a profesar públicamente su religión y a organizarse en colectividades y grupos".
Refiriéndose al tema de las políticas de inmigración vigentes en la Unión Europea, el director del CIDAF afirmó que el denominador común de todas ellas es la integración de los emigrantes ya instalados, y el rechazo de nuevas inmigraciones. Para el señor Burgos, "las soluciones que se imponen son de orden político y económico: cambios de las políticas del FMI y del Banco Mundial, la condonación de la deuda, correcciones políticas a la globalización y al libre mercantilismo a ultranza; y elaborar un nuevo concepto de ingerencia humanitaria, controlada por la ONU y llevada a cabo a través de instituciones locales para proteger a las poblaciones en peligro, intervenir contra las dictaduras destructivas, el comercio ilegal de armamento y en casos de emergencia por catástrofes naturales". El obispo de Batambang, monseñor Figaredo, coincidió en el diagnóstico de las causas socioeconómicas de la migración, que completó, desde su personal experiencia en Camboya, con las razones políticas del asilo y del refugio. Abordó el tema de la acogida desde el punto de vista evangélico y bíblico. La propia figura de Jesús de Nazaret está marcada por la impronta vital de la inmigración, que define su trayectoria desde la cuna hasta su muerte, pasando por su infancia en el exilio de Egipto. |
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IMAGINACIÓN DE LA CARIDAD
El domingo 28, monseñor Gregorio Rosa Chávez, Presidente de Cáritas Centroamericana y del Caribe y obispo auxiliar de San Salvador -en su día estrecho colaborador de monseñor Oscar Romero-, expuso su reflexión sobre el tema Los inmigrantes y la integración. Animó, apelando a la interpelación de Juan Pablo II en la Carta apostólica Novo millennio Ineunte, a activar "una nueva imaginación de la caridad, que promueva, no tanto y no sólo la eficacia de las ayudas prestadas, sino la capacidad de hacerse cercanos y solidarios con quien sufre, para que el gesto de ayuda sea sentido no como limosna humillante, sino como un compartir fraterno". Es esta nueva imaginación de la caridad el instrumento que nos puede permitir dar una respuesta plenamente humana al fenómeno de la inmigración, que "trae como consecuencia la convivencia inevitable de hombres y mujeres de distintas culturas y religiones, que, fácilmente, hace surgir barreras como la desconfianza, los prejuicios, el miedo". "¿Cómo derribar esas barreras?", se preguntaba monseñor Rosa Chávez; y responde: "Mediante el diálogo y la tolerancia. Decir esto en los tiempos que corren es casi una blasfemia. Por eso es un desafío a la imaginación de la caridad". El obispo auxiliar de San Salvador se refirió al desafío pastoral que entraña la acogida a los inmigrantes cuando éstos no son cristianos. "Aquí se planea un gran desafío a los países de antigua cristiandad afirmó-; la respuesta tiene que ser de acogida, diálogo, ayuda y fraternidad: se trata ni más ni menos que del diálogo interreligioso, lo cual implica el testimonio de la fe cristiana, la aceptación mutua de las diferencias y el respeto profundo a la fe del otro". Se trata de una exigencia, la de la libertad religiosa, que, como recordó, "es fundamental en la doctrina del Vaticano II, y en el reciente Sínodo casi se le puso al nivel del respeto a la vida". Sobre el ámbito estatal español, los participantes en las Jornadas han criticado algunos aspectos de la Ley de Inmigración, que contempla al inmigrante como fuente de mano de obra barata y aborda el problema de la inmigración desde una óptica excesivamente restrictiva. Carmen María Imbert |