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ÉSTA ES UNA BUENA NOTICIA
A las diez jóvenes misioneras oblatas de María mi felicitación y estima, por esta opción personal, dejando en un segundo plano su fama como profesionales universitarias. ¡Habéis elegido lo mejor! Evangelizar a los pobres. Desde luego, trabajo no os faltará, sabiendo de sobra la situación de marginación y pobreza que nuestra sociedad actual nos ofrece. ¡No tengáis miedo, queridas hermanas, porque habéis escogido bien! ¡Vuestra sonrisas lo dicen todo! Dicen que la cara es el espejo del alma; y yo digo que sí es verdad. Este paso vuestro será luz que abrirá horizontes para dar más valor y sentido a nuestra esperanza cristiana, hoy. Como veis, mi alegría es radiante, por ese paso a la vida religiosa; pues no me cansaré de darlo a conocer. El día 4 de octubre di la noticia en una conferencia de teología en Sabadell. El tema era Razones y sentido de ser cristiano; el profesor, don Antonio González, español, profesor de Teología de la Universidad de Centroamérica de El Salvador. En ruegos y preguntas di la buena noticia de las jóvenes religiosas. ¡La noticia le impresionó tanto...! No conocía la revista Alfa y Omega. Gracias a vosotras, y a Alfa y Omega, por expresar mis pensamientos e ideas de amor. Juana Moreno Molina |
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SEAMOS SENSATOS
Nuestro pasado, tan cercano y vital y culturalmente al Islam en nuestro propio suelo, y el presente, con una imparable y necesaria inmigración de muchos musulmanes, empieza a ser cuestionado en estos días, y se convierte en fuente de miedos infundados, juicios disparatados y actividades hostiles. Después de lo ocurrido el 11 de septiembre en Nueva York y Washington, hemos empezado a creer tontamente que nuestro pasado musulmán no fue tan real y glorioso, y que la actual presencia, cada vez mayor, de ellos entre nosotros es un peligroso caballo de Troya, cuando la verdad es que no fue así, no son un peligro, y los necesitamos. No tanto los sucesos en sí, cuanto el modo como los medios nos los han presentado, está contribuyendo a crear una visión popular del Islam y sus seguidores como bárbaros, crueles, histéricos e ignorantes. Esto es falsear totalmente la realidad. ¿Qué significan 50 afganos enfurecidos frente a 50 millones, o mil millones, de musulmanes moderados? Un pequeño grupo que actúa enloquecidamente ante las cámaras, o quema una bandera o una réplica de un líder de Occidente, a las pocas horas es presentado en las pequeñas pantallas de millones de hogares de todo el mundo como fiel representación de lo que son todos los musulmanes. Nada más falso. Esta necesidad de los reporteros de ofrecer cosas esperpénticas para ganar audiencia televisiva, por desgracia, está apagando la voz suave y equilibrada de la mayor parte de los líderes musulmanes, que hablan como fidedignos representantes de la inmensa mayoría. El público (nosotros) poco sabe/sabemos de las líneas de la política interna del Islam, no apreciamos el considerable peso de la opinión moderada de la mayoría, y nos contentamos con creer lo último que vemos en la pequeña pantalla. Esto sí que es peligroso. Por Dios, ¡seamos sensatos! Antonio Maldonado Correa |
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ÚLTIMOS SACRAMENTOS
Deseo hacerme eco de la carta publicada el pasado 6 de septiembre que, sobre este tema, escribía don Luis Trinchán, de Alicante. Efectivamente, hay familias que, en caso de peligro de muerte de uno de sus integrantes, se ven en dificultad para obtener los servicios del sacerdote, incluso aquí en Madrid, donde puede parecer que tenemos todo más fácil. Por eso desearía aportar la idea de que el propuesto teléfono de guardia, para recibir llamadas de auxilio espiritual, podría estar situado en un lugar determinado de cada Vicaría, con lo que las distintas parroquias adscritas a cada una de ellas tendrían cubierto ese fin. El número de teléfono sería, por tanto, único para todas las parroquias de esa Vicaría, y el puesto podría estar cubierto, por turno rotatorio, entre los sacerdotes de cada una de las parroquias, ya fuera por días, semanas, o como se estableciera. Naturalmente, ese número de teléfono se difundiría convenientemente entre los fieles, además de figurar bien a la vista en cada uno de los tableros de avisos parroquiales. Se trata, en definitiva, de dar facilidades a las familias que viven la angustia de ver un familiar en sus últimos momentos, sin saber bien cómo deben actuar. Manuel Imbert |