RetrocesoA&ONº 279/1-XI-2001SumarioCriteriosContinuar
Una sola Iglesia
Jamás ha habido cristianismo sin Iglesia. Jamás ha habido Iglesia universal sin Iglesias particulares. Donde quiera que se celebre la Eucaristía, está la Iglesia católica entera. El obispo de la más pequeña aldea es, a este respecto, como decía san Jerónimo, igual al obispo de Roma. Pero, al mismo tiempo, jamás ha habido Iglesias particulares autónomas, que se hayan federado en una Iglesia universal; al igual que los doce discípulos, escogidos por Jesús, no se han federado entre sí. En la multiplicidad de sus realizaciones, la Iglesia es fundamental de sus miembros, el Colegio episcopal es fundamentalmente uno.

El Colegio episcopal sucede, en todo lo que tenía de transmisible, al Colegio de los Doce. Los que ejercen la función episcopal son conscientes del origen apostólico de la misma.

Exactamente igual que el de los Doce, el Colegio de los obispos no existe de forma intermitente. Es una realidad permanente, como también indivisible. En este doble sentido, es universal. Por tanto, nada tiene que ver con un gobierno de asamblea, y mucho menos con un sistema de reuniones particulares, nacionales o regionales; aunque la historia de la Iglesia está llena de tales asambleas, frecuentemente muy útiles. Su cohesión se manifiesta de diversas formas, concretamente, por los lazos que establecen entre sí, en nombre de sus Iglesias, obispos o grupos de obispos; lazos que en tiempos fueron estrechos, y cuya costumbre debemos lamentar se haya perdido hoy casi por completo. Pero su labor más esencial se ejerce día a día, por el simple hecho de que cada obispo enseña en su propia Iglesia la misma fe y conserva la misma disciplina fundamental que los otros obispos en las suyas .

Henry de Lubac, S. J.
de la Conferencia
en el Centro de estudios
"San Luis de Francia"
Roma, 28-X-1971